#CarteleraSur 'Handia', una historia sencilla solo en apariencia.

Handia, el gigante de Altzo, puede ser un personaje real; parece que sí, que hubo alguien llamado Joaquín Eleizegi Arteaga cuyas descomunales medidas anatómicas causaron asombro durante el segundo tercio del siglo XIX, en el País Vasco primero y luego en el resto de España y otros países europeos. Pero los hechos históricos bien pudieron ser parcialmente inventados, modificados o simplemente exagerados, dando lugar a la fábula (ahora leyenda urbana) a medio camino entre la crónica y el folktale.  

Handia cuenta la historia de los hermanos Martín y Joaquín Eleizegi, campesinos guipuzcoanos forzados por la necesidad a salir de su caserío en las montañas para ganarse la vida en las ciudades exhibiendo la desmesurada anatomía de Joaquín en barracas de feria. 

Jon Garaño y Aitor Arregi (Loreak (2014)) son los directores de esta historia sencilla que, al menos superficialmente, parece un cuento narrado por el abuelo al nieto al calor de la lumbre. Al comienzo solo están los dos hermanos, el padre distante y el bosque. Una elección terrible del padre marca la vida de Martín y Joaquín. La guerra deja sus marcas físicas en uno de los hermanos y su vuelta a la sombra paterna deja sus marcas psicológicas.

La frontera entre el hecho histórico y el mito se torna borrosa, y a esta indefinición ayuda la ambientación, rigurosa y cuidada pero rígida y teatral en la puesta en escena y en los diálogos. El caserío, el bosque y la tierra, personajes importantes de la historia, añaden intemporalidad y acentúan su carácter de leyenda.
Handia
tiene algunos puntos débiles, el más grave es lo disperso del guión. La relación entre los hermanos progresa poco y se repiten episodios sin que estos hagan avanzar la historia. Joseba Usabiaga (Martín) hace un trabajo más inexpresivo y estático que Eneko Sagardoy (muy realista su caracterización de Joaquín), y en general sus diálogos son poco fluidos.

Estos peros no impiden que la película se disfrute. La historia es sencilla y en clave de fábula, algo que conocen bien los Hermanos Cohen, Tim Burton o David Lynch, pero como en toda narración popular, bajo la aparente sencillez hay temas eternos. El gigante benévolo no es otra cosa que nuestra vulnerabilidad y nuestro miedo a la exposición pública. La vuelta de Martín tras la guerra, es la vuelta a la seguridad del hogar y la renuncia a los deseos de aventura. Caserío y ciudad son polos antitéticos y simbolizan lo inocente frente al artificio y el engaño. La elección del padre demuestra la eterna cuenta pendiente entre hermanos sobre las preferencias paternas. La barraca de feria y la exhibición de lo monstruoso están justificados por nuestra propensión al voyeurismo.

Handia es una película agradable, transparente y ligera solo en apariencia. Detrás de un guión algo torpe y una sugerente puesta en escena hay una fábula sobre el paso del tiempo, nuestra vulnerabilidad y nuestra conexión con la tierra. Handia no puede parar de crecer, al revés que Benjamin Button, pero el tiempo se le escabulle entre los dedos igualmente.

Handia (Aundiya. España, 2017). 114 min. Dirección: Jon Garaño y Aitor Arregi. Guión: Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Andoni de Carlos. Fotografía: Javier Agirre. Música: Pascal Gaigne. Reparto: Eneko Sagardoy, Joseba Usabiaga, Ramón Agirre, Iñigo Aranburu, Aia Kruse.

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