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Me llega el siguiente WhatsApp: "Adoro el espectáculo pornográfico para la razón en que se ha convertido la prensa tras el fin de las utopías.

Me llega el siguiente WhatsApp: "Adoro el espectáculo pornográfico para la razón en que se ha convertido la prensa tras el fin de las utopías."

Me pregunto si los lectores de El País están de acuerdo con este amigo. Recurro a ellos porque al parecer el pasado lunes hicieron gala de una gran objetividad a la hora de evaluar un debate entre candidatos a inquilino de La Moncloa. Que únicamente fuera un toma y daca entre tres no debe importar a estos inteligentísimos lectores. De la ausencia del resto de fuerzas políticas ni hablamos. Y sobre el ninguneo de los medios a Alberto Garzón ya Daniel Diosdado ha expresado mejor que nadie lo que pensamos muchos.

No recuerdo en qué momento las generales se convirtieron en elecciones presidencialistas. En la Constitución se recoge que España es una monarquía parlamentaria. Ni idea.

"Sin diligencia y frugalidad, nada harás; con las dos, todo"

Benjamin Franklin.

Solo he votado dos veces en mi vida y las dos fueron para entregar mi confianza en Izquierda Unida.  Me gusta que IU me represente en el Ayuntamiento.  Reconozco que el abstencionismo junto al eclecticismo son dos de las cosas con las que más disfruto en la vida. No obstante, vivimos tiempos de emergencia y acepto tener que dar un paso adelante a mi pesar. Sobra decir que como todos he padecido el linchamiento de la policía de lo correcto que juzga a quién debes o no votar. No es de extrañar que en este país te aconsejen no meterte en política.

"Dices que quieres una revolución... 
Bueno, ya sabes, 
todos queremos cambiar el mundo"

John Lennon

Me convocaron a lavozdelsur.es para escribir una columna de opinión libre con orientación socio-cultural. Borrón y cuenta nueva. De aquí a fin de año prometo no meterme en política. Al fin y al cabo, Enric González y Jorge Bustos ya escriben las columnas políticas que me gustarían firmar. Para lo demás, recurran a las encuestas tuiteras.

"El hombre no es más que un proyecto y la vida una especie de barco que cada uno tiene que llevar a buen puerto"

Robert Baden-Powell.

Hace nueve años, tres amigos de toda la vida conformaron el mayor proyecto bloggero de nuestros lares, tanto que devino en web de éxito underground. En ella se recogían críticas literarias, reseñas musicales y recomendaciones cinematográficas. Quien entraba se enganchaba automáticamente. Gracias a ella descubrí grandes series del momento: The Wire, Los Soprano, Treme, A dos metros bajo tierra o The Corner. Junto a Carlos Boyero, ellos tres eran mis principales preceptores. El mayor proyecto cultural de la blogesfera que jamás se hizo en Jerez se llamaba El club de los imposibles.

Tal vez  sus autores, Scriers, Andrew Zimmerman o Eterno Viajero, jamás pensaron que los sueños demandaran tanto de los tres. ¿Quién les iba a decir hace nueve años que bajo el bunburyano epígrafe tantos y tantos lectores nos cobijaríamos?

Aún hoy, ya congelado el proyecto, me meto cada tanto a deleitarme con El gran timo de Abrams llega a su fin o Aviones que se estrellan.

Ahora que de todo comienza a hacer mucho tiempo y que cada uno de sus autores se dedican a otros menesteres, valga esta reseña como reconocimiento. Y, sí, El club de los imposibles merecía una columna mejor que esta.

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