Joaquín DHoldán: “Quería meter historias de mujeres en el libro y me di cuenta de que la palabra genia no existe”

El autor cuenta anécdotas de varias personalidades de la cultura relacionadas con el fútbol
El autor cuenta anécdotas de varias personalidades de la cultura relacionadas con el fútbol

Escritor entre dos tierras. Así se podría definir a Joaquín DHoldán (Montevideo, 1969) cuando uno habla con él. El acento uruguayo, que aún tiene muy marcado, a veces se entrevera con localismos andaluces, que tras más de 20 años en el sur, ha hecho suyos, y que va dejando escapar entre su más que evidente labia, con la salta de un tema a otro: cultura, sociedad, feminismo, deporte...

Vamos caminando por el centro y en apenas unos metros ha saludado a un hombre apostado en un bar, a un peatón y a un ciclista. Levantando la mano o palmeándoles la espalda, con un gesto cercano que le ha sido devuelto con la misma intensidad. "Hombre, ¿qué tal, Joaquín?", le preguntan los conocidos. Este odontólogo y dramaturgo, afincado en la Calle Feria acaba de presentar su última obra Genios del Fútbol, (El Paseo Editorial), una colección de relatos en los que cuenta el idilio de varias personalidades del mundo de la cultura con el deporte rey.

Este hijo de padres procedentes de La Coruña, nació en el Cerro de Montevideo, un barrio de inmigrantes que después de las sucesivas crisis albergaba las denominadas zonas rojas, delimitaciones como uno de los perímetros con más índice de criminalidad. Allí estudió odontología, estudios que continuó desde Sevilla con un máster que le abrió las puertas a ejercer como docente en la facultad hispalense y montar después su propia clínica dental al lado del mítico Bar Vizcaíno.

DHoldán es de ese tipo de personas que no para, que siempre anda maquinando y que se presta a todo lo que le pongan por delante. Escritor de varias obras de teatro, conductor de programas de radio de diversa temática y columnista en medios de comunicación españoles y uruguayos, hay poco que le quede por hacer. Ha escrito sobre la ciudad de Sevilla, sobre carnaval, sobre fútbol, pero sobre todo ha contado la vida como nadie con una escritura rica y veloz que te sumerge en historias repletas de detalles cotidianos.

¿Siempre hay una historia que contar?

Sí, claro. Sobre todo cuando aprendes a buscar dentro de las historias, aunque a veces es realmente difícil. A mí me pasa cuando trato con personas, que me doy cuenta de que no toda la vida de una persona tiene una historia interesante detrás, sino que simplemente está llena de rutinas. Eso a veces conecta con la gente. Uno busca en las historias de los demás su propia historia, por eso hay relatos en los que no sucede nada, pero que son maravillosos porque te ves reflejado y te producen grandes sensaciones.

Es un dentista seducido por la literatura y la cultura, ¿quién va ganando la batalla, la ciencia o el humanismo?

Sería al revés en realidad. Se trata de un escritor que precozmente eligió una carrera científica para poder desarrollar tranquilo su oficio, por el discurso social que recibió desde siempre de que solo con la escritura no iba a poder hacerlo. La contradicción que yo viví en aquellos tiempos, y que sigo viviendo ahora, es que en mi caso no fue tan así, sino que fue por momentos uno y por momentos otro. Ahora, te diría que el escritor necesita más espacio. Justo ahora que dejo Sevilla para viajar a Uruguay porque el Ministerio del Interior y el de Cultura me ofrecieron un proyecto que voy a desarrollar durante dos meses desde allí.

¿Se arrepiente de haber cedido al pesimismo social?

Yo particularmente sí que me arrepiento. Si uno lo tiene claro, aprende a sobrevivir con eso. A mí sí es cierto que la odontología me gusta y artísticamente me hace bien, en el sentido en el que me obliga a parar. Yo soy un escritor muy compulsivo y mi carrera me obliga a hacer otra cosa que requiere de mucha concentración. Con otra gente, en otro círculo. Entonces, cuando vuelvo a lo que escribo lo hago desde un punto nuevo.

Mi carrera también me ha dado el no tener el apremio económico frente al proyecto. Si me proponen llevar a cabo una obra de teatro no es mi primera pregunta cuánto ganaría. No es que no me importe, pero no me urge. He hecho cosas solo por el placer de hacerlas gracias precisamente a mi profesión. Quieras o no te da cierta libertad.  Aunque es cierto que todo el tiempo tengo que justificarme. Frente a los odontólogos soy el dentista que escribe y frente a los escritores soy el dentista. Entonces estoy siempre en un lugar raro que ha sido por momentos incómodo, aunque sin dramatizar.

¿Se lo aconseja a los demás, que sigan sus instintos?

Exacto. Se lo digo a todo el mundo. Mi hijo es músico y desde el primer momento le dije que se dedicara a ello porque no importa cómo te vaya. No pienses en salidas laborales porque la buscarás con el tiempo. Trata de ser indiscutiblemente bueno en lo que hagas, trata de ser una referencia y después, todo lo demás se dará y si luego tienes que generar un plan B, la vida te lo irá dando.

Joaquín Dholdán presenta 'Genios del Fútbol'. Joaquín DHoldán presenta su obra de relatos de ficción 'Genios del Fútbol'.

¿Qué le ha dado esta ciudad en estos años? ¿Con qué se queda?

Sería difícil de elegir, Sevilla me ha dado prácticamente todo. Me ha dado un lugar en un mundo cultural que desde fuera parece cerrado y un lugar de privilegios, precisamente por ser de fuera. Me ha dado vida en la radio, vida en los libros, vida artística. Fundamentalmente en cuanto a la ciudad en sí, diría que me dio acostumbrarme a vivir en un lugar hermoso. Tú eres de acá y estás acostumbrada. Pero venir de fuera, de un lugar que a veces es lindo y a veces no y estar en un sitio que siempre es indiscutiblemente hermoso, todavía me sigue maravillando.

Ahora regresa, ¿es raro ser profeta en su tierra?

Es raro y se te queda la sensación de que llega tarde, pero yo creo que al final estas cosas siempre llegan a esta hora. Lo bueno de cualquier tipo de reconocimiento es el instrumento que se genera con ello. Que gracias a esto yo pueda llegar a Uruguay, para estar dos meses y ver qué hago con esa herramienta. Por ejemplo, si puedo ir a mi antiguo instituto a hablar con las chicas y chicos que se quieran dedicar a escribir, a la cultura, a los libros y que me tienen a mí. Yo no tenía a nadie a quién acudir. Ahora con internet todo es más sencillo para plantear cosas como por dónde empiezo, o tengo tal idea…

¿Tiene la sensación de que si se hubiera quedado allí todo sería distinto?

Sí. Estoy seguro de que no hubiera sido igual. Lo cual es terrible en cierta forma porque uno nunca sabe, pero a mí me ha pasado que me costó encontrar el hueco. Yo me fui de allí con 30 años y ya había escrito algunas obras. Los países pequeños con ambientes pequeños suelen ser muy cerrados. Voy a dar un curso en el INAE (Instituto de Artes Escénicas) y cuando veo que mi nombre figura ahí entiendo que es un milagro.

Genios del Fútbol es una obra en la que se cuentan relatos que describen anécdotas de diferentes figuras famosas vinculadas de alguna manera con el mundo del fútbol.

Empezó como un juego. La primera premisa era demostrar que no a toda la gente que le gusta el fútbol es superficial o ignorante. Empecé a buscar figuras muy destacadas de la cultura y de diferentes disciplinas que tuvieran que ver con el fútbol y, a raíz de la anécdota, generar un cuento de ficción. En el libro están las historias de Vladimir Nabokov, Pier Paolo Pasolini al que le encantaba jugar al fútbol, Andy Warhol, que le hizo un retrato a Pelé, Rod Stewart, Lowry que es un pintor inglés que tiene varios cuadros de gente saliendo y entrando al estadio, Alejandro Dolina, Jonh Houston, Bob Marley, que era gran jugador de fútbol.

¿Cuál es el relato que más le sorprendió?

La historia del japonés que hizo la serie Campeones. Fue al Mundial porque no tenía ni idea de fútbol porque fue casi un encargo del gobierno. Querían instalar el fútbol como deporte oficial y lo unieron a la creación de anime. Aunque lo más curioso que me pasó con el libro fue que quería que hubiera mujeres y era mucho más complejo. Es curioso cómo en la categoría de genio hay tanto machismo instalado que ni siquiera existe la palabra genia. Aunque, claro, ahora me doy cuenta de que es muy difícil ser genia si estás confinada al fondo de la cocina de tu casa. Cuando busqué en la historia ejemplos de genias pensé en Marie Curie, Simone de Beauvoir y en principio no tenían vinculación con el fútbol. Entonces escribí un cuento sobre eso, sobre la dificultad de encontrar el rastro femenino. Y descubrí a tremendas genias en el mundo del fútbol y encontré la historia de Hope Solo, que es una portera americana que denunció al presidente de la Fifa porque le tocó el culo en una gala del Balón de Oro, me pareció tan cutre. También la historia de Desmond Morris, antropólogo americano que escribió un libro relacionado con el fútbol y cuya idea fue de la esposa, pero no aparece por ningún sitio.

¿Uno puede cambiar de pareja, de casa, de ciudad, pero nunca de equipo de fútbol como escuchamos en la película El secreto de sus ojos?

En mi caso no. Yo tengo dos equipos. La trampa de eso es que siempre fui del Cerro, pero nunca fui a verlo. No había pasión por mi equipo. De hecho, no me enteraba bien de si perdía o no perdía, digamos que no me daba tiempo.

En cambio, aquí me hice del Sevilla porque mi hijo se hizo del equipo y como no teníamos equipo, nos hicimos y lo empezamos a ver. En esa época había muchos uruguayos en Sevilla como Tabaré Silva, Nico Olivera, Podestá, Otero, Zalayeta, Germán Hornos, después apareció Coke Andújar, al que conocí en el teatro y nos hicimos amigos y claro te vas conectando más personalmente. Paralelo a eso había un programa abanderado por el Sevilla F.C que llevaba hábitos saludables a la escuela y me propusieron que formara parte del proyecto, así que medio trabajé para ellos.

¿Qué opina de la rivalidad entre los dos equipos de la ciudad?

Al principio la viví con indiferencia y hoy te puedo decir que la siento. Me parece que la rivalidad refleja sobre todo cómo los medios de comunicación instalan un discurso y cala fácilmente en la sociedad. Cuando yo vine uno era bético manquepierda, y luego descubrí que eso era mentira. Después tuve amigos béticos que discutían y estaban descontentos si el Betis jugaba mal. Era una especie de mito. Y últimamente me he dado cuenta de que en los medios (y cundo digo medios, me refiero a los nacionales) alguien decidió de que el equipo simpático era el Betis y el Sevilla no. Lo miman en el estigma, en el hecho de decir el equipo andaluz, simpático, que hace chistes y no sabe pronunciar los nombres de los extranjeros. Esa cosa casi provinciana.

Lo que me gusta a mí del Sevilla es algo que tiene instalado y que tiene que ver con la propia identidad de la ciudad. Sevilla es una gran ciudad que a veces se lo cree y a veces no. Y eso viene, como me dijo el documentalista de La Peste, de aquella época, en la que Sevilla fue la capital del mundo y dejó de serlo. Somos lo que pudimos ser y no fuimos y eso es algo que está instalado.

Joaquín Dholdán presenta 'Genios del Fútbol'. Joaquín DHoldán en la Plaza San Juan de la Palma , sitio al que acudía a jugar al fútbol con su hijo al principio de llegar a la ciudad.

En una ocasión dijiste que Sevilla no cambia por más gente que venga, ¿eso es bueno o malo?

Eso es bueno, me refería a que tiene mucha personalidad y este tipo de ciudades no cambian su esencia. El eje central en el que está conformado la ciudad es algo que viene de muy atrás. A mí me encantó una frase que me dijo un día un amigo mío sevillano. Estábamos paseando con un artista uruguayo que había invitado a que pasara unos días aquí y le dijo a mi amigo: “Te felicito, qué hermosa ciudad” y el sevillano le contestó, “no es mérito mío ya estaba así cuando yo llegué”. Y tenía razón.

¿Qué cambiarías?

Todos los circuitos que tiene la ciudad no son mimados de la misma forma. Si toda la gente que va a la Semana Santa fuera al teatro todo el año, el teatro tendría una vida espectacular. Entonces pienso que a veces las dos fiestas centrales que podemos decir que son la Feria y la Semana Santa son tan grandes que son muy endogámicas y demasiado mastodónticas y no dejan espacio a las demás. Aquí tenemos la Bienal, el mes de danza, el Festival de Cine Europeo, Nocturama, muchas cosas que podrían tener un desarrollo un poco más interesante si tuvieran más tolerancia con ellos. Te pongo un ejemplo, durante el Monkey Week, celebrado en la Alameda un señor se quejó porque no podía dormir la siesta de una cosa que dura tres días. Yo en la Semana Santa me quito de en medio y como yo hay muchas personas. Jamás se me ocurriría ponerme delante de un paso para decir que no puedo dormir.

En otra obra suya Cruzar la Muralla habla de una familia que llega al sur en el 2000, casi tirando de autobiografía. Haciendo una retrospectiva con ese año, ¿qué ha cambiado?

Realmente no creo que haya cambiado nada. Pero ese año empezamos a venir de todos lados. El libro va de gente que venía de África, Rusia, Ecuador… y nos juntamos aquí. El libro termina y empieza con una imagen de gente de diferentes ciudades reflejados en un espejo en la calle Parra y se me ocurre: Mira, una familia española. Hoy hay muchos más sevillanos de color, ya tenemos esas mezclas. Pero siempre ha sido así. Cuando oyes ahora discursos tan xenófobos aludiendo a los que vienen de fuera, pienso que es ridículo y que ha perdido todo el sentido. Ha pasado algo hasta grave, que es que como ese problema no se resolvió a fondo, no se trabajó culturalmente en su momento, con el paso de los años vuelve a aparecer entre a los que les parece fácil estigmatizar a los extranjeros y no se dan cuenta de que están estigmatizando a sus propios abuelos.

Hace radio, prensa, literatura… ¿Le queda algo por experimentar?

Lo más difícil de todo, que es consolidar cada uno de esos rubros. Este es un año en el que he decidido hacer un despeje de actividades. Quiero hacer esto, pero llevarlo a otro nivel. Hacerlo con otra contundencia. Hacer una novela histórica para la que necesito tiempo para investigar o hacer una obra de teatro que tuviera la entidad suficiente como para que la vea mucha gente.

Sobre el autor:

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Setefilla R. Madrigal

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