Peter O'Neill es un cantante, guitarrista y compositor de Liverpool que vive en Jerez desde hace 20 años. Ahora está trabajando en su tercer disco.

Cuando tenía apenas diez años escuchó por primera vez a los Beatles y lo tuvo claro, le dijo a su madre: “Cómprame una guitarra”. Peter O’Neill es británico, natural de Liverpool, y sus paisanos lo cautivaron desde muy pequeño. Desde entonces no ha parado de tocar, aunque compaginándolo con todo tipo de profesiones. Ha sido desde camarero, hasta dependiente, pasando por taxista, periodista, actor y, ahora, compositor, guitarrista y cantante.

Más de veinte años lleva O’Neill viviendo en Jerez. Primero, por amor, luego se terminó enamorando de la ciudad. “Jerez me encanta, tiene un gran sentido de comunidad, la gente es muy solidaria”, cuenta. “La primera vez que entré por la calle Larga dije: qué bonito…”, añade el británico, que dice que aquí, el único problema, son “los políticos corruptos”. Pero sigue viviendo en la ciudad, y tiene pensado hacerlo de forma indefinida.

Ahora trabaja en su tercer disco. Aún no tiene pensado el nombre, pero le está dando forma en un triángulo formado por Inglaterra, EEUU y España. En el norte de las islas, porque quiere que tenga “un sonido muy británico”. En Estados Unidos lo ayuda su amigo, el productor Lance Quinn, que colaboró con Los Ramones y produjo los dos primeros discos de Bon Jovi. “Es un guitarrista virtuoso, un señor”, lo define el británico, que dice que quiere darle a su nuevo disco un toque de los Beatles, “usando la misma tecnología que ellos, es decir, muy poca, sólo cantando y tocando bien”.

En Jerez se empapa de la cultura flamenca, a la que respeta profundamente. Tiene muchos amigos en ese mundillo, dice. Entre ellos Paco Cepero, con quien espera colaborar en algún disco. Es un sueño que tiene y que lleva tiempo persiguiendo. Hasta establece un paralelismo entre ambas ciudades, la que reside y en la que nació: “Jerez tiene en común con Liverpool la pasión por la música, aquí el flamenco y allí el pop”. Para él, “la música es como la respiración, no puede pasar un día sin tocar”. Cuenta que ensaya todos los días entre cuatro y cinco horas en su casa de San Miguel. “Vivo en la bohemia, allí siempre se escucha a alguien cantar o tocar las palmas”, señala.

Aunque en Jerez, claro, encuentra limitaciones. “Es una ciudad bonita pero muy complicada”, asegura. Él, de momento, compagina las clases de inglés que imparte con actuaciones en restaurantes –sobre todo de la zona del centro– y en tabancos como el de Cruz Vieja, donde le gusta actuar porque hay “muy buen ambiente” y “la gente escucha y respeta”, dice.

“La música para mí no es un hobbie, es una gran pasión”, señala Peter O’Neill, que ha crecido con ella, tocando y actuando donde le han dejado. Nació en un barrio “muy violento” de Liverpool, cuenta, donde sufrió casos de violencia. “Una vez acabé en el hospital casi muerto”, relata. Sufrió mucho. Hasta que llegó a la universidad. Ahí se le abrió un mundo de posibilidades. “Transformó mi vida”, asegura.

Primero cursó Periodismo. Siempre se le había dado bien escribir y en la literatura encontró una vía de escape a sus problemas. “Los libros eran mi refugio, un mundo precioso”, dice O’Neill. Casi una década estuvo ejerciendo como periodista en el Manchester Evening News, un periódico gratuito de esta ciudad inglesa, en el que cobraba bien y se sentía realizado, pero sacrificó su vida personal. “Trabajé tanto que olvidé a mi familia”, señala. Por eso quiso cambiar el rumbo de su vida.

Luego fue actor, participó en telenovelas inglesas, en películas de Hollywood, actuó en musicales… Hace unas décadas hasta tuvo su propia discográfica en Liverpool. “Necesito más horas del día –dice–, casi nunca paro, siempre hay cosas que hacer”. Aunque ahora mismo, “el 80% de mi trabajo es la música”, explica. Su amante, como él mismo la llama. “He dedicado mi vida a esta señora que se llama música”, asegura.

Pero, en definitiva, siempre ha sido escritor, profesor y artista. Así resume su dilatada y polifacética carrera profesional. “Los músicos nunca paran, esto es como una enfermedad, una obsesión”, dice. Bendita obsesión.

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