La Mano Negra en contexto

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El momento socioeconómico por el que pasa Jerez y su entorno en la década de los 80 del siglo XIX es vital para comprender este fenómeno

El 18 de junio de 1883 dio comienzo un juicio en la Audiencia de Jerez contra siete hombres por pertenecer a la organización criminal de la Mano Negra que supuestamente perpetró el asesinato de Bartolomé Gago de Campos la noche del 5 de diciembre de 1882. La víctima recibió dos tiros de escopeta, siendo los principales acusados Francisco y Pedro Gorbacho, un par de pequeños propietarios que tenían la tierra arrendada a la víctima. El resto de los miembros eran jornaleros. A este respecto, se barajó que el móvil fuera una deuda de doscientas cincuenta pesetas o que, sin embargo, la víctima, Bartolomé Gago, el Blanco de Benaocaz, fuera un confidente de la Guardia Civil o de Tomás Pérez Monforte, jefe de la Guardia Rural Jerezana. Los otros acusados: los hermanos Manuel y Bartolomé Gago de los Santos -primos carnales de la víctima- Cristóbal Fernández, José León Ortega, Gregorio Sánchez Novoa y Juan Ruiz. Los "siete de la Mano Negra" acabarían siendo condenados a muerte y la ejecución se llevaría a cabo el 14 de junio de 1884, a garrote vil, método habitual en la época. El cadalso, situado en la Plaza del Mercado y la aplicación de la sentencia causó gran expectación entre las gentes de la ciudad y atrajo a periodistas de toda España y Europa, entre los que se incluye, por ejemplo, Leopoldo Alas Clarín. Aunque una de la más conocida de las causas fue el presunto asesinato político del susodicho Bartolomé Gago hubo un total de doce causas en las que la enigmática Mano Negra se vio implicada.

En la década comprendida entre 1876 y 1886 España recibió una oleada de dinamismo económico. Una serie de medidas entre las que se incluye el desarrollo de la infraestructura ferroviaria, la aportación de capitales extranjeros y la formación de sociedades mineras. Para el Marco de Jerez, supone además un incremento considerable de la venta y exportación de vino. Por su parte, el proceso de la desamortización sigue su curso hasta ser rematado en 1890. La expropiación del patrimonio colectivo se acentuó a través de una ley del 8 de mayo de 1887 y esto no hizo más que concentrar la titularidad de la propiedad. El Código civil de 1887 será, además muy desfavorable para los arrendatarios y aparceros de dichas tierras que serán, en suma, los que hagan una actividad productiva de esta. Todo ello propició el aumento de la abstención de los grandes propietarios. Ello, sin embargo, se enmarca en el retroceso del cultivo del trigo y el avance de la vid, el olivo y el naranjo, que van a suponer el desarrollo de la agricultura y de su rentabilidad. Así mismo, el uso de nuevos tipos de arados y abonos nitrogenados supondrá un avance en la productividad de la tierra trabajada. La vid fue la gran beneficiada del periodo, especialmente por la filoxera que afectó profundamente a los viñedos de nuestra vecina Francia. De 1882 a 1892, España llegó a monopolizar el comercio mundial del vino. Las cifras de la exportación llegaron a multiplicarse por siete. Fue esta la gran época para grandes familias como los Osborne, los Domecq o los Larios. Si bien, como comentamos, hubo un desarrollo técnico en la agricultura, esta se inmovilizó rápidamente ya que el cultivo extensivo no estimulaba a las grandes inversiones ni el deseo de aumentar la productividad por hectárea; el bajo precio de la mano de obra hace que el terrateniente no esté interesado por los avances técnicos. La España minifundista tampoco se lo plantea.

Las tres corrientes del movimiento obrero durante este período de expansión económica serán la anarquista, la socialista y la societaria. De estas la más popular en Andalucía será la primera destacando entre sus miembros los jornaleros y los albañiles. Desde principios de la década de los 80 se entra en un período de intensa actividad sindical. La conflictividad del campo sigue manifestándose a escala y a procedimientos tradicionales: quemas de mieses, cortijos o, por ejemplo, el apoderamiento y quema de algunas cosechas del duque de Alba. En principio, la acción violenta es de carácter espontáneo, comenzando, sin embargo, en este periodo una ola de huelgas que no más que guardar relación con la situación económica general tiene que ver con el anhelo de alcanzar mayores libertades sociales y mejoras en las condiciones de vida. La conciencia de la acción sindical se extiende pero su radio de actuación no saldrá del ámbito de trabajo, es decir, no vemos aún un planteamiento de la acción sindical global y elevada que trascienda a un terreno más escabroso. El punto de inflexión lo encontraremos, por su parte, en los esfuerzos de la organización obrera, la difusión en la prensa y la exagerada repercusión de sucesos como los que teóricamente se vinculan a la Mano Negra, hechos que provocan que sectores más amplios de la sociedad empiecen a tomar conciencia de lo que supuestamente está sucediendo a causa de organizaciones anarquistas como esta.

En 1883 Jerez tiene una población 60.000 habitantes. La ciudad y su término municipal, que podía presumir de ser una de las más modernas y ricas de España, tenía en su haber una propiedad de la tierra más concentrada que la mayor parte de Andalucía. Las principales tierras de cultivo de trigo estaban al Norte y al Este de Jerez,  el 46 % de ellas dedicadas al cereal. Los viñedos, base de la economía local, se repartían por toda la comarca jerezana y tierras limítrofes a esta. A este respecto, frente a la relativamente buena posición de un jornalero o trabajador de la vid, la condición de los braceros del trigo era muy precaria y apenas podían subsistir. Sus lamentables condiciones de vida coinciden con que sean precisamente estos los que encabecen las sublevaciones campesinas. Por otro lado, en un contexto más político, el republicanismo constituye el único movimiento con un programa de soluciones para la tierra basado en una solución jurídica. Una reforma que viene a paliar la triste realidad del campo: la agricultura cerealística era la más arcaica de toda Europa y, concretamente, la andaluza la más atrasada en comparación con el resto de España.

A causa de la prensa, en 1883, se propagó por España la noticia de que nueva amenaza recorría Andalucía: la Mano Negra. Prácticamente todos los periódicos del país se lanzaron a especular sobre los objetivos de esta y sobre el alcance de una sociedad secreta rural que amenazaba la vida y las haciendas de los grandes propietarios. Los supuestos estatutos de la dicha sociedad fueron descubiertos a finales de 1882 por Monforte y el capitán Oliver, al parecer escondido en el domicilio de un relojero internacionalista, enviado a la cárcel un mes antes. Esto ayudó a explicar lo que sucedía, la Mano Negra estaba detrás de todo lo que ocurría en el campo andaluz, desde, al menos, 1881. Los incendios, los robos de ganado, la tala de árboles, los robos... tenían autoría y móvil.Desde ese momento cualquiera de los delitos comunes en la zona se convirtió aparentemente en un crimen político promovido por dicha organización. Esto es sumamente interesante si tenemos en cuenta que en 1881, con Sagasta en el gobierno, se permitió la libertad de asociación en el país. Los crímenes de la Mano Negra parecen suponer un argumento de peso para el control y el fomento del miedo hacia la sociedad española. El internacionalismo, aunque no muy extendido en España, era sin duda objeto de preocupación por parte de las autoridades y la pertenencia a este movimiento era, junto a la Mano Negra, un motivo de peso a la hora de considerar la culpabilidad o los agravantes en una pena. Como es lógico, muchos de los militantes obreros y campesinos no se creyeron la existencia de esta sociedad. Algunos aseguraron que era una fabulación esgrimida por la oligarquía para destruir a las verdaderas organizaciones, que solo luchaban en la arena política. Por su parte, la historiografía actual suele negar su existencia basándose, además, en la aparente pérdida de toda evidencia documental durante el proceso por el asesinato del Blanco de Benaocaz, la principal causa en la que la organización estuvo implicada. Los dichos estatutos de la organización, por ejemplo, no aparecieron hasta 1972, gracias al estudio de Iris María Zavala y Clara E. Linda. Por lo que puede comprenderse el escepticismo a la hora de considerar real a dicha organización.

A ello hay que sumarle la actitud de las federaciones anarquistas andaluzas, con fuerte calado en la región. La situación de tensión desembocó en una medida que sorprendió a muchos en 1883; la propia Guardia Civil, ante la negativa de trabajar dada por los jornaleros, segó los campos del municipio. Esto, unido a la posterior represión con el pretexto de acabar con la Mano Negra, produjeron el desinflamiento de las organizaciones campesinas y de la FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) hasta llegar a disolverse en 1888. En enero de 1892, casi diez años después de estos sucesos, entre quinientos y seiscientos campesinos asaltaron Jerez de la Frontera para liberar presos y fundar una comuna, sin éxito.

Tal vez esta cita de Joaquín Costa, uno de los mayores exponentes del movimiento regeneracionista a caballo entre finales del XIX y principios del XX, pueda esclarecer algunas de nuestras dudas al respecto:

“No es la forma de gobierno en España la misma que impera en Europa (...), nuestro atraso en este respecto no es menos que en ciencia y cultura, que en industria, que en agricultura, que en milicia, que en Administración Pública. No es (...) nuestra forma de gobierno un régimen parlamentario, viciado por corruptelas y abusos, según es uso entender, sino al contrario, un régimen oligárquico, servido, que no moderado, por instituciones aparentemente parlamentarias. O dicho de otro modo: no es el régimen parlamentario la regla, y excepción de ella los vicios y las corruptelas denunciadas en la prensa y en el Parlamento mismo durante sesenta años; al revés, eso que llamamos desviaciones y corruptelas constituyen el régimen, son la misma regla”.

Las instituciones parlamentarias del país, según Costa, no estaban al servicio de los intereses de este sino a los de una minoría oligárquica y caciquil y ello, al margen de todo lo expuesto, puede ayudarnos a entender cómo y por qué se llevó a cabo la represión planteada anteriormente. La importancia de la Mano Negra radica, para nosotros, ya no tanto en si existió o no, sino en cómo se utilizó como pretexto para llevar a cabo una dura represión e infundir miedo en torno al movimiento obrero andaluz. Los sucesos de la Mano Negra toman, en contexto, una significación aún mayor. El momento socioeconómico por el que pasa Jerez y su entorno en la década de los 80 del siglo XIX es vital para comprender este fenómeno.

Bibliografía

Tuñón de Lara, Manuel. (1985). El movimiento obrero en la Historia de España. Sarpe.
Madrid, Juan. (1998). La Mano Negra. Caciques y señoritos contra los anarquistas. Temas de hoy.
Caro Cacela, Diego. (Coord.) (1999). El Jerez Moderno y Contemporáneo. Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz.