La polifacética artista marroquí, que reside en Jerez desde el año 2000, instala, de manera espontánea, un punto de encuentro cultural en su pequeña tienda donde escritores, periodistas, poetas y pintores comparten sus reflexiones sobre el arte.

Cuando su madre vio cómo su pequeña se dirigía al carpintero para recolectar restos de madera y así crear sus propios juguetes, no tuvo más remedio que sorprenderse y decirse así misma: ¿Pero esta niña qué hace? "Para mí era algo normal. Solo pensaba en jugar y divertirme", expresa hoy la polifacética artista marroquí Ilham Otky. Hace ya 17 años que reside en Jerez, y hace siete que abrió su pequeño local que, más que una tienda, es un punto de encuentro cultural donde hablar de arte, inquietudes... Narra que siempre ha pintado con lo que encontraba por casa: café, acuarela, lápiz... "Me encantaba experimentar con la materia". Se podría decir que atesora una habilidad innata para hacer lo que desee con sus manos y con su cuerpo.

Estudió baile contemporáneo y teatro francés en el conservatorio. "Recuerdo que tenía que aprenderme textos interminables de Voltaire", incide. Pero antes de empezar con las clases ordinarias, Otky pintaba pensamientos sobre papel o una tela cualquiera. "Daba color a mis pensamientos... Sí, no era una niña muy normalita", sonríe. También tallaba esculturas de cerámica, papel o incluso de hielo. Pero hasta fabricaba casas de madera en miniatura con sus personajes de tela que ella misma cosía a mano, con relleno por dentro.

"Daba color a mis pensamientos... Sí, no era una niña muy normalita"

Cuenta que de mayor cogía la revista Burda y seguía los patrones para confeccionar sus propios vestidos. "Hacía de todo. O estaba en el conservatorio o estaba cosiendo, leyendo...". Pero claro, ella, virtuosa desde pequeñita, cuenta que su familia esperaba que iniciara una carrera universitaria óptima para encontrar un buen trabajo. Fue por ello por lo que empezó a estudiar Medicina en la Universidad de Rabat. "Pero me di cuenta que no era lo mío". Poco tardó en cambiarse de titulación y entrar en la Universidad de Bellas Artes de Casablanca, su tierra natal. Terminó la carrera cursando su último año, el postgrado, en Rotterdam (Holanda). Y narra que estando en Europa recibió una llamada para trabajar en el departamento de Cultura de Tánger. Pero, ¿cómo dieron con ella? Según Otky, se llevó desde los 16 años trabajando en el Festival Internacional de Teatro Universitario en Marruecos organizando coloquios, charlas, encuentros de cine y como ayudante para recibir a los artistas de todo el mundo, en un evento donde participan 28 países. Así fue destacando y haciéndose un hueco en el mundo de la cultura gracias a que comenzó a trabajar cuando aún era una adolescente. "En mi familia me inculcaron ser independiente, es un valor que me enseñaron desde pequeñita", apunta y continúa: "Marruecos está en vías de desarrollo, entonces las personas que trabajan en este tipo de cosas están muy localizadas".

Una vez establecida en Tánger, Otky empezó a colaborar con el Instituto Francés e Inglés, trabajó como directora de una galería de arte y en el festival internacional de jazz de Tánger, "ahora mismo uno de los más prestigiosos". Hasta que a principios del 2000, "lo recuerdo bien porque fue el cambio del euro", se enamora de un sevillano y se casa con él. Y, apesar de ser de la capital, trabajaba en Jerez, motivo por el que finalmente terminaron viviendo en la quinta ciudad de Andalucía. Por aquel entonces, continuó haciendo exposiciones de pintura en Madrid, San Sebastián, Córdoba..., pero ella, de espíritu inquieto, confiesa que entró en la Escuela de Arte de Jerez "para matar el tiempo". 

"No importa el material que utilizas, lo importante es que trasmita algo"

La pintura de Ilham Otky continúa siendo esa idea primigenia que empezó cuando tan solo era una cría. Una imagen, una pincelada personal y abstracta desde el punto de vista de la mujer. Intenta quedarse en lo esencial, abstraer la realidad y proyectarla como si la metiera en un saco y la rociara sobre un lienzo dejando solo la parte natural y fundamental del objeto en cuestión. Primero pinta al detalle lo que ve y luego se va deshaciendo de esas pequeñas piezas que ocultan lo verdadero, el alma. Porque para Otky, "la pintura es la escritura del alma".

"No importa el material que utilizas, lo importante es que trasmita algo", señala. En una época llena de superficialidad, el mensaje que expresa la artista toma más fuerza que nunca con especial fijación por controlar la luz y el color. "Para mí el fin de mi obra es cuando yo la termino. Luego esta sigue hablando en el ojo de aquel que la mira", expone. Fue en 2010 cuando decidió abrir una tienda en Jerez donde poder exponer y vender su arte. Primero empezó en el Zoco de Artesanía y luego se mudó a la calle Tornería. "Quería tener una tienda que englobase todo mi trabajo: cerámica, postales, pintura, collares... Todo muy personalizado y con algunos productos de otras personas que, de algún modo, tuviesen relación con mi trabajo". Cuenta que al principio no le fue muy bien, pero "como no me gusta dejar ningún tema a medias, ni me gusta el fracaso", decidió seguir adelante con su "locura".

"Apostar aquí por el color y el arte es una gran aventura"

"Emprender en Jerez es difícil", admite. Pero destaca que en la actualidad, emprender en la ciudad que hoy considera su hogar resulta más ameno gracias a la gente que hay en ella. "Apostar aquí por el color y el arte es una gran aventura. Pero para mí esto se ha convertido en algo más que una tienda. Aquí la gente viene a hablar de arte, es un punto de encuentro para hablar de arte y pintura", expresa. "Aquí no solo se vende, se charla, se disfruta...", añade.

Durante la hora que duró la entrevista, esta fue interrumpida al menos en cinco ocasiones. Primero, una pareja de amigas entraron a saludar a Ilham y de paso, comprar un regalo para otra persona. A los diez minutos, una mujer mayor, de habla italiana, apareció vestida con gafas de sol y se sentó a escuchar la conversación. Más tarde, su hermana apareció con una amiga marroquí para dar los buenos días y preguntarle cómo llegar a la plaza del Arenal. Poco después dos adolescentes le dieron una sorpresa y accedieron a la tienda con su tía, de Madrid, para comprarle un detallito a su madre. En el mismo momento, una señora, con prisas, preguntó por unos pendientes de plata que vio en el escaparate. Y todo, absolutamente todo, sucedió bajo la atenta mirada de la poeta Pilar Pardo, que, sentada a la vera de Ilham desde primera hora de la mañana, estaba desayunando un rico bizcocho cubierto en papel de plata cuando esta periodista irrumpió con su cuaderno y bolígrafo. "Espiritualmente es un sol. Ella es así. Es un don", son las palabras que utiliza la escritora para definir a su amiga Ilham Otky. 

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