Jesús Fernández Palacios leyó una defensa del libro, un elogio a todos los libros que nos rodean. Porque resulta imposible vivir sin esos esqueletos vegetales. ¡Qué habría sido la vida sin vosotros! Entre nosotros hay entendimiento, seguro, lo sabemos. Ahí permanecen, dócilmente alineados en las paredes de la casa. Mejor dicho, son la casa, reconoce Jesús. Sin ellos, la vida es insoportable. Quizás sean caprichos geométricos que la cultura venera… Pero estamos atrapados desde la alfa a la omega, donde lo importante es el recorrido, la búsqueda. El premio, el tesoro, es la lectura. Al final, lo queramos o no, somos fervientes subyugados. De ignorantes es huir de los libros o esconderse tras la apariencia de haberlos leído. La lectura no debe suplantar a la vida, cierto, aunque supone un estímulo del que no podemos prescindir. Porque la lectura es la esencia: ¡olvidemos la apariencia! El libro de Mané, La belleza no está en el interior, editado por la Fundación José Manuel Lara, está bien estructurado, enjundioso. Refleja destreza y sabiduría, dice Jesús Fernández. Estrofas precisas y justificadas, en veintiocho poemas que evidencian el largo y maduro oficio del poeta. Verso natural, airoso y moderno. Poemas bien concebidos y resueltos. Quiero reconocer explícitamente, señala Jesús, que esos anhelos y desengaños, esa preocupación por el tiempo pendiente de vivir, esa manera de reflejarse en los espejos de los días, ese modo de ser paciente, esa tolerancia, sus incontables recuerdos, su manera de mirar viendo y reconociendo, la esperanza y desesperanza, los amores y desamores, los viajes, su relación con la naturaleza, con lo doméstico y lo cotidiano, su ironía, su modo de señalar, el reconocimiento de sus tradiciones, las huellas admirables de sus maestros, todos esos atributos, y los que quizás no haya sabido nombra, dice Jesús, demuestran que los buenos oficios de Mané son nuestros beneficios.

ESPECIE DE PARAÍSO

Tengo una biblioteca y una amante. La biblioteca es alta y profunda y la amante, pequeñita, tímida, indocumentada. Pero la enorme biblioteca tiene todos los libros escritos en una lengua que desconozco. Y mi amante, a pesar de su simpleza, maneja a la perfección ese idioma extranjero. Sin mis libros me sería imposible vivir. Y también sin mi amante. Ambos, esos libros míos y ese don suyo de las lenguas, me proporcionan sabiduría. No puedo elegir. Preferiría sin ellos, vivir sin mí.

Unos minutos antes de la presentación del poemario, el autor habló con nosotros: ¿Por qué este título, La Belleza no está en el interior? Este título, manifiestamente provocativo, dentro de lo provocativo que uno pueda ser a estas alturas, es una manera de reivindicar una poesía que pone en cuestión verdades consagradas, dogmas, convenciones… Y La belleza está en el interior es uno de esos dogmas. Creo que la profundidad es algo que goza de un prestigio desmesurado y probablemente la belleza, o al menos este tipo de belleza, también. Creo que la belleza es algo frecuente, común. Es algo que no es el privilegio de unos cuantos, sino que puede asaltarnos a cada uno de nosotros en cualquier sitio. El estilo roza la prosa poética… De alguna manera, a mí me gusta que los poemas cuenten cosas. Intento ceñirme a lo que he aprendido sobre poesía. Pero intento que la poesía se entienda. Me parece mucho mejor llegar al público lector a través de historias que puedan contarse y que el público las pueda hacer suyas, que puedan prolongarse en ellos, que hacer una poesía oscura, difícil, que necesite un manual de instrucciones para poder ser desentrañada. ¿Qué temas trata? Trato de relativizarlo todo. Si has leído el libro, habrás visto que los referentes son muchos. Me sirven de brújula no sólo elementos que podrían pertenecer a la alta cultura, como la filosofía, la literatura o la pintura, sino también referentes que una persona de mi edad o de mi generación hemos tenido más a mano, como la televisión, la música… Creo que es una manera de enriquecer el poema. ¿Qué autores han influido en su estilo? En mi adolescencia sobre todo dos poetas de corte más bien social, Miguel Hernández, primero y luego Blas de Otero. Y más cercanos en el tiempo, toda la poesía de línea clara que arranca de Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi y los poetas mal llamados de la experiencia. ¿Cómo crea usted los poemas? ¿Cuál es el punto de partida? El proceso de la escritura siempre empieza por la lectura. A partir de esa lectura van surgiendo imágenes, recuerdos… Y eso te hace bucear en la memoria, tomar esos recuerdos, que nunca son como realmente ocurrieron. Uno lo que termina haciendo son versiones, más o menos manipuladas, pero en las que al final encuentra espacios nuevos y direcciones por las que uno no sospechaba que podrían dirigirse esos recuerdos. ¿Y para qué escribir? ¿Para qué esta preocupación por la escritura? Hay un poema que habla de eso, habla de para qué escribir. No lo sé. La verdad es que escribo porque necesito fijar mi memoria. Tengo mala memoria. Necesito que todas esas cosas perdidas, esas cosas amadas, no se me escapen. Entonces, las reflejo en el papel. Es un libro que ha recibido un premio. Este Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado consiste en una dotación económica y la publicación del libro. Me presenté porque el jurado me parecía muy solvente. En España es muy difícil publicar libros de poesía si no es a través de un premio, de la suerte de ganar un premio. Yo la he tenido. Hace años que no publicaba nada. Pero había escrito ya varios libros de poesía y había publicado libros de relatos. De poesía hacía ya años que no publicaba. De relatos, sólo he hecho antologías. Los últimos que he publicado han sido de cuento latinoamericano, en concreto de narrativa joven mexicana. En Cádiz, en la editorial Algaida. También dirige la revista Caleta. Ya lleva muchos años. Dirijo la revista Caleta en su segunda época, porque en la primera la dirigió mi padre a mediados de los años cincuenta. La dirijo desde el año noventa y cinco. Y todavía en papel… No tiene que ser nada fácil. Es difícil, pero seguimos apostando por el papel. Es muy difícil mantenerla. Pero no creo que sea difícil mantenerla porque hayamos elegido el soporte del papel y porque seamos así de románticos y porque nos guste sentarnos con un libro o una revista en papel. Es difícil por la crisis económica en la que viven las instituciones. Y eso hace que la cultura haya sido el primero de los ámbitos del que se ha prescindido. También dirige una colección de libros de relatos que depende del Ayuntamiento de Cádiz. ¿Hay presupuesto? Desde hace años, el Ayuntamiento, con la colaboración de la editorial Algaida, edita la colección Calembé, que nació como una manera de tender puentes con Latinoamérica y que hemos publicado a lo largo de quince o dieciséis años, unos sesenta títulos. Se ha hecho una labor importantísima. Hemos dado a conocer en España autores latinoamericanos, tanto jóvenes como ya veteranos, pero que no eran conocidos en nuestro país. No sé lo que va a pasar ahora mismo. La verdad es que hemos estado editando un título al año, que era el del premio, porque dentro de la colección se creó el Premio de relatos Cortes de Cádiz. Tenemos un nuevo gobierno municipal. Creo que tienen intención de continuar con esta labor. En Cádiz tiene mucho sentido seguir tendiendo puentes con Latinoamérica, pero al final todo esto dependerá del presupuesto que tenga el Ayuntamiento para cultura. ¿Ha pensado escribir una novela? ¿O quizás ya la ha escrito? Ni la he escrito ni lo he pensado. He escrito un microrrelato para una revista digital porque me lo pidieron, pero no me he planteado nunca escribir narrativa.

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