Cámara al hombro. Primer plano. Con la soga al cuello, Selma comienza a entonar su última canción. A su alrededor, los rostros sorprendidos se intercalan frente al objetivo. Está a punto de morir y solo se le ocurre cantar. "Bailar en la oscuridad es de una crueldad y una belleza... acojonante. Me marcó un montón", expresa Jesús Gómez. En su reciente estudio, ubicado en la barriada de Pío XII, Jesús solo tiene un libro sobre la mesa: 1001 películas que hay que ver antes de morir. La primera que se le viene a la cabeza es alguna de la filmografía del director danés Lars Von Trier. Él, que se ha convertido en uno de los directores de referencia en el mundo del videoclip rapero, confiesa que prefiere una imagen más visual y pausada donde el actor respire y transmita. Le gusta jugar y experimentar. Pero dice que ya se cansó de trabajar hasta las tantas sin ver luego una recompensa y que ahora lo único que le desquita es producir los videoclips del grupo jerezano de agrorap Space Surimi, "donde puedo hacer lo que me dé la gana". Porque como reitera a lo largo de la entrevista: "Cuanto más arriba, menos libertad".

"Me he tirado todos estos años tan pringado, tan jodidamente pringado por los vídeos, que he echado de horas lo que nadie sabe. Dándole vueltas a temas en las madrugadas… Ahora me arrepiento porque ha sido un desgaste estúpido. Acabo tan quemado y tan cansado para sacar lo mejor de un vídeo, que después no tengo ni ganas de pensar más", se sincera. Pero Jesús, de mirada noble y "manso" —como él mismo se define—, empezó a grabar su historia montado en un monopatín. Él siempre se mantuvo por detrás de las cámaras, pero ahora se postra delante de lavozdelsur.es para hablar de industria y de su pasión, mucha pasión.

Jesús Gómez nació un pegajoso 24 de agosto de 1983. Creció en el barrio de Ciudasol y se crió junto a su pandilla dentro la cultura skater. Se dedicó a grabar a sus amigos subidos a un monopatín desde los 12 años con la cámara de su padre, una Sony Handycam. Y al año siguiente ya estaba editando los vídeos VHS con una minicadena y una cinta. "En esa época no había Youtube ni tutoriales, sino que allí en la plaza estaba Ángel Morillo, que había estudiado un ciclo de Imagen y Sonido, y me decía cómo enchufarlo, cómo hacer las cosas. De hecho, yo ahora envidio un montón a los chavales con los videotutoriales". Cuenta que en un principio se lo tomó como una mera afición. No obstante, al cumplir los 14 aquel hobby lo devoró y se apoderó de él hasta tal punto que continuó grabando y grabando trucos de skate durante toda la Secundaria. Ya dentro de la subcultura skater, Jesús empezó a vestir con ropa holgada. Confiesa que por su vestimenta sufrió bullying por parte del "grupito de los guais". "Tampoco es una cosa reseñable, pero sí, me dieron palos”, ríe ahora.Relata que uno de sus mayores logros fue conseguir un ojo de pez en Gijón a través del IRC (Internet Relay Chat), uno de los primeros sistemas de mensajería instantánea que más tarde fue desbancado por las redes sociales. “A partir de ahí ya me empecé a volcar en los vídeos de patines”, sonríe. Nunca le dio por colocar el objetivo sobre otro objeto u otra afición. “Siempre monopatines”. Al terminar los estudios obligatorios entró en la licenciatura de Comunicación Audiovisual de CEADE (Sevilla), donde prosiguió con su obsesión por el mundo skater. 

Cuando finalizó la carrera, se marchó a Barcelona, la Meca de los vídeos de skate en España. "Allí hice un máster de Postproducción y ya me dediqué más profesionalmente al tema de los vídeos de patín”. Pero solo estuvo en Cataluña unos cuatro años, “con este tipo de vídeo se malvivía”. "Está guay porque viajas mucho, las marcas te llevan por todos lados, vas a gastos pagados. Pero después no tenías dinero para invertir en el equipo y vivir dignamente. Además de que es un mercado muy americano, por lo que aquí en Europa —y sobre todo en España—, es muy complicado", declara. Grabó vídeos para marcas americanas como Vans, DC o Jart, “pero cosas muy puntuales”. En 2008, cansado de estar en Barcelona porque “trabajaba como un condenado”, decidió bajarse del monopatín y volver a su tierra. “Nunca llegaba a fin de mes y siempre tenía que pedirle ayuda a mis padres. Entonces dije, bueno, ya está bien. Vuelvo y me dedico a otra cosa”.

“Los vídeos de monopatines están muy limitados. Al final son tíos patinando y tampoco te puedes explayar mucho”

Pero no sabía lo que estaba diciendo. Quizá pudo apartarse un poco del skate, pero salir del mundo audiovisual ya es otra cosa. Cuando volvió, se interesó por el mundo de los videoclips. Dice que ya había hecho uno antes para unos amigos, el grupo jerezano Abocajarro. “Los vídeos de monopatines están muy limitados. Al final son tíos patinando y tampoco te puedes explayar mucho”. Tenía ganas de probarse en otros ambientes más creativos y reunió fuerzas para hacer algo totalmente nuevo. Todavía en 2008 —no puede estar ni un año alejado de una cámara— un amigo suyo, Dani Sanguino, le mostró el tema 11408 del grupo RPS, también de Jerez. En él participaban muchos artistas locales, por lo que la idea le moló y decidió dirigir, producir y editar dicho videoclip. "Vivo en el 11408, aquí la vida es más que ocio y convivir es un negocio. Mi barrio obrero de apellido y nombre propio sin más sitios para agobios y sin motivos para el odio". Todo un himno del Distrito Sur de Jerez al que Jesús Gómez puso cara, y ahora pone rostro a todas aquellas mujeres que criaron y "nos hicieron más fuerte", con el tema Ellas, de Tote King. Toda una oda a la mujer.Fue aquel videoclip grabado en San Telmo, El Mopu o en El Pago de San José el que, sin saber cómo, lo catapultó hacia las actuales estrellas del rap. El maño Rapsusklei fue el primero en contactar con él y ambos grabaron Siempre, con Alba. "Y a raíz de ahí me siguieron llamando más raperos". SFDK, Sharif, Tote King, Shotta... Pero también se subieron al carro de Producciones Jesús Gómez grupos como Chambao, el cantante canario de electrolatino Dani Romero, el grupo español de reggae Green Valley, o el grupo gaditano de funky The Agapornis.

En su estudio, le hemos pillado en mitad de la postproducción de un tema de SFDK. Pero recientemente ha publicado el videoclip de Ellas, donde, en blanco y negro, solo aparecen mujeres de la provincia gaditana en diferentes enclaves de Jerez. El rapero sevillano Tote King es el autor del tema, pero no aparece en ningún momento, sino que delega este papel a "ellas". "Prefiere líneas de verdad que habilidades gimnásticas, no me gustan los mates con cama elástica. Prefiero mujeres mandando, no organizan guerras. Piensa si no, por qué hay tan pocas psicópatas hembras...", canta Tote. Con su cámara, Jesús logra captar la diversidad de la mujer: profesión, edad, físico, miradas... "Se te olvidó quién te cuidó cada segundo, se te olvidó que son dos y no uno...", continúa la canción.

En diez años este jerezano ha tocado un gran número de géneros musicales, pero admite que le gustaría moverse más por la música electrónica, donde quizá podrá encontrar esa parte más visual. "Los vídeos raperos son muy difíciles. Las canciones te hablan de todo y no te hablan de nada en concreto. En general, te hablan de muchas cosas y es difícil encontrar el hilo conductor. El rock, el pop, se centran más en un tema, las letras son más cortitas…"

"A mí el reconocimiento me da igual, yo lo que quiero es no tener que preocuparme por el tema del dinero, y así, poder disfrutar de mi trabajo.

Ahí está el reto, ¿no?

Sí, pero acaba uno cansado… Me gusta picotear de todo. Uno de los temas que más me gustó hacer fue uno de Suomo, un grupo de El Puerto. Esa música me flipa, tranquila, entre electrónica…

Pero entonces, ¿cuál es su sueño?

Simplemente me gustaría poder hacer lo que estoy haciendo ahora, pero con presupuestos mucho más grandes. Y también entrar en publicidad. Eso sería dar un paso más, que lleguen compañías publicitarias y de repente te pongan sobre la mesa, yo que sé, 400.000 euros. Que no es que ese dinero sea para mí, sino para hacer producciones gordas. Ahora, por ejemplo, voy a entrar en la cartera de directores de una productora de Madrid. Pero me molaría eso, algún día estar metido en la publicidad. Al final todo esto es muy superficial, ¿sabes? Porque lo que nos importa es el dinero. A mí el reconocimiento me da igual, yo lo que quiero es no tener que preocuparme por el tema del dinero, y así, poder disfrutar de mi trabajo.

Presupuesto suficiente para que su idea se materialice, sin límites monetarios.

Sí. Es todo muy superficial, ¿sabes? —insiste—. Al final es tema económico todo. Y también es verdad que cuanto más arriba estés, menos libertad vas a tener.Piensa que cuando tenga un gran presupuesto por delante para hacer una producción audiovisual, podrá —por fin—, sentirse satisfecho. Confiesa que tiene un alma derrotista: "Nunca me quedo contento con mis trabajos, siempre me quedo bastante puteado. Sobre todo si le he dedicado muchísimo tiempo, que es lo que suele pasar. No es falsa modestia ni nada de eso, sino que creo que realmente es muy mejorable todo lo que he hecho". No obstante, intenta sacar algo positivo de ello, y es que según él, esa es la gasolina que le lleva a afrontar el siguiente trabajo con más ganas. Si bien le gustaría trabajar con su cámara en campañas publicitarias, rechaza la idea de trabajar en televisión: "No me gusta nada. Tengo una visión un poco más romántica. Eso de pegarte un curre para que salga una vez y caiga al instante en el pozo del olvido… como que no. De hecho siempre lo he dicho: antes que entrar en televisión, preferiría trabajar de camarero".

A día de hoy Jesús Gómez es director, guionista, creativo, director de arte, de escena, productor, editor... "Todo lo que se suele hacer con un equipo de gente, lo hacía yo solo, eso sí, con ayuda de algunos amigos. Mi pandilla de amigos siempre me ha ayudado". Y comparte que ahora suele trabajar con Cristian López, Alejandro García o Pablo Magallanes, otros realizadores de la provincia. Pensativo, después de hablar sobre aquellos años en los que sus amigos le echaban una mano, Jesús menciona a Nano, "que falleció hace un par de años". —Silencio—. “Sí", dice con voz queda mientras el objetivo se va abriendo poco a poco. No dice nada más. Palabras, ¿para qué las quiero si tengo tu mirada?

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