1936_alfonso_ponce_de_leon_self-portrait_anagoria.jpg
1936_alfonso_ponce_de_leon_self-portrait_anagoria.jpg

El círculo de luz que proyecta el faro del coche deja ver al cadáver en la cuneta. La frente ensangrentada que un dedo señala, la otra mano entre espinosos cardos. El vehículo accidentado se ha salido de la carretera, rompiendo el alambre de espinos y el cartelito de la prohibición del paso. La pintura tiene algo de la inmovilidad de las pesadillas, quizás la extraña manera en que aparece el cuerpo entre la oscuridad y la carrocería, la mirada del cadáver que parece interrogarnos… Aunque asoma la influencia surrealista, el lienzo podría adscribirse a un incipiente realismo mágico.

El pintor da sus últimos retoques en aquel su autorretrato que titulará Accidente, antes de llevarlo a colgar a la Muestra Nacional de Bellas Artes, corre el mes de mayo en la España convulsa de 1936.

No hace mucho que el joven artista acabó su formación académica, allí hizo amistad con Dalí, Maruja Mallo y Remedios Varo. Frecuentando las tertulias vanguardistas, donde se intentaba dar un nuevo aliento al disecado arte español, ensanchó su círculo de amigos, entre otros Buñuel, Edgar Neville y sobre todo Lorca, para quien pintó telones que usaría en sus representaciones de La Barraca. En París frecuentó a Picasso y formó parte  de la exposición de pintura ibérica en Berlín en 1933. Como otros artistas de su generación, Sáez de Tejada, Samuel Ros, Julian Ayesta, Vivanco, Ridruejo… se afilió a Falange. Siéndole encargados carteles de propaganda.  Algunos de ellos censurados por la propia prensa  falangista por su decidido carácter anti burgués.

Koestler, quien padeció en sus carnes la Guerra Civil española, escribió que “otras guerras consistían en una sucesión de batallas, ésta en una sucesión de tragedias”.  Un anochecer al salir de su casa le abordaron, le preguntaron el nombre a bocajarro, su perfil de dandi mal disimulado no arrojaba dudas, le advirtieron que se callara y que se metiera en el coche. Otro automóvil lo escoltaba. Bajaron La Castellana, subieron por Alcalá hasta Sol y sintió una punzada en el pecho al bajar por Arenal, lo llevaban a la checa de Fomento, la sede de las siniestras Brigadas del Amanecer. Se supone que allí lo interrogarían, lo torturarían, no se sabe si allí también lo asesinaron o fue en la misma carretera de Vicalvaro, donde acabó el trágico paseo el 29 de septiembre del fatídico 1936.

En una cuneta, antes del amanecer, arrastran su cuerpo sin vida, con un tiro en la cabeza,  alumbrados por los faros de un coche. Como todas las víctimas nos interroga desde la historia. El autorretrato pintado pocos meses antes presagió de modo inquietante su trágica muerte. Era malagueño y tenía treinta años. Su memoria fue sepultada con su cuerpo, hasta que casi 70 años después del asesinato, el Reina Sofía de Madrid dedicó una exposición a su obra truncada.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído