Monumento a Blas Infante
Monumento a Blas Infante

Inauguramos esta nueva sección el día en el que se cumplen 80 años de las premonitorias palabras de Blas Infante en el balcón principal del Cabildo de Cádiz.

Inauguramos esta nueva sección de cultura en lavozdelsur.es el día en el que se cumplen 80 años de aquellas premonitorias palabras de Blas Infante en el balcón principal del Cabildo de Cádiz: “La bandera andaluza… que aquí hemos izado… no nos traerá la paz, ni la esperanza, ni la libertad que anhelamos si cada uno no la lleva en su corazón…tengamos cuidado, no vaya a venir un huracán y se lleve, no sólo el símbolo, sino a todos nosotros”. Un día más tarde, el 13 de julio de 1936, Infante visita Jerez donde después de un mitin en el Círculo Radical pronuncia lo que es su última locución radiada en Radio Jerez exaltando la identidad andaluza y su posibilidad de autogobierno político.

No es nuevo esto de las autonomías en España. Ni la inventó Suárez, ni el Rey, ni Alfonso Guerra. Es un debate presente siempre a lo largo del intenso siglo XX y Andalucía también tiene mucho que decir, como nos disponemos a esbozar.

El 23 de noviembre de 1918, materializando el acuerdo de la Asamblea de Ronda de principios de ese año, el Centro Andaluz de Sevilla en nombre de un emergente movimiento andalucista registra en el Ayuntamiento y en la Diputación hispalenses la primera solicitud de autonomía para Andalucía dirigida a “todos los municipios, representantes en Cortes, diputaciones, entidades y asociaciones políticas, culturales, agrarias y económicas... en pie de igualdad con los pueblos de España”. “La hora de la liquidación de la vieja España ha sonado ya”, recoge aquel texto.

Con la dictadura de Primo de Rivera existió un intento mancomunal regionalista que pretendía constituir las ocho diputaciones en un pseudo parlamento andaluz, pero fue la llegada de la República la que posibilita en su máxima norma –Constitución de 1931- constituir autogobiernos por los distintos territorios del Estado. De nuevo el movimiento liderado por Blas Infante solicita el inicio del proceso encontrando ahora una representación institucional más sensible ante la nueva posibilidad. No todos los partidos respaldarán con el mismo interés la cuestión. La derecha reaccionaria une sus fuerzas a una vieja izquierda que en principio no ve la necesidad de una autonomía a la que considera burguesa e innecesaria. Pero la dinámica se inicia y es el Ayuntamiento de Marinaleda el primero en apoyar dicha posibilidad.

Asambleas preparatorias por las ocho provincias y el decidido apoyo de los consistorios, entre ellos muy especialmente el jerezano, compensarán el desinterés de unos diputados en Cortes más preocupados por el impacto que el autogobierno catalán ejercía. Aun así, del 29 al 31 de enero de 1933, la ciudad de Córdoba acoge una Asamblea Regional Andaluza en la que se concreta un tercer borrador de Estatuto que sería difundido por instituciones y fuerzas vivas del territorio para su debate. La llegada de las derechas al poder y el inicio del ciclo conservador representan un intento por rectificar toda la política de realizaciones del primer bienio y, con ella, las expectativas autonomistas quedan suspendidas.

Es con la llegada del Frente Popular cuando la descentralización territorial del Estado vuelve a ponerse en marcha y con ella el proceso andaluz. De nuevo el movimiento andalucista, organizado ahora como Junta Liberalista, reclama que se retomen de nuevo una gestiones paralizadas que contarán ahora con el apoyo de las fuerzas de izquierda. La autonomía sería finalmente considerada como una forma de consolidar la República y sus reformas políticas. Así las cosas, el 5 de julio de 1936 tiene lugar en la sede de la Diputación hispalense una nueva Asamblea Regional donde se elige una Comisión Promotora de Estatuto de la que se nombra presidente de honor a Blas Infante en reconocimiento a su labor de años.

El nuevo equipo debía convocar para septiembre un encuentro definitivo que fijase el articulado estatutario que se iba a elevar a las Cortes para su aprobación. Allí estaban también representantes jerezanos: Diego Gómez Serrano, concejal de Unión Republicana y primer teniente de alcalde, así como Antonio Chacón Ferral, Jefe de la Policía Local, flamencólogo y activo promotor autonomista vinculado a los círculos liberalistas que, por cierto, muere fusilado días después del golpe. Todo ello, en un escenario de reconocimiento a los símbolos andaluces tal y como hoy los conocemos. De hecho, el 8 de enero de 1933 es el Ayuntamiento Jerezano el que iza, como otros muchos de la época, la verde y blanca de su balcón principal.

El proceso hacia el autogobierno se las prometía felices pero nadie podía dar la espalda a la crispación política que acompaña los últimos años del periodo republicano. Dentro de la campaña de sensibilización autonomista Blas Infante acude a Cádiz donde la Comisión Promotora se reúne con una representación municipal, de forma que tras el encuentro, 12 de julio de 1936, el balcón principal de ese Cabildo acoge un nuevo izado de la enseña andaluza. Es ahí donde Infante pronuncia sus premonitorias palabras: “la bandera andaluza… que aquí hemos izado…no nos traerá la paz, ni la esperanza, ni la libertad que anhelamos si cada uno no la lleva en su corazón…tengamos cuidado, no vaya a venir un huracán y se lleve, no sólo el símbolo, sino a todos nosotros”. 

Un día más tarde, Infante visita Jerez donde después de un mitin en el Círculo Radical pronuncia lo que es su última locución radiada en Radio Jerez exaltando la identidad andaluza y su posibilidad de autogobierno político (sita en Plaza de las Angustias, 11). Sin embargo, pasó lo que pasó con la insurrección militar y no hace falta muchos comentarios. 

La cuestión es que Andalucía no pudo consumar con normalidad su proceso a la autonomía aun cuando Galicia y País Vasco lo completan durante los años de guerra. De ahí que la Constitución de 1978 les reconozca junto a una Cataluña que alcanza dicho estatus en 1932, como comunidades históricas y, por lo tanto, no sometidas a la necesidad de demostrar sus aspiraciones en un referéndum imposible y con trampa. Pese a que aquel 28 de febrero se pierde con la Ley en la mano que aprueban a escondidas UCD y PSOE, sólo la movilización de los andaluces y andaluzas es la que finalmente conquista un autogobierno de primer orden competencial político. El caso es que con el 4 de diciembre de 1977 y el 28 de febrero de 1980, Andalucía recupera lo que la Historia le había negado el 18 de julio de 1936. El 80º aniversario de aquella fecha es un magnífico pretexto para recodar todo lo que nos quitaron y lo que nos dejaron; para apreciar todo lo que fuimos y somos “tras siglos de guerra…hombres de luz que a los hombres almas de hombres les dimos”.

Manuel Ruiz Romero, Doctor en Historia y presidente del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (CEHA).

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