“La piedra, el roble y la nieve son los elementos de mi imaginario”

El escritor Rafael Saravia presenta 'El abrazo contrario', su nuevo libro de poemas, en la Fundación Caballero Bonald, dentro del programa Letras Capitales, acompañado por la escritora Dolors Alberola

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Rafael Saravia es un poeta, editor, columnista y fotógrafo que vive en León, un escritor que sabe recitar bajo la lluvia y atrapar a los amantes de la palabra y de la naturaleza, la materia, el roble, la piedra… Es el fundador del Club Cultural Leteo y Ediciones Leteo. Ha publicado varios poemarios y ha realizado exposiciones de fotografía, tanto individuales como colectivas. Escribe en Diario de León, en la sección de cultura. El abrazo contrario (Bartleby Editores), con prólogo de Antonio Gamoneda, es su último libro de poesía. La portada es de Carol Gómez Pelegrín. Para presentarlo en Jerez, la noche del pasado jueves contó con la escritora Dolors Alberola. Dolors comenzó recordándonos en qué consiste la esencia de la poesía: “La palabra es la dueña del misterio y solamente lo abre cuando quiere. Hay manos en las que bebe del delirio del hombre por llegar a lo hondo y se deja rozar, pero nadie posee ni siquiera el don de domeñar un solo artículo. Estamos poseídos por la voz, por el mismísimo verbo, por aquello que fue en el principio, por la última sílaba que volverá a fundirnos en su intangible vocabulario.” Rafael Saravia escribe para buscar la belleza y la verdad, ya que nada exime al poeta de perseguirlas con todo su ser: “Una caja de música, pues, de imágenes más grandes que la más grande imagen del recuerdo, un fragmento del Soy de Rafael Saravia, que vuelve a esta, su dimensión presente, para contarle, para contarnos, qué existe después de lo que vemos, qué idioma se habla en la belleza, qué verdades asisten al que busca la ley, qué sinrazón más grande y razonable.” En los versos de Saravia encontramos los ecos de sus maestros: “Y qué tendría aquí que cantar Gamoneda, sino otros instantes de la luz, otros resquicios del puñal, otros aullidos urgentes contra todo asesino de la única verdad que hace al hombre digno de ser el soy que, aún ahora, yace sepultado en casi todos, tristes, desvalidos sin el nivel de luz que debía asistirnos, sin ese resplandor que espera que le abramos las manos para siempre.” Dolors admira que Rafael “haya tomado en sí el camino certero de la tierra, la vía directísima de un planeta que desea salvarse y haya comenzado así a deletrear la gran sabiduría o el secreto.” Rafael Saravia nació en Málaga, pero se fue a León muy pronto, cuando era niño. Esta es su primera vista a Jerez, aunque de Cádiz conoce muy bien la playa de Bolonia. Piedra, roble y nieve son los elementos que conforman el imaginario de este poeta del norte. Los poemas que presentó en la Fundación Caballero Bonald recogen “las pulsiones poéticas de los últimos cinco años”. Para el autor, este libro es especialmente importante porque le “abre una nueva vía” y le expulsa de ese estado de tranquilidad creativa en que se hallaba. La necesidad de búsqueda de nuevos caminos poéticos le ha generado tanto euforia como miedo. El libro consta de tres partes, nos explicó. La primera es “más política y contestataria, más reivindicativa”. Aunque Rafael reconoce que no cree en las clasificaciones convencionales de la poesía: “La poesía o es verdad o no es”. No cree en la poesía social o política, la poesía de la experiencia o de la diferencia…. Las causas nobles y justas no producen necesariamente poemas buenos y bellos, como algunos suponen. La segunda parte trata del amor en todas sus dimensiones, “uno de los grandes pilares de la vida”.  Y la tercera habla de la búsqueda del yo, de “traspasar el espejo”. El poeta ha sentido la necesidad de hermanarse con el medio en el que vive. En esos poemas indaga la relación del yo con los elementos más básicos que conforman nuestro entorno. Quiere sentir la madera y la piedra para “conseguir despertar algo parecido al respeto”. Son poemas que nacen de sus vivencias, de su relación con esa naturaleza del norte y sus “materias esenciales”. Nos leyó varios poemas y hubo un diálogo con el público. Se habló de la necesidad de eliminar las fronteras, en lo político y en lo estético, porque las clasificaciones y los géneros son imposiciones innecesarias: “El lenguaje poético no tiene límites”. Es el espacio lingüístico donde todo es posible, por eso asusta o no se entiende. Para Rafael, la poesía persigue la belleza, porque es únicamente “pensamiento y música”. Y la música no es algo exclusivo de los humanos. En la naturaleza, en el bosque, hay música. Hemos inventado la literatura o la ciencia, pero la música no, ya estaba ahí. Es un lenguaje que trasciende, universal: “El encuentro entre el lenguaje y la música es la poesía”. Gamoneda, Valente, Claudio Rodríguez o Vallejo son sus modelos, escritores que no se desentienden del mundo ni de la belleza formal. Rafael Saravia escribe desde niño: la palabra fue su refugio, su fuente de poder en un mundo hostil.

XXI

Tiene aquí la madera un defecto de transparencia. Tiene la montaña un antojo de insomnio al vaivén de las hojas secas. Son robles; descendientes de un suspiro de mar deforme. Ancianos cuenta-lustros que abrigan el recuerdo y sus heladas. Son las sombras que el peregrino abandona en sudada angustia.

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