Con el saxo de Óscar Clavijo nos adentramos en una noche de poesía y emociones. Rosario Troncoso, poeta y directora de la editorial Takara, conversó con el autor sobre la obra recién nacida. Nos contó que estaba muy emocionada por poder presentar Pequeños trazos, el primer poemario de su amigo y compañero de mil batallas literarias, como la revista El Ático de los Gatos. “Desde hace muchos años estoy detrás de Paco para que publique un libro de poemas. Pero por unas cosas o por otras ha costado un poquito…”. A continuación, resaltó Rosario Troncoso la inmensa humildad de este “gran poeta”: “Hasta en el título es humilde, Pequeños trazos, pero yo diría que son grandes trazos... Y es de justicia que Paco tenga ya su libro publicado, porque lo merece. Es un libro que emociona desde el primero de los versos hasta el último”. “Todos los trazos de colores, dependiendo de la temática, confluyen en una policromía de voces, que es la tuya, una voz cada vez más sólida, y que quiero ver crecer”, subrayó Charo. También habló de su trabajo en Takara: “La labor de editora es dura. Somos supervivientes. Nos mantenemos en pie… Porque hoy en día hacer libros es una tarea complicada. Es una aventura temeraria. Pero emprender esta tarea con amigos es realmente algo satisfactorio”. Francisco J. Márquez explicó al numeroso público cómo empezó a escribir poesía. Todo surgió con esos poemas, “quizás malos”, que uno escribe cuando está enamorado. Por lo tanto, la culpable fue su mujer, con la que luego asistió a un taller de poesía erótica que impartía Rosario Troncoso. A partir de ahí entabló una gran amistad con Charo,  y no han parado de trabajar juntos en diversos proyectos. “Es cierto que Charo estaba detrás de mí para que publicara un libro. Pero yo nunca veía el momento y siempre intentaba darle largas, porque no me sentía todavía orgulloso de lo que estaba haciendo”. Sin embargo, todo cambió cuando conoció a otro gran poeta de nuestra tierra: “Hasta que se cruzó este señor con sombrero que está ahí sentado, oculto porque siempre quiere pasar desapercibido, y fui a un taller literario suyo. Si Pepe Mateos no se hubiera cruzado en mi camino este libro no existiría… Él es el que pone cauce a la poesía, me quita los pajaritos de la cabeza y me enseña a cantar a mí realmente”. Respecto al título, Paco Márquez aclaró que nunca deseó que fuese un título ostentoso. Siendo su primer poemario, no quería un título enrevesado, sino uno que tuviera verdadero significado en el libro. De hecho, uno de los poemas es Pequeños trazos. “El libro son pequeños trazos de mi vida. Todo mi paso por este mundo lo considero como una obra pictórica, escultórica, poética en este caso. Y todo ese tipo de obras empiezan por un esbozo, por un modelado, una pintura o unos versos. Y estos son mis primeros versos…” El libro está dividido en colores: trazos rojos para el amor y la pasión, negros para la muerte, luego grises, azules, blancos… El autor nos leyó varios poemas de cada capítulo, acompañado por la música de Óscar Clavijo. Poemas de amor y erotismo para el rojo, con playas idílicas de fondo… Y poemas de amor también dedicados a la madre que espera a un nuevo ser. Los trazos negros dieron paso a momentos cargados de emoción. El color negro permite expresar el paso del tiempo y el recuerdo de los seres queridos que ya no están aquí. Francisco aborda la muerte cara a cara, incluyendo momentos personales muy tristes. Pero escribir “es una forma de esperanza, de inmortalizar”, nos recordó. Aunque la ley del mar no tiene piedad… El azul representa la nostalgia y la melancolía. Al poeta, cuando contempla a su hijo, le asaltan recuerdos que el escritor tenía dormidos, recuerdos que se mezclan con la experiencia cotidiana hasta el punto de no saber a quién pertenecen. Y, cómo no, aparecen los días de colegio, el pupitre, la pizarra, el niño de la última fila… En los trazos blancos el poeta intenta no dejar su esencia en el poema, quiere alejarse de su escritura. Óscar Clavijo, que había puesto música a los colores anteriores, reconoció la dificultad de elegir un tema que insinuara ese alejamiento metalingüístico… Francisco José Márquez, por último, agradeció los consejos de Pedro Sevilla, poeta de Arcos de la Frontera. Gracias a la mirada crítica y sabia de Pedro, los versos perdieron la hojarasca, lo accesorio, para atrapar la esencia de la poesía. No faltaron los agradecimientos a los miembros de la Luna Nueva por ofrecer su jardín, un espacio ideal para vivir la literatura.

La ley del mar

El mar nunca se cansa de mecer el cuerpo de sus náufragos…

Los hunde y los arrastra, luego son arrojados a la orilla allí junto a conchas, caracolas despobladas y algas moribundas, que pisan ignorantes los bañistas.

Las olas nos imponen su constante justicia… Justicia de agua y sal, ciega y antigua ley que nunca distinguió huesos de hojas o espinas.

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