“La lujuria siempre fue un acto de disidencia” en la quinta columna de 'Los amores sucios' de Juan José Téllez

Juan José Tellez en un acto de la Fundación Caballero Bonald.   MANU GARCÍA
Juan José Tellez en un acto de la Fundación Caballero Bonald. MANU GARCÍA

Cincuenta poemas en noventa páginas sin prólogo conforman Los amores sucios de Juan José Téllez. El autor dice que lleva diez años sin publicar poesía, pero lleva toda la vida mamando poesía y este nuevo libro lleva más un mes entre mis manos mientras quiero desentrañar lo que realmente dice, cuenta y canta. La lectura pausada, la relectura de las composiones de este poemario recién parido, abre una ventana nueva, un fresco soplo de aire, una mirada de reojo y otra a la cara en cada página. Los amores sucios está escrito por alguien que dedica a quienes le quisieron y a quienes quiso, medio centenar de poemas en noventa páginas. Y los lectores se van a encontrar un puñado de versos de alguien que se reconoce un joven del 76, un pagafantas, alguien que se resigna ante el paso del tiempo usando en las ideas gafas de cerca.

Solamente recurre el escritor a tres citas en todo el libro: una de Federico, otra cita popular y una muy oportuna de Luis Eduardo Aute: “Ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza...”

Resulta una tropelía inconsciente por mi parte, querer realizar una crítica literaria que parta de la teoría imparcial, cuando desde mi perspectiva tenderé a ser imparcial e injusta en cada una de las valoraciones técnicas que pretenda acometer de este puñado de poemas. Téllez en Los amores sucios, abandona al relator, al periodista, al cuentista de anécdotas, al amigo y al hermano investigador en prosa, que es el género que ha practicado en los últimos años de cara a la galería.  La biografía de su paisano Paco de Lucía, los estudios sobre Chano Lobato o Carlos Cano y la composición de numerosos temas cantados para Paco Cifuentes, Inma Márquez, Lucía Sócam, David Palomar o Carmen de la Jara entre muchos otros junto a su incansable labor periodística y la labor cultural con dedicación a Centros de Letras y Fundaciones, habrían ocasionado que la lírica de nuestro poeta estuviera en barbecho.

La poesía de Téllez ha gozado en todas sus apariciones de magníficas críticas desde sus inicios bajo el padrinazgo de Fernando Quiñones, hasta la actualidad de José Manuel Caballero Bonald, de las reseñas sus coetáneos Felipe Benítez Reyes o Luis García Montero. En estos días anda inmerso en la vorágine de las presentaciones, las entrevistas en medios de comunicación y la firma del libro en conocidas librerías de cualquier ciudad. En la contraportada se vende como una colección de fotogramas desordenados, quizá como las noches de los que hemos practicado la bohemia, la otra vida para descubrir al final como ha pasado el tiempo.

La edición muy cuidada de Penguin libros en la colección verso y cuento ilustra la portada con una obra exquisita de David Salmerón y en la contraportada una foto del autor realizada por Paco Sánchez. En apariencia todo muy convencional. Las sorpresas van apareciendo después. Los cincuenta poemas tienen título, en su gran mayoría son títulos de grandes canciones y de películas tanto de ayer como de hoy, títulos que pueden ser un guiño a la lectura del texto a continuación, o no, porque en ocasiones parecen ejercicios de introspección a las aparentes historias de amor sucio y menos sucio que se suceden entre sus páginas. “Vengo sucio de amar, lleno de lluvia./ Traigo barro en las suelas del recuerdo,/ cosí varios rostros a mis ojos turbios,/ cicatrices y rasguños de la alegre lujuria”. Brumario del año VIII de 1799, Napoleón provoca un golpe de estado que termina con la Revolución Francesa. Brumario es noviembre, Téllez nació un cinco de noviembre, estamos ante un autorretrato del poeta, al más puro estilo machadiano pero bien traído al estilo de la poesía más contemporánea. Versos como dardos salpican los poemas en ese ir y venir que baila entre nombres musicales, cinematográficos y clásicos. El Ars Amandi de Ovidio, el manual de métodos para conseguir una pareja es traducido por Juan José en un par de versos: “País del miedo podía leerse en tu carnet,/ aunque yo no fuera el mejor de los remedios”.

También hay guiños al arte, a Nighthawks de Hopper, a Tamara de Lempicka, referencias históricas, metaliteratura… Días de fútbol fue una colección de relatos en las que participó junto a sus amigos Fernando Santiago o Julio Malo de Molina entre otros gaditanos. Téllez viene de vueltas y se deja llevar en este poemario, quizá más sincero que en los precedentes y en todas las antologías juntas que de su obra, siempre magnífica, se han podido publicar previamente. Y así se permite sus licencias y evocaciones a Susana Tamaro, a Sabina, Celaya, Clint Eastwood, Landa, Warren Beatty, Gramsci, Alberti o los Rolling Stones todo conjugado anacrónicamente y que le sirven para jugar con el lenguaje y las ideas para componer expresiones e imágenes sensoriales que no pueden dejarte indiferente: “Yo estuve anoche en la salita cuando estalló la batalla de las Termópilas”. Versos sueltos que podrían configurarse como poemas rotundos por sí solos: “Eras feliz como una película antigua/ cuando supiste de nuevo que no ibas a quedarte/ al bies de la falda de la mujer de tu vida”. “Ya hace tiempo que no pasas por aquí/a besar las perseidas del verano”. Expresiones como “repiquen a rebato”, “una pulsera de todo incluido en los sueños”, “ me murieron más veces de las que recuerdo”… Dos poemas se convertirán en estandarte de este libro: el más largo y que le da título al libro “Los amores sucios” y “Presagios” al que le han puesto voz sus amigos del mundo de la cultura, pero antes, pero antes, pero antes…

Antes les recomiendo que se acerquen en profundidad a Los amores sucios, al poemario completo o por partes si quieren comprender de una vez por todas, los derroteros que persigue la verdadera poesía del siglo XXI.

“Éramos penumbra pero tampoco importaba”. Hay menos melancolía y más nostalgia en los amores que fueron menos sucios pero más difíciles. Ecos de los bares sin rencor, yo le compré whisky y él bebía ron. En palabras de Téllez, a veces es fantástico que la poesía sea un refugio y no sirva para nada.

Sobre el autor:

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Blanca Flores

Doctora en Filología Hispánica, escritora, investigadora y presidenta de la Asociación Cultural de Amigos de Quiñones.

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