El hombre que hablaba con los objetos: de las huellas de las FARC y el Sahara a La Zaranda

El profesor de comunicación, ejecutivo y realizador de televisión colombiano Germán Ortegón se "encierra" unos días en la nave que la compañía teatral tiene en Jerez para un proyecto fotográfico, cofinanciado por la Universidad Javeriana, que podrá verse en 2020 en Bogotá

Germán Ortegón, en la entrevista con lavozdelsur.es. Al fondo, iconografía y cartelería de La Zaranda. FOTO: MANU GARCÍA
Germán Ortegón, en la entrevista con lavozdelsur.es. Al fondo, iconografía y cartelería de La Zaranda. FOTO: MANU GARCÍA

La Macarena es un territorio del centro de Colombia donde pocos creen en la paz. Los campesinos aún ven milicias en los domingos de mercado y siempre hay temor al rearme activo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que firmaron un acuerdo de paz con el Estado hace tres años después de más de medio siglo de violencia y narcotráfico, y todavía no está claro si simplemente se trata de un armisticio. Durante cuatro años, Germán Ortegón Pérez (Manizales, 1966) recorrió los territorios devastados por la guerrilla y buscó a sus sobrevivientes, pero con el ánimo de "dignificarlos" a través de la imagen, "no de revictivimizarlos". "Se extrañaron de que no me interesara fotografiar sus caras", cuenta. Así surgió su proyecto Después de la guerraLas fotos son de las huellas del paso de los excombatientes por los campamentos: unos petates aún colgados, una bota de agua recubierta de fango, unas chanclas calcinadas, unos suelos que antes fueron campo de minas. Las historias tras los objetos, el multirrelato a partir de los objetos.

Este comunicador con una experiencia de 25 años como productor ejecutivo, realizador y director de televisión en la televisión estatal colombiana —CMI Televisión—, no aparcó su trabajo de campo cuando accedió a dar clases en el grado de Comunicación y lenguaje de la Universidad Javeriana, en Bogotá. Una de las academias de referencia en la enseñanza del periodismo y la comunicación en América Latina.

Objetos 'zarandianos'. FOTO: MANU GARCÍA

En sus más de quince años como docente, no solo ha tratado de inculcar a sus alumnos la necesidad de "cambiar la mirada para tener nuevas versiones de la historia", sino que ha profundizado en su incansable búsqueda de los objetos como grandes fuentes de historias, capturándolos, hablando con ellos y hallando siempre nuevos enfoques tras el primer golpe de vista. Como hizo en los campos de supervivientes de la guerrilla colombiana o cuando viajó a los campamentos del Sahara Occidental. Se trata, sostiene en conversación con este medio, de "descubrir que hay mucho más allá desde el dolor y la muerte; reinterpretarlos y hacer conciencia entre la gente".

"Más que periodista, lo que me he considerado siempre ha sido narrador. Desde los siete años, siempre he tenido mucha fama entre toda mi familia y amigos de que hablo demasiado. Me dedicaba a contar historias y todo lo que estaba viviendo siempre estaba ahí. Sufro incontinencia oral", subraya a lavozdelsur.es sentado en un viejo butacón almacenado en la nave de la compañía teatral La Zaranda, en Jerez de la Frontera, a 12 horas de vuelo y 7.700 kilómetros de distancia de su tierra. Ha llegado a Jerez porque, cofinanciado por la Universidad Javeriana, prepara un proyecto fotográfico —que podrá verse en Bogotá en 2020— sobre la tradición objetual en el grupo jerezano, con más de 40 años de trayectoria, Premio Nacional de Teatro, y con un fuerte peso y poso en Latinoamérica. Hace más de década y media, el también periodista y profesor colombiano Wilson Escobar ya les dedicó un estudio en profundidad con su libro La Zaranda. Tanta pasión, tanta vida (Escenología, 2003).

Ortegón, en la nave, tras la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

Ahora Ortegón se ha enfrentado a encerrarse en la nave jerezana de la compañía para ver "qué me dicen unos objetos que, si sumamos todos sus años y todos los sitios del mundo de donde proceden, probablemente encierren toda la historia de la humanidad". "Siempre quise hacer un documental sobre ellos, y ahora haremos esta parte fotográfica. Vine en enero al último ensayo de El desguace de las musas, y le comenté a Eusebio (Calonge, dramaturgo de la compañía) que si me podía encerrar en la nave, a ver qué pasaba; me dijo que era mi casa, y aquí ando dialogando con estos objetos, que forman parte de la historia de más de 40 años de una compañía teatral, pero que, sumando los años de cada uno de ellos, diríamos que está la historia de la humanidad, no solo desde todo el arte que hay aquí, y de cómo los ponen en escena, sino por quiénes los construyeron, de dónde procedieron".

Mucho antes de todo esto, Ortegón inauguró su afición por la imagen a los 13 años, cuando su madre llevó a casa una Olympus duplicadora. Al año, bromea, "me contrataron en la BCC, pero no en la de Londres, sino en Bodas, Bautizos y Comuniones". Muchos años después, "me di cuenta que lo que me llamaba la atención no era hacer fotos a la gente, sino a las cosas, que empezaban a tener importancia en la gente. En las bodas, lo importante era el pastel, el vestuario o los zapatos de la gente, no la gente como tal. Cuando ya trabajé en prensa, siempre estaba escribiendo qué es lo que pasaba en esos objetos. Luego, en el mundo audiovisual, alguien me dice que eso que escribía quería verlo en vídeo. Me daba pereza, pero al final llevo alrededor de 25 años en la televisión contando historias desde lo audiovisual".

Esqueletos de 'Vinagre de Jerez', obra de La Zaranda. FOTO: MANU GARCÍA

Su programa en la tele pública de Colombia fue un éxito rotundo mientras se mantuvo en antena. Desmontaba los tópicos y narraba otras historias de creación y superación lejos de la versión oficial de un país en llamas. "Lo más duro que se ha hecho con todas las poblaciones es tener una sola versión, y además la más mala, y olvidamos que las culturas son muy amplias, gente que crea, que hace música, escribe... hay una cantidad de gente haciendo cosas. En Europa aún creen algunos que llevamos taparrabos".

"Quería salir de esa Colombia profunda, violenta", cuenta un hombre que se ha recorrido cámara en ristre toda América Latina (de México a Punta Arenas) y que almacena un archivo de unas 70.000 fotografías en una casa que es un museo con medio centenar de objetos con "millones de años de historia", entre cachivaches y árboles petrificados. "La gente me decía que aquello no tenía sentido, pero para mí sí lo tenía, yo quería ver bellos esos objetos. Y me di cuenta de que una cosa es fea dependiendo de dónde esté el punto de vista; y entonces también descubrí que los objetos son bellos en su hábitat natural. Muchos de esos objetos terminaron en mi casa, algunos se los compraba a los dueños, y en mi casa terminé haciendo como una especie de museo".

Un Simón Bolívar de La Habana, propiedad de La Zaranda. FOTO: MANU GARCÍA

Bisnieto, nieto e hijo de desplazados, de campesinos errantes como consecuencia de la violencia en su país, Germán Ortegón, entre cientos y cientos de objetos, lo que realmente buscaba era a sí mismo. "Hago una catarsis de las cosas que no viví, y ese es mi viaje. Lo más joven que hay en mi casa soy yo porque el resto... tengo objetos de 60 millones de años atrás, árboles petrificados que he encontrado por caminos. Son parte de mí". Eso enlaza directamente con la filosofía y el lenguaje teatral de la Zaranda. "Me interesa la historia detrás del objeto porque habla de quién lo construyó, de quién fue su dueño y por qué esa estética. Hay un multirrelato que perdura en el tiempo, como en la Biblia o en el Quijote. Cuando en una casa en la sala común hay una foto de los abuelos nadie quiere tocarla porque esa foto ya habla", expone.

"Hablemos de que el mundo es posible a pesar de las dificultades, ya hay mucha gente hablando de la mierda que es vivir en este mundo. Devuelvan la esperanza que ustedes son los jóvenes", espeta a sus alumnos en muchas de sus clases. Quizás, el mismo mensaje esperanzador que subyace en los textos de la compañía teatral andaluza. "Los latinos tenemos una cosa, somos muy románticos todavía, tenemos mucha nostalgia por las cosas no vividas, no hemos hecho las transiciones lentas, sino muy rápidas. Y en América Latina queda el viaje hacia el espíritu, y La Zaranda tiene siempre una reflexión sobre el sentido humano y un viaje hacia el interior de uno mismo. Yo a Europa la sentía vieja, cansada y pensada. Nadie se sorprendía. En América Latina hay un espíritu vivo y todavía tenemos sueños. Eso lo hace La Zaranda y por eso allí nos impacta tanto. Indagar sobre el espíritu humano y las preocupaciones humanas, como niños que somos, nos permite ponernos juguetones. Es completamente mágico".

Germán Ortegón, en un momento de la conversación con lavozdelsur.es, en la nave de La Zaranda en Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

Todos estos objetos viejos y abandonados lo que hace Zaranda es "ponerlos bellos en el escenario, que es lo que yo intento hacer con la cámara, cambiar la posición, respetar la luz de los lugares... si ves el color de La Zaranda, que es ocre y sepia..., ahí está la nostalgia. En Argentina son muy fuertes porque todos los argentinos decimos que tienen al lado un psicólogo y La Zaranda es una profunda reflexión sobre nosotros, 30 y pico de años yendo a reflexionar con América, y eso es muy importante porque para nosotros, el teatro que no dice nada, no sirve. O el arte que no dice o no aporta, no sirve. Respeto todos los conceptos pero creo que para la mayoría de latinoamericanos si no nos toca, no dice nada. En España tristemente La Zaranda se puede haber vuelto parte del paisaje, pero tener la certeza de grupos con semejante mística, disciplina, cómo abordan los temas, con esa investigación... son muy pocos ya en el mundo del teatro los que lo hacen".

Las historias, la cara b de la sociedad, los marginados. El ansia de contar relatos. Como en el periodismo. "La Zaranda —ultima Ortegón— cuenta relatos en puestas en escena, pero es que cuando haces un noticiero también es una puesta en escena. Toda obra de teatro es finalmente una historia periodística. El teatro lo único que ha hecho toda la vida es ponernos a preguntarnos qué pasa con el ser humano, y esa es la reflexión más importante que también debe hacer el periodismo. El hombre lleva alrededor de 150.000 años sobre este planeta y lo primero que ha hecho es contar historias en una fogatica pequeña. Hoy día tenemos la misma fogata, un celular que prendemos y aparece la lucecita para contar el relato. Trascendemos ahí, nada ha cambiado. Esos narradores primigenios, que luego también se llamaron periodistas, siempre han hecho lo mismo, contar relatos, ya fuese desde la música o el teatro. No hemos parado de contar historias y eso es lo que ha trascendido en la humanidad. Con uno solo que lea la historia o vaya al patio de butacas, ya habrás trascendido un poco".

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