"La lactancia puede producir felicidad a algunas mujeres pero a otras les produce mucho sufrimiento"

La feminista Beatriz Gimeno acaba de publicar ‘La lactancia materna: política e identidad’, donde cuestiona la ortodoxia de los movimientos que defienden la lactancia materna y los enmarca en una ideología que denomina “maternidad intensiva”

Beatriz Gimeno en el antiguo Convento de Santa Clara de Sevilla. Foto: R.S.
Beatriz Gimeno en el antiguo Convento de Santa Clara de Sevilla. Foto: R.S.

Beatriz Gimeno (Madrid, 1962) parió a su único hijo hace 30 años en un hospital público y decidió que no le quería dar el pecho pero, para su sorpresa, en lugar de contar con el apoyo, la comprensión y el respeto a su decisión por el equipo médico, fue atacada, insultada y maltratada. Las enfermeras la calificaron de mala madre y se negaron a proporcionarle los biberones necesarios y la leche materna para alimentar a su hijo, que no paraba de llorar de hambre, así como las pastillas para retirarle la leche de sus pechos. Durante días, la tuvieron sacándole leche con una máquina como si fuera una vaca, con los pechos doloridos, hinchados y rezumando líquido. Esta experiencia, que para Gimeno fue “terrible”, la olvidó pronto porque la asoció al parto.

Años después, ya introducida en el feminismo, del que es una de sus destacadas intelectuales, comenzó a escuchar a mujeres jóvenes que le contaban historias parecidas a las suyas, incluso peores. Empezó a investigar y llegó a la conclusión de que existe una ideología, la maternidad intensiva, que convierte a las madres en emprendedoras de la crianza de sus hijos, responsabilizándolas en exclusiva de la salud de los bebés, mientras los Estados recortan en salud pediátrica y tienen cada vez a más mujeres en niveles de exclusión social y pobreza. La también diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid ha bajado a Andalucía, invitada por la librería sevillana Espacio Caótica, para presentar su último libro: ‘La lactancia materna: política e identidad’.

¿Hacía falta un libro crítico sobre la lactancia?

A partir de un artículo que escribí en Píkara, que es uno de los más leídos, recibí decenas de cartas. Tenía muchas cartas y quería escribir un libro con ellas, pero muchas de las mujeres que me escribieron no me dieron su autorización para hacerlas públicas. En todo caso, creo que la lactancia, como todo lo relacionado con la maternidad, es un asunto sobre el que el feminismo tiene la obligación de reflexionar; de hecho, sobre la maternidad ha reflexionado mucho. Hoy día creo que la lactancia se ha convertido en un mandato de género, lo ha sido históricamente, pero en este momento parece que resurge de una manera muy potente. La lactancia puede producir felicidad a algunas mujeres pero también a otras tantas les produce mucho sufrimiento.

¿Qué tipos de cartas le han llegado?

Cartas de mujeres que me contaban experiencias terribles sobre su propia lactancia. En algunos casos con finales bastante terribles, con intentos de suicidios, después de un proceso de degradación de la conciencia. Por una situación muy conflictiva con la lactancia, por la sensación de culpa, de fracaso, porque el bebé no paraba de llorar de hambre e incluso separaciones por tener ideas distintas sobre la lactancia. Aunque parezca mentira esto es así.

¿Hay mucho en este análisis crítico de su propia experiencia personal?

Yo decidí no amamantar y no fue posible. Mientras estuve en el hospital no me quisieron retirar la leche, fui insultada, maltratada y culpabilizada. A partir de ahí sí pensé que algo pasaba, no sabía muy bien qué, pero sí supe que ahí había una ortodoxia corporal y de género que merecía la pena investigar; cierto que lo olvidé hasta que luego ya, más adelante, las jóvenes me empezaron a contar que ahora es mucho peor que en mi época.

"Yo decidí no amamantar y no fue posible. Mientras estuve en el hospital no me quisieron retirar la leche, fui insultada, maltratada y culpabilizada"

Una de las cosas que afirma en el libro es que la lactancia materna forma parte de un conglomerado ideológico, ¿a qué se refiere?

Es cierto y comprobable que la defensa hacia la lactancia guarda relación con cierta ideología que surge en los 80, el neoliberalismo; por una parte, de privatización de la salud de los bebés, por la que se hace responsable a la madre de toda la decisión sobre la salud; por otra, se produce justo al mismo tiempo que se recorta mucho en salud pediátrica y en apoyo a las madres más pobres. Hay un momento en los años 80, justo cuando Reagan es presidente de Estados Unidos, que las organizaciones que se dedican a la lactancia son generosamente subvencionadas y entran en los organismos consultivos internacionales, como en la Organización Mundial de la Salud (OMS) o en la ONU, para hacer promoción de una práctica que hace a las mujeres responsables de la salud de los bebés, del bienestar de sus hijos y aparta esta responsabilidad del conjunto de la sociedad y del Estado.

Beatriz Gimeno en un momento de la entrevista. Foto: R.S.

Hay un momento en la historia en el que la leche materna de fórmula es un símbolo emancipador de las mujeres pero décadas más tarde empieza a ser rechazada desde tesis anticapitalistas, ecologistas y anticonsumistas. ¿Qué ha pasado para que haya ocurrido este movimiento pendular?

Empieza en los 50 y se desarrolla plenamente en los 80. Es un movimiento global que aúna características muy reaccionarias, lo que algunas economistas feministas llaman la ética reaccionaria del cuidado; y también características muy progresistas, el ecologismo, anticonsumismo, anticapitalismo. La amalgama que se forma ahí es muy difícil de atacar porque tiene defensas desde todos los lados.

El activismo pro-lactancia, al que usted llama “lactivismo”, comienza en Estados Unidos en los años 50 con el movimiento de mujeres católicas de la Liga de la Leche, ¿cómo es posible que haya derivado en un movimiento que despierta simpatías en ambientes progresistas y feministas?

Si se leen los textos originales de la Liga de la Leche, no hay por donde cogerlos; ellas quieren una maternidad que sea como la de Eva, la Eva bíblica. Hay un momento clave, que es la lucha contra la multinacional Nestlé, que es ganada por las partidarias de la lactancia y, por tanto, se convierte en un hito. A partir de ahí se le une también una cuestión de identidades posmodernas. En realidad, el lactivismo es una militancia, un activismo social, que tiene una idea moral asociada a la lactancia que no ha existido nunca. Aparece la idea moral de que dar de mamar no es que sea mejor para proteger la salud del bebé, sino que creará un mundo mejor.

"Tenemos pruebas de que han existido biberones desde el paleolítico, prácticamente. Siempre se ha alimentado a los bebés de muchas formas"

El principal argumento del lactivismo es que la leche materna es lo natural y lo sano porque es lo que siempre se ha usado para alimentar a los bebés.

No, realmente eso es un mito. Tenemos pruebas de que han existido biberones desde el paleolítico, prácticamente. Siempre se ha alimentado a los bebés de muchas formas. No es verdad que las madres hayan sido tradicionalmente las que hayan dado de mamar; estaban las nodrizas, cuya existencia ha desaparecido de nuestro imaginario, pero que son una parte importante de la historia de las mujeres. Ha habido momentos que, en algunos países europeos, la mayoría de los bebés no mamaban de su madre, sino de las nodrizas. Era una cuestión de clase, algunas mujeres, las más pobres, llegaban a amamantar a cuarenta bebés a la vez.

¿Existe un lobby médico-científico a favor de la lactancia?

Hay un lobby a favor de la lactancia materna igual que antes había un lobby a favor de la leche maternizada. Todo lo que tenga detrás una ideología en un momento dado se convierte en un lobby. Es verdad que en las organizaciones de salud se desarrolla una lucha que es política, entre los que consideran que la leche maternizada es un riesgo y otros que piensan que es una opción más. A partir de aquí, todas las políticas públicas que se van haciendo en los países desarrollados están relacionadas con la presión hacia la lactancia materna.

A Nestlé se le acusó en los años 80 de causar muchas muertes por introducir la leche materna en países de África.

La leche maternizada Nestlé no mató a nadie, como ahora no mata a nadie que la prepare en condiciones higiénicas óptimas. A esas madres las mataron las condiciones de pobreza, las instituciones políticas que se vendieron a la multinacional Nestlé sin preocuparse de la salud de las mujeres, sin enseñarle a preparar la leche maternizada y sin preocuparse de explicarles que se necesita agua potable, cacharros limpios para calentarla y que las tetillas estén higienizadas. En este caso, como en tantos otros, provocó una reacción contraria que ayudó a que se desarrollara el tema de la lactancia.

Se ha dicho que es buena para la salud, para la piel: es el líquido de oro y ya hay mujeres que venden su leche por Internet

También denuncia que la lactancia se ha convertido en un negocio muy rentable.

En Estados Unidos están surgiendo muchísimos negocios relacionados con la lactancia materna o con la crianza intensiva. Hay un enorme negocio de libros, manuales, cursos de preparación para las madres, clases formativas, jornadas dedicadas para las consultoras y también un negocio relacionado con la propia leche, porque empieza a ser considerada una mercancía. Ya hay muchas empresas que comercializan la leche materna para venderla; en primer lugar para los bebés y también para otras aplicaciones. Se ha dicho que es buena para la salud, para la piel: es el líquido de oro y ya hay mujeres que venden su leche por Internet.

¿Tiene sesgo de clase la defensa de la lactancia materna?

En este momento, la lactancia se presenta como un estándar de buena maternidad y estos estándares siempre se aplican más a las ricas que a las pobres. Las ricas pueden coger el tiempo necesario para dar de mamar dos años como pide la OMS; las pobres no tienen esa opción. Las ricas dan de mamar mucho más, no sólo porque tengan tiempo y puedan dedicarse a ello, también porque hay un estándar de buena y mala madre que se aplica más a las mujeres que se dedican en exclusiva a las maternidad que a aquellas que trabajan fuera. Luego está la cuestión de la raza, en Estados Unidos tiene mucha importancia que las mujeres negras, en general, tienen otros modelos de crianza que no incluye la lactancia, ni la maternidad intensiva, y se resisten a entrar en estos modelos que ellas consideran de blancas y de ricas.

Beatriz Gimeno de espaldas al claustro del antiguo convento de clarisas de Sevilla. Foto: R.S.

¿Es compatible ser lactivista con ser feminista?

Supongo que sí (risas). Dar de mamar, desde luego que sí, pero soy crítica con el lactivismo porque no es decidir sobre una misma, sino tratar de imponer a las demás y tratar de condicionar las políticas públicas en el sentido de presionar a todas las mujeres para que den de mamar y admitan como mejor ese modelo de maternidad. En ese sentido, yo pondría en duda que ser una lactivista acérrima sea compatible con ser feminista, porque el feminismo lo que pretende es que las mujeres puedan elegir sus modelos de crianza y de vida en absoluta libertad.

¿Qué trabajo tiene pendiente el feminismo para analizar este fenómeno tan poco estudiado hasta el momento?

El feminismo ha estado muy callado en los últimos años sobre la cuestión de la maternidad y creo que ahora se está produciendo un resurgimiento sobre estos temas. Simplemente diría que hay que tener cuidado al reivindicar una revalorización o un nuevo análisis sobre la maternidad, creo que hay que tener cuidado en no caer en eso que Amaia Pérez Orozco llama la ética reaccionaria del cuidado, porque eso sí me parece antifeminista. Yo sí creo que hay un ética reaccionaria del cuidado que es aquella que promulga que las mujeres tenemos que volver a ser madres prioritariamente y que ese es nuestro destino natural; eso es muy peligroso para el feminismo.

¿Es este un libro contra la lactancia materna?

Evidentemente, no. Es un libro contra la ortodoxia que se ha generado alrededor de la lactancia materna, es un libro que pretende analizar porque cualquier institución política, y la lactancia lo es, merece un análisis. Critico algunos de sus aspectos más antifeministas pero, en definitiva, lo que pretende este libro es darle a las mujeres la libertad de relacionarse como quieran con su propia lactancia y su propia maternidad.

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