Aprendimos por las canciones que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, que el mundo, cada vez más ancho y más ajeno, sigue girando sin demasiado sentido y que las guerras se pierden antes de empezarla.

En el poema El amenazado, Jorge Luis Borges escribía: "Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir./ Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz./  La hermosa máscara ha cambiado,/ pero como siempre es la única./ ¿De qué me servirán mis talismanes:/ el ejercicio de las letras,/ la vaga erudición,/ el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte/ para cantar sus mares y sus espadas,/ la serena amistad,/ las galerías de la biblioteca,/ las cosas comunes,/ los hábitos,/ el joven amor de mi madre,/  la sombra militar de mis muertos,/ la noche intemporal,/ el sabor del sueño?".

En una entrevista reciente, Fernando Arrabal dijo que "el amor, e incluso la admiración, es una experiencia salvaje únicamente cuando provoca conceptos inesperados". Nadie nace con los padres adecuados. Tampoco los hijos lo son. Algo así ocurre con el amor.

Aprendimos por las canciones que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, que el mundo, cada vez más ancho y más ajeno, sigue girando sin demasiado sentido y que las guerras se pierden antes de empezarla. Cada acción trae una consecuencia y modificar ésta no es más que un imposible. La noche se agavilla entre seis tequilas de más (y cien ducados de menos), merodeando entre los senderos secretos, se desliza una musa llevándose el talento de su trovador. Tal vez por eso para Benjamín Prado "la poesía es todo/lo que hay entre un disparo y el animal herido".

El poema El amenazado concluye así: "Estar contigo o no estar contigo/ es la medida de mi tiempo./ Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,/ ya el hombre se levanta a la voz/ del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,/ pero la sombra no ha traído la paz./ Es, ya lo sé, el amor:/ la ansiedad y el alivio de oír tu voz,/ la espera y la memoria,/ el horror de vivir en lo sucesivo./ Es el amor con sus mitologías,/ con sus pequeñas magias inútiles./ Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar./ Ya los ejércitos me cercan, las hordas./ (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)/ El nombre de una mujer me delata./ Me duele una mujer en todo el cuerpo".

Sobre el autor:

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Daniel Vila

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