Juan Salguero, miembro del Patronato de la Fundación Caballero Bonald, nos acercó a la figura de Faustino Lobato, como poeta y como persona. Se conocen desde jóvenes: “Faustino siempre ha mostrado una gran sensibilidad artística”. Han compartido experiencias poéticas y teatrales. También le gusta dibujar, “pero entre todas estas inquietudes artísticas prevaleció, la palabra, la poesía”. Estamos ante un poeta extremeño, de Almendralejo. Completó sus estudios en Filosofía y Humanidades en Bélgica. Allí entró en contacto con poetas y músicos de habla francesa. Es profesor de Filosofía. En 1998 publicó su primer poemario. Ha obtenido el Diploma de honor en el V Concurso Internacional de Arte Amico Rom en Lanciano (Italia), el Primer Premio de Poesía Villa de Montijo (2000), el Primer Premio en el Concurso de Poesía de Primavera de la Real Sociedad Económica de Amigos del País (2002) y el Premio del II Concurso de Cartas de Amor de San Vicente de Alcántara. Ha publicado los siguientes poemarios: Cuatro momentos para el poema, Poemario gitano, Pegados al horizonte, El vuelo de la palabra, Quiebros del laberinto, Las siete vidas del gato, Un concierto de sonidos diminutos y El nombre secreto del agua. En prensa está Memorias de un naufragio. Participa en diferentes foros y tertulias culturales, como Gallos quiebran albores y Página 72. Para Juan Salguero: “La poesía de Faustino Lobato tiene claros matices introspectivos que nos acercan a su mundo interior, a su rico mundo personal, desde el que contempla la vida y sus diferentes aspectos con el prisma poético de su voz personal, que se asienta y se define en cada nueva publicación”.

Josefa Parra resaltó la huella que ha dejado el filósofo Heráclito en nuestra cultura. Nunca te bañarás dos veces en el mismo río… La poesía, el relato y la metaliteratura han utilizado en muchas ocasiones las sugerentes ideas del pensador de Éfeso. El nombre secreto del agua se vertebra a través de ese Todo fluye, todo cambia, nada permanece… “A partir de estas tres aserciones va trazando, como se dibujan los meandros de un río en un mapa, una senda de agua, a veces rauda, a veces demorada…, como el río Guadiana, tres veces río”. La estructura del libro refleja una comparación esencial: “El amor y la vida se asemejan al agua, al río. Fluyen la existencia, el agua y las palabras”.  En cuanto al estilo: “El lenguaje de este libro se salta los márgenes que separan el léxico del cuerpo, de la naturaleza o del propio lenguaje. Así, la piel está llena de remansos; un abrazo baña como el mar; un río es una pregunta; y el sueño comparte fronteras con el agua”. Las tres partes de este poemario tienen vocación filosófica: nos invitan a reflexionar sobre la fragilidad, la soledad, el cambio, la duda, la memoria y la nostalgia. Las estrofas son cantos rodados, dice Josefa Parra.

Faustino Lobato explicó la génesis de este libro: “De lo que quiero hablar es de la fragilidad, una fragilidad aceptada, porque cuando se acepta, uno crece”. Heráclito le proporciona únicamente el esquema estético. Estos poemas nacieron con las fotografías de Carlos Rivero, imágenes sobre rincones del Guadiana que el fotógrafo de Badajoz publicaba en su blog. “Me encantaron y fui poniendo versos a pie de foto”. Y al final los versos fueron creciendo por sí solos hasta que dieron lugar a este libro, publicado por Ediciones Vitruvio. Está muy satisfecho con el resultado. Además, sus compañeros de la tertulia literaria “lo analizaron a fondo para evitar adjetivaciones y asonancias”. El nombre secreto del agua combina todos los recursos poéticos, porque cada emoción, cada idea, requiere unos cauces diferentes, nos aclara. Le gusta mucho la prosa poética. Y ha leído a los poetas portugueses. De hecho, varios poemas del libro ya han sido traducidos al portugués.

La sesión concluyó con una emocionante y bella lectura de poemas. Dolors Alberola, Pepa Parra y Faustino Lobato recitaron los textos, con imágenes del río de fondo. El sonido silbante de los versos en portugués nos acercó a la fluidez de las aguas.

21

Tengo la luz pegada a la espalda

con esa misericordia de colores

que hace diferente la tarde.

Y hago silencio, un rito

que acorta la distancia

entre el caos y la eternidad.

Tengo el perfume de las piedras,

el rostro del agua, que perdona

la ceguera de los días.

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