Melchora Ortega: “En la ducha se canta de muerte, pero necesitamos al público”

La polifacética cantaora jerezana estrena este sábado en el 25 Festival de Jerez 'Flamencas de película', un nuevo espectáculo en solitario, con un elenco 100% femenino, cuyo libreto y dirección vuelve a firmar Paco López

La polifacética cantaora jerezana Melchora Ortega, retratada en la Casa del Vino, tras su rueda de prensa previa al montaje que trae al 25 Festival de Jerez.
La polifacética cantaora jerezana Melchora Ortega, retratada en la Casa del Vino, tras su rueda de prensa previa al montaje que trae al 25 Festival de Jerez. ESTEBAN

¿Cómo se encuentra en este momento Inma, Melchora, la Memole…?

Son muchos nombres y respondo por todas, no me escondo de ninguno: estoy como nunca (ríe). Estoy cumpliendo un sueño, porque he aprendido que no se puede dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy,  y con Flamencas de película estoy cumpliendo un sueño de niña.

Que ya empezó hace unos años…

Con Por los pelos pusimos en pie la música de mi vida, con la que había crecido, la que escuchaba en mi casa cuando mi madre hacía la faena. Flamencas de películas está en ese mismo camino, en ese crecimiento artístico, pero reflejo de lo que yo veía en la televisión cuando era chica. Salíamos a las cinco del colegio, yo me iba todos los días a casa de mi abuela a comerme mi cachito de pan con aceite y azúcar, y me ponía a ver las películas que había entonces: Sara Montiel, Lola Flores… después llegaron esos programas musicales con mucho brillo, con Dolores Vargas, la Terremoto… En lugar de irme a jugar con las muñecas me ponía a imitar eso. Imitaba a Carmen Amaya, a María Jiménez… ese era mi juego. Y es lo que hemos querido reflejar en este trabajo, la libertad con la que esas mujeres, esas artistas, salían al escenario y hacían lo que les apetecía. Cantaban, bailaban, interpretaban… se atrevían hacerlo y nadie las catalogaba ni etiquetaba. Al final, es poder desarrollarnos como artistas en todas las facetas que tenemos, esas que están por desarrollar o que las tenemos y no lo sabemos.

¿Ha descubierto con estos trabajos cosas de usted que no conocía?

Totalmente, totalmente. Todo el mundo me ve en el escenario y se cree que soy una leona, pero soy muy dócil y obediente (risas). Cuando empezamos los primeros contactos con Paco (López), él me dijo: sé que tienes cosas que ni siquiera tú sabes, pero me tienes que hacer caso. Y le hice caso y ha sido un aprendizaje enorme. Ahora cuando hemos retomado el contacto para este espectáculo el aprendizaje ha sido más fluido porque ya venía preparada. Y él me está enseñando lo que es la palabra en la música, que eso es más natural de lo que creemos, y con estas letras que se han elegido, tan buenas, y algunas de las que me escribió mi querido Alfredo Benítez, va todo muy acorde a mis sueños y a mi momento actual, lo que estoy viviendo. Aparte de las pérdidas, de la incertidumbre, quiero ser feliz y luchar. Y quiero cantar y cantar. He nacido para cantar y esa es mi tabla de salvación en mis peores momentos.

Tres mujeres en una y una artista que nació para cantar

Melchora Ortega (Jerez, 1972) es, en realidad, el alias de Inmaculada Ortega. Una cantaora de precoz carrera que comenzó muy pronto a despuntar en concursos y certámenes de cante, hasta llegar a lograr hace más de 20 años ya (1998) el II Concurso de Jóvenes en la Bienal de Sevilla, lo que la consolidó como una de las grandes voces de su generación. Si en 2017 dedicó su primer montaje en solitario a Lola Flores, como reza la sinopsis de Flamencas de película, que estrena este sábado 15 de mayo (18.30 horas, Sala La Compañía) en el 25 Festival de Jerez, “sólo Inma sabe por qué es a la sensible niña de Pequeña Aldea —¡aquella serie japonesa de dibujos de los años 80!— a quien nombra su heraldo cada vez que necesita mostrarnos su faceta más personal y creativa, más libre, más transgresora”. Actualmente se encuentra preparando el que será su primer trabajo discográfico, que verá la luz a finales de 2021, y como muchos saben comparte vida y familia con el también cantaor David Lagos, que se ha encargado de la dirección musical de un espectáculo que cuenta con la colaboración especial al baile de Pilar Ogalla, y la música de Antonia Jiménez (guitarra), Mai Kikuchi (piano), Elena Jiménez (clarinete y acordeón). Todas ellas dirigidas por el director de escena cordobés Paco López, con quien ya trabajó en su anterior producción.

¿A qué flamenca y qué película no puede olvidar?

No es el hecho de una película concreta, que también, sino  a las de artistas como Sara Montiel, Lola Flores… pero también en los musicales con Dolores Vargas, con esos movimientos tan modernos… esas puestas en escena, esas luces… para mí eso era fantástico y no me puedo olvidar de ninguna porque todas han puesto en mí una semilla, especialmente la semilla de la libertad. Ya tengo una edad en la que no quiero encasillarme ni pensar que he llegado a mi límite. Quiero seguir creciendo y para eso hace falta libertad, para equivocarme o acertar yo. Con este espectáculo estoy felicísima, esa es la verdad.

¿Inma qué le dice a Melchora?

Que sea libre. Y Melchora le dice a Inma tú has nacido para cantar.

¿Y la pequeña Memole qué le dice a las otras dos…?

La Memole dice: ¡yo quiero, yo quiero! Yo quiero salir también… Quiero hacer esto, quiero hacer lo otro, que no pasa nada… Es la más libre (ríe).

¿Todo va a salir bien?

Sí, sí, la Memole no tiene miedo. Melchora tiene más miedo que ninguna. No deja de ser la flamenca que conoce el público y ahora hay que sacar a las demás también porque todas viven en mí, están ahí.

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Melchora Ortega posa tras la entrevista con lavozdelsur.es.  ESTEBAN

¿Recuerda cuando dijo en casa que quería ser artista?

Ja, ja, ja… sííí. Que no, que yo voy contigo… Mi padre quería venir conmigo a todos lados. Yo empecé con Periquín y su banda, y yo le decía que no podía venir, que no cabía en el coche. Su niña era la mejor, claro. Yo tenía entonces 19 años y empecé a pensar que cada actuación era la última. Yo era una niña, iba con mi Rocío Soto, y cuando viajábamos con Periquín era muy familia todo, venía Manuela, su mujer, sus niños… pero mi padre no me dejaba. Desde que con 15 años dejé de estudiar trabajaba en la casa de un médico y mi madre no veía nada claro lo de la noche y los peligros de ser artista, pero ella sabía que desde que yo era una niña cantaba…

Estaba predestinada…

Me decían que era recogía (risas)… En mi casa cantaba mi padre y mi madre, pero ellos acabaron dándose cuenta de que quizás para mí eso podía ser una forma de vivir, aunque ya te digo que yo estaba trabajando  en la casa de un médico y seguí ahí hasta casi que me casé con David, era mi colchoncito económico y me querían mucho. Pero mis padres aceptaron de forma natural que cantara porque veían que era feliz haciendo eso.

"Ahora se trata de hacerles un homenaje a ellas, a quienes consiguieron esa libertad para que nosotras ahora estemos aquí"

¿Cómo comparten su vida una cantaora y un cantaor?

¡De maravilla vivimos!

¿No hay pique?

No, cada uno sabe muy bien cuál es su papel y nos respetamos y, lo más importante, nos admiramos. Es muy importante saber lo que uno le aporta al otro, y aceptarlo con agradecimiento, aunque mi marío es muy jartible, está todo el día cantando (risas)…

¿Él más que usted?

¡Hombre! Yo creo que si no hubiese estado con él no hubiese descubierto que había nacido para cantar. He tenido momentos en mi vida de duda, que todos los artistas los tienen, y en esos momentos en los que pensaba que en mi casa estaba en la gloria, que mis niños eran más chicos, él me decía: tú tienes que hacer algo, ¿qué quieres hacer, quieres hacer croché? Ponemos una tienda… Él estaba todo el día detrás mía cantándome con la guitarra, yo le veía y decía: podría estar así. Y entonces no me compensaba porque tenía miedo, pero hasta que me di cuenta de que no, que yo lo que quería era cantar y era feliz cantando, algo que no hacía por miedo.

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Otro retrato de la artista jerezana.   ESTEBAN

En este espectáculo hay una base muy fuerte de reivindicación feminista.

Sí, pero más que eso, se trataba de hacer honor a las que sí han tenido que realmente luchar. Nosotras ya no tenemos que luchar tanto, pero hubo otras que lucharon mucho por nosotras. Nosotros cogemos esa lucha y decimos: aquí estamos. Ahora se trata de hacerles un homenaje a ellas, a quienes consiguieron esa libertad para que nosotras ahora estemos aquí.

Pero es innegable, siendo verdad lo que dice, que en los elencos y en los escenarios hay todavía grandes desequilibrios…

Hombre, nos ha costado, nos ha costado formar el elenco. Por ejemplo, palmeras a día de hoy no hay ninguna. No hay mujer palmera. Las palmeras son cantaoras o bailaoras, pero no son palmeras. Guitarristas van saliendo y las hay muy buenas, pero también les cuesta porque, claro, algunas son concertistas, o están más en compañías… una guitarra que acompañe el cante es difícil de encontrar. Los mismos compañeros somos los que tenemos dar oportunidades y no hay otra forma de aprender más que delante del público. Tienes que estudiar, prepararte en tu casa, pero el verdadero aprendizaje está encima del escenario. Por eso nos hace tanta falta el público a los artistas. He cantado en la pandemia más que en toda mi vida, entre vídeos que me han pedido, no sé qué, no sé cuánto… pero eso no vale. No tengo que medir nada más que conmigo. En la ducha se canta de muerte, no te sale ningún gallo…

Qué buena acústica…

Donde mejor se canta. Pero necesitamos al público para saber qué debes o no debes hacer. Enfrentándote a eso es donde ves si eres capaz o no.

¿Qué vacuna hay que encontrarle al flamenco?

Que nos valoren, que valoren que esto es una cultura, una vía muy buena para sanar todo lo vivido, sanar enfermedades, heridas y tirar para adelante. Una vacuna para que sepan que estamos aquí y que somos muy valiosos. Si nos ponen ese pinchacito a todos, salimos a flote.

La jornada se completa...

Este sábado 15 de mayo promete sensaciones fuertes en el 25 Festival de Jerez. A la una de la tarde, en La Atalaya, estarán las mellizas Florencia Oz e lsidora O' Ryan, con el estreno absoluto de Muy personal. A las tres de la tarde habrá cita del ciclo De peña en peña en la peña Luis de la Pica, en Santiago, mientras que a las 20.30 horas, en Villamarta, estrena su nuevo espectáculo el bailaor gaditano Eduardo Guerrero. “Es una pieza de amalgama, entrelaza puntos de vista, donde la tradición y la contemporaneidad van de la mano”. Así define Guerrero Debajo de los pies. “Se ha ido creando capa a capa”, señaló ante los medios de comunicación, a la hora de explicar los detalles de su nueva obra’. Y el resultado es “una pieza grupal” en el que se construyen puentes entre diversas líneas estéticas. “Sentía la necesidad de compartir, de crecer como artista”, añadió, abandonando ese egocentrismo natural que suele envolver toda creación. ‘Debajo de los pies’ nace de un sentimiento de búsqueda de “lo más terrenal” del bailaor gaditano. Esa indagación comenzó en 2017 y tuvo como guía a David Lagos. La primera parada se centra en un romance que se graba a Tío Maleno.

Luego, llegaron otros espectáculos y la inesperada pandemia. Es entonces cuando Guerrero retoma la idea de ”rescatar este material”, pues no siente la necesidad de caminar, “sino de parar un rato”. En ese estado de incertidumbre colectiva Guerrero se plantea conflictos sociales más allá del baile: la falta de comunicación, la individualidad excesiva y por qué ocurría todo esto. Recurre al guitarrista José Acedo para “organizar el guion musical” y todo empieza por peteneras, reflejo de un estado de ánimo. Luego llegaría el trémolo para convertirse en columna vertebral del espectáculo.

Al igual que Tío Maleno, Remedios Amaya aparecerá en un vídeo en este montaje. “Necesitábamos esa presencia. Remedios Amaya es la artista que más ha caminado. Es otra pieza fundamental”, añadió. Todo ello pretende llegar a la búsqueda de “ese ser de verdad”, que da valor a las cosas simples y esenciales, al mismo tiempo. Además de los palos flamencos mencionados, en este Debajo de los pies —con dramaturgia y dirección escénica de Mateo Feijoo—, Guerrero ofrecerá un amplio registro que incluye bulería, milonga, alegrías, tangos… Y su baile tendrá la compañía de Sara Jiménez y Alberto Sellés. A la guitarra de José Acedo, se suma el cante de Ismael de la Rosa y la batería de Manuel Reina. Los audiovisuales y el espacio sonoro llevan la firma de Los Voluble.

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