Finalizando el estudio del Monumento a las Cortes, esta entrada analizo los grupos escultóricos alegóricos —situados a ambos lados del pedestal— y el relieve situado en la parte delantera derecha, dedicado a la Jura de la Constitución.
La Jura de la Constitución

Este relieve se encuentra en el ala derecha del monumento y representa un momento político clave: la jura de la constitución por los diputados el 19 de marzo de 1812, celebrada en la Iglesia de San Felipe Neri. Este fue el acto previo a la promulgación solemne de La Pepa.
Para configurarlo, Aniceto Marinas se basó en el famoso cuadro de José Casado del Alisal; pero este cuadro, en realidad, retrata el solemne juramento de los diputados al inicio de las Cortes, celebrado en 1810 en la Iglesia Mayor de la Isla de León (San Fernando), y actualmente expuesto en el Palacio de las Cortes.

El relieve muestra el final del proceso constituyente (1812), mientras que la pintura de referencia muestra el inicio (1810). Aun así, se usan los mismos personajes, porque muchos diputados estuvieron presentes en ambos hitos.
El relieve es de carácter realista; sobresale el detallismo de las vestimentas (uniformes militares, capas, hábitos eclesiásticos) y la caracterización iconográfica, buscando que los personajes fueran reconocibles según la documentación histórica.

Se presenta en una disposición equilibrada pero dinámica. Los personajes no están estáticos; hay una clara dirección del movimiento hacia el centro, donde se encuentra el foco de la acción: la mesa con el crucifijo y los Santos Evangelios.
La escena representa el momento sagrado y civil de la jura sobre los Evangelios. Junto a esta, el personaje central (identificado probablemente como uno de los secretarios de las Cortes, como Terán o Navarrete) dirige la ceremonia. A un lado de la mesa, destaca la figura de Vicente Pascual, presidente de las Cortes, que aporta la legitimidad institucional al acto.

A la derecha del espectador vemos a los diputados avanzando en parejas para prestar juramento. La extensión de los brazos y la postura de sus cuerpos reflejan la solemnidad y el compromiso político del momento. El clérigo de la derecha sería Muñoz Torrero, clérigo y figura fundamental; él fue el autor de la primera intervención en las deliberaciones de las Cortes, en la que propuso que se hiciera la solemne declaración de que "en ellas residía la soberanía nacional".

Este principio dogmático —proclamado ya en esa primera sesión de las Cortes mediante el célebre Decreto de 24 de septiembre de 1810— figuró posteriormente en el artículo 3 de la Constitución de 1812 y aparece en la inscripción de la cartela situada a la izquierda del relieve.

En el extremo izquierdo se sitúa Cayetano Valdés (gobernador de Cádiz) con su estado mayor (a menudo confundido con el Consejo de Regencia). Su presencia es crucial pues representa el respaldo del estamento militar al nuevo orden constitucional frente a la invasión francesa.
Las alegorías ecuestres
El Monumento a las Cortes de Cádiz, culmina los extremos de sus alas con dos imponentes grupos escultóricos de bronce. Estas figuras ecuestres, situadas sobre grandes pedestales pétreos, fueron fundidas en Madrid en los talleres de Mir y Ferrero.
La alegoría de la Guerra

La alegoría de la Guerra se ubica en la parte izquierda del monumento, esta escultura destaca por su gran dinamismo y simbolismo bélico. Representa al dios Marte, figura masculina que aparece con el torso semidesnudo, ataviado con coraza y un característico casco alado.

Bajo las patas del caballo se aprecia un cañón, un detalle que, aunque un tanto anacrónico, acentúa el carácter belicista de la obra. En algunas interpretaciones, el cañón aparece desmontado como símbolo de la consecución final del triunfo.
En su mano derecha sostiene una pequeña Victoria alada, reforzando la idea del triunfo militar. La actitud del caballo refleja la agitación de la batalla; se muestra al trote o galopando, con el cuello alzado y las patas delanteras levantadas en actitud nerviosa.

La alegoría de la Paz

En el flanco opuesto, la alegoría de la Paz se encarna en una figura femenina joven de corte clásico y fisonomía dulce. Su representación busca transmitir una serenidad absoluta en contraste con el grupo de Marte.
En este caso, el caballo se encuentra en actitud de reposo y tranquilidad, apoyando sus cuatro patas firmemente sobre el basamento, reflejando el orden y la estabilidad que trae la paz.

La mujer, velada y vestida con una túnica y manto, alza en su mano derecha una cruz enlazada con hojas de laurel, símbolo universal del triunfo de la concordia. Con la mano izquierda sujeta con suavidad las riendas de la cabalgadura.

Estas esculturas no son elementos aislados, además de complementar el programa iconográfico contraponiendo la guerra y la paz, dialogan con el resto del monumento. El lado derecho se asocia armónicamente con la Jura de la Constitución y la Agricultura, mientras que el izquierdo se vincula con el rechazo a Napoleón y la fuerza de la Ciudadanía.
Para preservar su valor histórico y artístico, ambas alegorías fueron objeto de una meticulosa restauración, por la empresa Dédalo Bienes Culturales entre los años 2008 y 2009. En 2012, Ars Nova, procedió a la limpieza del monumento, consolidación pétrea, rejuntado de sillares y el tratamiento del bronce.
La llama constitucional

El 19 de marzo de 2006 se encendió por vez primera el pebetero situado junto a las gradas, en el centro del hemiciclo del Monumento a las Cortes, que quería convertirse, con su llama siempre encendida, en un símbolo permanente del constitucionalismo y de la libertad.
El pebetero se sitúa sobre un monolito troncopiramidal irregular y en su frontal se colocó una lápida conmemorativa de bronce con una leyenda en versales y relieve que recuerda la redacción y promulgación de la primera Constitución de los españoles.

Argumentando que el coste del gas del pebetero y su mantenimiento era un "gasto superfluo", el Ayuntamiento presidido por D. José María González Santos apagó el pebetero en noviembre de 2015, afirmando que solo sería encendido en fechas solemnes. Desde entonces, no solo no se ha encendido, sino que se ha abandonado.
Monolitos diputados doceañistas
En 2012, en la calle de Colombia —que une la plaza de la Hispanidad con la de España y una de las Antorchas de la Libertad con el monumento a las Cortes—, una vez peatonizada, se colocaron ocho monolitos rectangulares de acero.
En ellos, y por ambos lados, se han inscrito en versales huecas los nombres y la zona de representación de los ciento tres diputados de las Cortes de Cádiz.
El conjunto del Monumento a las Cortes es un hito histórico y artístico significativo de Cádiz. Necesita un cuidado continuo y demanda una restauración en profundidad que reponga las piezas perdidas; si nos proclamamos como ciudad constitucional, que se note.





