El kilómetro cero de todas las ausencias

En La casa del padre (Huerga y Fierro Editores, 2019), el poeta cordobés Ramón Rodríguez Pérez elabora la solidez de su mensaje sustentado por la música.

Ramón Rodríguez Pérez.
Ramón Rodríguez Pérez.

En La casa del padre (Huerga y Fierro Editores, 2019), el poeta cordobés Ramón Rodríguez Pérez elabora la solidez de su mensaje sustentado por la música. La psicosemántica del verso nos llega en clave de emoción a través de una cadencia que conjuga el ritmo poético con la emoción que lo motiva. Se vuelve, entonces, La casa del padre, una lectura desasosegante en el que el núcleo de la vivienda familiar paterna ejerce del lugar de desarraigo al que nos impulsa la vida y la edad adulta, es, el hogar que compartiésemos con nuestros antecedentes familiares más directos, el kilómetro cero de todas las ausencias, desde aquellas que en forma de dolor nos llaman desde la muerte hasta nuestra propia pérdida, la del niño que en un lugar lejano del tiempo ya no se acuerda de nosotros y al que quizás hemos abandonado. “No sé nada de la muerte / No sé nada de su cal sagrada / Solo conozco la ausencia”. Declara el poeta en el poema ‘Ubi Sunt’. O… “El día que Wendy murió los niños quisimos crecer”, en lo que denota una clara referencia a la desprotección, a ese hacerse mayor a base de golpes y a esa traición que contra la infancia se acomete. 

Las imágenes, las evocaciones presentes en el libro convierten el poemario en un originalísimo conjunto en el que la poesía se fortalece y triunfa. Atendiendo a ella, ya lo dijo Chomsky, como una rama de la psicología del conocimiento, ahondar en La casa del padre es situarnos frente a nuestro propio espejo, asomarnos al sentimiento de orfandad y la desolación que impregna los sentidos cuando en la vida todo es ya desahucio, una inevitable sucesión de pérdidas. Vivir es aceptarlas, escribir sobre ellas tal vez consista en ser consciente de nuestra propia fuga. 

Ramón Rodríguez Pérez (Villa del Río, Córdoba) es licenciado en Geografía e Historia y ha obtenido varios premios como poeta. Su primer libro, Los días distintos (2007), fue una consecuencia de ello. En 2013 publicó la plaquette Columbario. Más allá de la poesía su obra abarca el relato corto, género en el que también goza de diferentes galardones, y cuyos trabajos han sido recogidos en el libro El viajero inmóvil (2011), o las artes plásticas.  

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