La cantaora onubense cautiva al público madrileño, en la apertura de la Suma Flamenca 2017, con ‘La vida del artista’, un viaje por cantes viejos y sonoridades nuevas

Transita Argentina un sendero entre la vanguardia del flamenco que viene y la heterodoxia de los cuartos cabales que se fueron. Letras populares y sonoridades nuevas. Versos contemporáneos en estilos viejos. Contempla todo el paisaje sin detenerse, pero llegando casi siempre a puertos nunca antes vistos. A menudo no se sabe por dónde va a romper, si tomara algún atajo o desandará sus pasos, si caerá en el tópico y en el lugar común o escarbará en las raíces. Aun con sus concesiones puramente comerciales, todo lo dicho hace que su trabajo resulte particularmente fresco y sorprendente. Bajo ese clasicismo renovador, la joven cantaora onubense ha reinaugurado la Suma Flamenca 2017, en la sala Roja de los Teatros del Canal, tras el aldabonazo que dio allá por mayo pasado Vicente Amigo en el Real. Ha sido una noche de junio un tanto pegajosa, de esas que ya casi abrazan el verano, lo que no ha impedido ver unas plateas repletas y ansiosas por escuchar el último periplo musical de Argentina. La vida del artista es el título de la obra y es también la letra de una guajira de Niño Medina que casualmente oyó la cantaora mientras repostaba gasolina en Jerez durante un tórrido verano de hace cinco años. De aquella casualidad surgió la chispa. Y de aquella exhalación fecundó un quinto cedé de estudio parido por el binomio que conforma junto al tocaor jerezano José Quevedo Bolita (su productor y músico de cabecera).

Más de una década ha pasado ya de aquel debú discográfico homónimo, con el que fue galardonada con el premio revelación de la crítica, y ambos, cantaora y guitarrista, no se han movido ni un ápice del discurso coherente que emprendieron entonces. Ya estaban presentes en aquel álbum inicial las constantes artísticas que Argentina ahora vuelve a escenificar. Un envidiable chorro de voz casi de soprano, una afinación obsesiva, una encomiable labor arqueológica por salvar cantes en desuso, y ese ímpetu por seguir el camino de aquel Concurso del Cante Jondo que promovieron Falla y Lorca hace casi un siglo. Empresa que permitió elevar el género a la categoría de arte mayor y desempolvar a las leyendas olvidadas que contribuyeron a que fuera lo que hoy es. Por aquello de aquel abrazo entre el arte jondo con otras artes, aparecen en el recital piezas como el Polo de Manuel de Falla y esa proyección de brochazos costumbristas que quizás recuerden a Zuloaga, pintor eibarrés que “soñaba con pintar jondo” y que también firmó aquel manifiesto que sacaba al flamenco del armario y le otorgaba, no sin trabas y prejuicios, reconocimiento, visibilidad y dignidad.
Desde ese renacimiento, la cadena genética flamenca no ha hecho más que perpetuar la especie, por mucho que algunos lleven décadas declarándolo en peligro de extinción o, directamente, expidiéndole el certificado de defunción. Una prueba de todo esto es Argentina. Una mujer que canta como si se le saliera el corazón por la boca, con un grito devastador que sabe rancio y mineral, y con un prominente perfilazo de artista total. Porque lo mismo puede cantar a solas por alegrías con la guitarra de Bolita, o por tarantas junto al toque intimista de Jesús Guerrero, que merodear el fado evocando a Amália Rodrigues (Estranha forma de vida), o el tango, haciendo lo propio con el Polaco Goyeneche (Afiches), junto al único sustento musical del piano de José Carra.

El recorrido de casi dos horas que propone Argentina empieza a telón bajado con unos apuntes por farruca. Desde ese instante ya apenas dará respiro hasta cautivar por entero al público madrileño, que le dedica halagos y jaleos desde sus butacas. Guajira, los tangos del Almendro, fandangos de Porrina y de la Cruz, y un remate por verdial pasan como un chasquido de dedos. Tras el calentamiento y los saludos de cortesía —se le ha echado en falta más comunicación con su audiencia—, la artista de Huelva, sin torcer el gesto en todo momento más que para atusarse el pelo o enredar con un abanico o su mantoncillo, concede una tregua con una bella nana por soleá, Dejando huella, que sus acompañantes mecen a golpe de nudillos.

Académica (no en vano se formó en la cantera de la fundación Cristina Heeren), con paladar exquisito y largura casi ilimitada en su repertorio, más de quince palos se cuentan en su directo y en este nuevo disco. Vasto territorio flamenco, mucha ida y vuelta, y estilos tan poco habituales en los libretos al uso como la mariana, las temporeras y los cantes de trilla, un romance que ella acelera llevándolo al frenesí de la bulería, y una especie de liviana cuya intro es la voz grave y rotunda de Juan Diego (presente entre el público) recitando una elegía a Morente. Benjamín Prado le compone una ranchera-tanguillo, La reina de tu ajedrez, y hay al final unas bulerías y una especie de himno a su tierra natal, casi omnipresente en el grueso de su discurso. Con una propina, a petición del público, que evoca aquel mítico romance de la Reina Mercedes que adaptaron por bulerías Fernanda y Bernarda de Utrera, Argentina demuestra con solvencia y sin resuello que ya ha florecido en esto del cante. Y lo mejor es que se palpa que el hermoso viaje que emprendió hace más de diez años, como en aquella Ítaca de Cavafis, no solo no ha concluido, sino que justo acaba de reiniciarse.

Ficha técnica: Argentina. ‘La vida del artista’. 6 de junio de 2017. 20:30 horas. Sala Roja de los Teatros del Canal. Aforo: Casi lleno. Cante: Argentina. Guitarras: José Quevedo ‘Bolita’ y Jesús Guerrero. Coros, palmas y jaleos: Los Mellis y Diego Montoya. Percusión: José Carrasco. Contrabajo: Alejandro Tamayo. Piano: José Carra.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído