La epidemia de cólera que mató a más de 1.000 personas en Jerez

El Ayuntamiento decidió someter a la población a una cuarentena de 10 días y cortó con polémica las relaciones con Cádiz, quien no admitió el brote de la enfermedad para no alterar la vida comercial: “No es ni conveniente ni humanitario ocultarlo en perjuicio de otras ciudades”

A night in Jerez (s. XIX), de Daniel Vierge.
A night in Jerez (s. XIX), de Daniel Vierge.

Para sorpresa de todos los ciudadanos del mundo, el coronavirus ha llegado y ha cambiado totalmente nuestras vidas. Sin embargo, la aparición de epidemias y pandemias, olvidadas durante las últimas décadas especialmente en Occidente, fueron recurrentes y continuadas a lo largo de la historia de la humanidad. A la gripe española, la última gran pandemia que vivimos en nuestro país y que este medio ha recordado días atrás, le preceden otras numerosas enfermedades. Entre los siglos XVIII y XIX, olvidada la peste y la viruela por la vacuna de Jenner, dos tuvieron un especial protagonismo: la fiebre amarilla y el cólera.

Mientras que la fiebre amarilla se originó en 1800 en Cádiz procedente de las Américas y causó la muerte de miles de personas en toda Andalucía —5.491 fallecidos en Jerez, el 12% de la ciudad, según los datos de Rodríguez Carrión—, el cólera-morbo llegaría varias décadas después por Vigo. Como ha sucedido habitualmente en la historia, la fiebre amarilla tuvo varios rebrotes epidémicos —en 1804, 1819 y 1820—, y el cólera otros en 1833-1834, 1853-1855, 1865 y 1885. Cuatro etapas de la enfermedad que dejarían un saldo de casi 800.000 muertos en toda España. La de los años 50 se cebó especialmente con Jerez, causando la muerte de 1.192 personas, al tiempo que marcó a la ciudad y la provincia por una serie de decisiones políticas, sociales y económicas descritas en las investigaciones de historiadores como Antonio Fernández y Diego Caro Cancela.

El cólera, cuyo origen se suele atribuir a la India, llegó a Europa a principios del siglo XIX y entró en la península en 1833, convirtiéndose junto a la desnutrición en uno de los motivos por los cuales la población española, a diferencia de otros países europeos, no creció en este siglo. Su llegada a España, en sus dos rebrotes más virulentos, tuvo lugar por el puerto gallego de Vigo. En el caso de 1853, lo hizo a través del vapor Isabel la Católica, donde llegaron tres enfermos de cólera, que hizo aparecer casos de cólera en poblaciones vecinas como Redondela, Tuy y Pontevedra tan solo varios días después. Con el aumento de las temperaturas y el cese de las lluvias, reapareció en la primavera del año siguiente y la enfermedad se extendiera en Cataluña, al parecer procedente de Marsella.

Vista de Jerez desde el Alcázar en un grabado de época decimonónica.

En nuestra provincia, los primeros casos empezaron a documentarse en Cádiz durante la segunda mitad del mes de julio. Sin embargo, las autoridades municipales de la ciudad negaron durante semanas la epidemia "para no alterar la vida comercial y ciudadana", según suscribe el historiador trebujenero Caro Cancela. "Mientras que una llamada Comisión Médica Militar no tenía reparos en reconocer la existencia del cólera en la capital gaditana el 19 de agosto, cinco días más tarde, el periódico El Comercio recogía una nota del Gobierno de la Provincia", añade. La nota decía literalmente que los enfermos presentaban "cólicos debido al cambio de temperaturas y a comer frutas en malas condiciones; no es ninguna epidemia". Mientras tanto, en Sevilla la enfermedad causada por la bacteria Vibrio Cholerae, caracterizada por abundantes diarreas acuosas y la consecuente deshidratación del organismo, ya hacía estragos. En Jerez, las autoridades decidieron tomar medidas por su riesgo y cuenta.

La cuarentena en Jerez: 21 tapias y 13 controles de acceso

El Ayuntamiento de Jerez se anticipó a otros municipios y el alcalde de Jerez, decidió reunir el 3 de agosto a la institución municipal con la Junta Local de Sanidad para proteger a la ciudad del cólera. Pese a que una real orden de 1834 no lo permitía, decidieron incomunicar Jerez con las poblaciones invadidas por la enfermedad, como Sevilla: "El aislamiento, si no preservativo seguro, es al menos muy probable que de buenos resultados, como se observó en este pueblo en el año de 1833", suscribieron, recordando la primera epidemia de cólera.

El bando en el que se hizo público también recogía una serie de disposiciones para mejorar las condiciones higiénicas de la ciudad. Entre ellas, la prohibición de "arrojar basuras y desperdicios a menos de 500 varas del casco urbano", "el decomiso de los cerdos que se encontraban en casas y corrales" o la prohibición explicita de vender "carne fresca, sardinas y cualquier tipo de pescado azul". Una última recuerda a las limitaciones de aglomeraciones en el espacio público y hacía limitar a las "posadas, bodegones y cualquier otro establecimiento en que se sirvan al público comidas bebidas", sin prohibirlas taxativamente pero llamando también a una mejora del aseo y de la ventilación de sus negocios.

trigojerez1_-_cuadro_del_pintor_frances_julien_dupre_cargadoras_de_heno_1880_que_retrata_la_vida_campesina_e_n_el_siglo_xix.jpg La incomunicación de Jerez con Cádiz provocó el desabastecimiento de trigo en la capital, procedente de la campiña. Cuadro de Julien Depre (1880)

El 5 de agosto otro bando, que confirmaba la existencia de la enfermedad en Sevilla, establecía una condena de cuatro años de cárcel para los que se introdujeran en Jerez violentamente y dos años para los que lo hicieran de forma furtiva. El núcleo de la ciudad se cerraba a cal y canto, con 21 tapias y 13 controles de acceso en la ciudad. Estos puntos serían la salida de la Alameda Vieja, la calle de la Oliva en San Telmo, la última casa de la Puerta del Sol, Camino de Cartuja, la Posada de la calle Arcos, Callejón de la Zanja (Paúl), Salida de Capuchinos, la última casa de la calle Lealas, detrás del Calvario, la Merced, la calle de San Blas (Puerta de Rota), la puerta del Arroyo y la estación de camino de hierro.

La reacción de Cádiz: "Es un acto penable de insubordinación y rebeldía"

La danza de la Muerte, de Alfred Retbel.

Adolfo de Castro, jefe del Gobierno de la Provincia, rechazó inmediatamente las medidas adoptadas por las autoridades municipales de Jerez. En un escrito "urgentísimo" hacía saber al alcalde-presidente de la Junta Municipal de Sanidad de Jerez que era un "cuerpo auxiliar del alcalde" que a su vez estaba sometido "a la autoridad jerárquica del gobernador provincial". De esa forma, suscribía que no estaban facultados para tomar estas decisiones "sin autorización y sin conocimiento del Gobierno de la Provincia". El acuerdo adoptado en Jerez, que era ilegal, era así rechazado en su totalidad por el gobierno provincial que instaba a dejar sin efecto todas las medidas sanitarias. "Es un acto penable de insubordinación y hasta de rebeldía que no poddría menos de ser juzgado con arreglo al Código Penal y demás leyes del País". Dos días después, el 7 de agosto, Jerez contratacaba: "Es legal porque está aprobada por la Junta de Gobierno que hubo en esta ciudad, que es el único medio de preservarse del cólera como se observó en esta ciudad en el año de 1834; que el público no permitirá que se alce la incomunicación que es muy de temer se altere la tranquilidad pública".

Los miembros de la Junta de Sanidad y del Ayuntamiento amenazaron acto seguido al gobierno provincial que en el caso de que enviara fuerza armmada para obligar a levantar la cuarentena, renunciarían a sus puestos de concejales "y se marcharían del pueblo para no ser testigos del conflicto que va a producirse". El 9 de agosto, el mismo órgano defendía la legalidad de sus disposiciones, poniendo el ejemplo de "la capital de la Monarquía, que no admite ni pasageros (sic), ni efectos de ningún tipo de Andalucía". "Para Jerez y su Ayuntamiento no tiene V.S. más título para ejercer autoridad que la que pueda tener (...) el Gobernador Civil por la Junta de Algeciras, con el mismo derecho, que la de Cádiz nombró a V.S. (...) no es V.S. otra cosa sino delegado de una Junta, cuya autoridad no se estendió (sic) jamás fuera del recinto de las murallas de Cádiz".

Cádiz en el siglo XIX.

A partir del 12 de agosto llegaron a Jerez informes pedidos por el Ayuntamiento a cónsules y personalidades de Cádiz para confirmar o no la existencia del cólera y cerrar totalmente las comunicaciones con la ciudad. Mientras que el cónsul portugués decía que "la salud pública es muy buena actualmente en este pueblo", otras sembraban la duda, como la del Consulado del Reino de las dos Sicilias, con "cólicos veraniegos más o menos malignos". La Comandancia General de la Provincia, por su parte, confirmaba la existencia de la enfermedad en Cádiz. El Ayuntamiento de Jerez que decía confirmada la "indudable existencia del mal", cortaba relaciones con Cádiz y "con todos los pueblos que no adopten la misma medida respecto a la dicha ciudad". Ese 13 de agosto, se establecía un lazareto provincial en el monasterio de la Cartuja para someter a una cuarentena de diez días a las personas que pretendían entrar a Jerez. Para recibir víveres, artículos de "comer, beber y arder" que no se podían fumigar o ventilar, establecía dos palenques, uno en la Alcubilla y otro en Capuchinos.

Con ello, el Ayuntamiento a través de sus tres alcaldes en un bando, prohibía la subida de precio en los artículos de "abasto público y con especialidad en los más necesarios a la vida". El aislamiento de Jerez,, que por aquel entonces superaba los 50.000 habitantes, no fue fácil, y la disputa entre Cádiz y Jerez se trasladó hasta la prensa. Mientras que El Comercio gaditano tildaba de "incalificables" las disposiciones de Jerez, El Guadalete jerezano suscribía: "Tenemos datos positivos y seguros de que el cólera existe en Cádiz hace cerca de un mes".

Los concejales de Jerez huyeron de la ciudad con la llegada del cólera

Caricatura de 1852 que muestra los efectos del cólera entre los barrios de trabajadores británicos en la revista 'Punch'.

La disputa entre Cádiz y Jerez continuó a lo largo de todo el mes de agosto, mientra que las autoridades municipales seguían proclamando medidas higiénicas y disposiciones municipales, como "la venta de pescado de toda clase y a todas horas por las calles y plazas de esta ciudad" el 22 de agosto. La cuarentena de Jerez seguía siendo criticada por la prensa gaditana donde El Nacional decía que Cádiz estaba desabastecida de trigo. Por su parte El Guadalete negó la acusación: "En todo lo que va de mes lleva extraído nuestro pueblo la cantidad de 24.500 fanegas y sin ir más lejos ayer mismo salieron sobre mil fanegas de trigo de Jerez a Cádiz". Aun así reconocía la "demora" en su embarque, que se hacía desde El Portal.

En esas semanas, la corporación llegó a aprobar hasta la construcción de garitas para los sanitarios y tiendas de campaña para las familias pobres y se publicaban folletines para informar y prevenir de la enfermedad. Sin embargo, el cólera llegó, y lo hizo en la época de la vendimia, que dificultó la aplicación del aislamiento. Así, se permitía entrar en la ciudad con una papeleta firmada por el dueño de la hacienda y pese a prohibir la reunión de trabajadores de Jerez con "municipios infectados", se instaba a los patrones a contratar viticultores de Sanlúcar, Puerto Real, El Puerto, Rota, Chiclana, San Fernando, Chipiona o Lebrija, "con conocimiento de la Junta de Sanidad". Estos tendrían una bandera en sus viñas que alertaba, con color azul o blanco, de si eran jerezanos o no.

Un folleto de la época que recoge que el vino de Jerez era bueno para contrarrestar ciertos síntomas del cólera. Expediente 9653 del Archivo Municipal. De Cristóbal Orellana (memoriahistoricadejerez.blogspot.com).

El día siguiente a ese bando, el 5 de septiembre, aparecieron los primeros casos de cólera en la ciudad. El movimiento de miles de jornaleros parece, inevitablemente, el motivo de la llegada de la enfermedad a la ciudad. El Guadalete publicaba el 6 de dicho mes que un total de 462 personas estaban enfermas, 47 de diarrea, y pese a hacer un llamamiento para tranquilizar a la población, la alarma crece. No es hasta el 10 de septiembre cuando la Junta de Sanidad reconoce la epidemia y un escrito del marqués de Villamarta, primer alcalde, pide la instalación de cuatro hospitales. Entre las primeras medidas que se suceden es el cierre de las escuelas de párvulos, llamadas "amigas". Poco después la mayor parte de los concejales de la corporación huyen, temiendo ser víctimas de la enfermedad, refugiándose en poblaciones del entorno no infectadas. El alcalde, Juan Sixto Oronoz se justificaba dos meses "para reestablecer su salud".

Himno hecho a Rafael Rivero, nuevo alcalde de la ciudad en plena epidemia de cólera.

La noticia, que llega a Cádiz, hacía que el Gobernador Provincial enviara una carta al marqués de Villamarta, alcalde "accidental". Días más tarde la prensa gaditana no dejaba lugar a dudas: "el pueblo de Jerez está abandonado por sus autoridades". El Guadalete decía, por contra: "El estado de la población es triste, pero tranquilo y resignado". Un nuevo Ayuntamiento, formado el 21 de septiembre y presidido por el alcalde Rafael Rivero, tomará una serie de medidas restrictivas. La labor de la nueva corporación, que fue tachada de "ejemplar", no impidió que 1.192 personas fallecieran en la ciudad pero sí dejó en el recuerdo hasta un himno dedicado al "eminente patricio" Rafael Rivero.

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