Vista aérea de La Caleta.
Vista aérea de La Caleta.

(Segundo capítulo de El camino de Carlos Cano. Lea el primero aquí)

"Cuentan que Cádiz era sirena, / y un marinero entre sus redes la encontró".

No es difícil imaginarse al tío Porrillas, “mu poquita cosa” y con el pelo a lo Fernando Simón, en la barra de cualquier bar Casa Pepe, Paco, Manolo o Antonio, o en la de una de las muchas peñas carnavaleras -El Erizo, El Ostión, La Caballa, El Burgaillo...- de las que pueblan las calles del Cádiz castizo dando buena cuenta de los caldos de la tierra: manzanilla de Sanlúcar, generosos de Jerez, moscatelillo de Chiclana. Tampoco resulta complejo figurarse el resultado de tal combinación: ya que el que la lleva, la entiende.

Total, que el tito desemboca a duras penas en la noche frente a la estatua de Fernando Quiñones, junto al Arco de La Caleta, y su imaginación o insistencia o tajá pone a hablar al bronce:

‒Si me pongo pesao, tú me lo dice, Fernando.

‒...

‒Que es que me quiero bautizá caletero, y yo sé que tú le echaste las agua a Carlo.

‒... ‒ ¿¡Pero cómo me voy a tirá desde el puente!?

‒¡...!

‒Ah, bueno, si es desde ése, mañana mismo...Pero, si tú está aquí clavao, ¿quién me da el bautismo?

‒... ‒ Vale, po ya buscaré yo a cualquier borrachín canónico de los que pululan por El Balneario.

(...)

Dudo y lamento que en Cádiz poca gente sepa dónde está la Glorieta de Carlos Cano, y es que, en esta ciudad libérrima la gente llama a las cosas como le viene dando la gana: así la Plaza Fragela es “la del Falla”; Topete, la de “Las Flores”, Libertad, “la del Mercao”; el Estadio será “Carranza” por los siglos de los siglos, Asdrúbal, “la plaza toro” (sic), y La Glorieta de Carlos Cano es el “Árbol del Mora” por mucha placa y altar que le pongan al granaíno de Las Habaneras. "A Carlos Cano lo parió Cádiz hace siglos", dijo Teófila Martínez, a la sazón alcaldesa, aquel 28 de marzo de 2001, en el que además de tatuar el nombre del coplero en el callejero gaditano se le hizo hijo adoptivo de la ciudad. A título póstumo, claro.

Pero sigamos con nuestro relato: Llegado el nuevo día, con una resaca que ni el mar de Atlanterra en una jornada de levante fuerte y con un bañador marcapaqueti comprado en Tinoco o en Eutimio, ahí va el tío Porrillas con hechuras lamentables, muy decidido, caminito del Puente Canal. Cuando llega a la pasarela de piedra, se encuentra con un nutrido grupo de niños del barrio que se tiran y vuelven a tirar como quien lo hace en las pistas blandas del Aquapark.

Mi tito, que se queda lívido al asomarse al precipicio, le pregunta a un gordito que si aquello no es peligroso; a lo que el chico responde con un "qué dise, cohone" y su consiguiente salto de bomba. Porrillas, que, como se pueden imaginar, ya es la mofa de aquél chavalerío, espera sentadito en el poyete aguantando con estoicismo la guasa y valorando si merece la pena aquella “salvajada”. No se tira.

Contaba Carlos Cano que le bautizaron en La Caleta con un ánfora fenicia, con agua de La Caleta, y medio hospital Mora echado encima. Recuerdo que una señora me pidió que le firmara un autógrafo para su madre y le pregunté “¿dónde?”, y me dijo: “Aquí mismo, en el bocadillo”. Era un bocadillo liado en papel de estraza. Le pregunté qué le había pasado a su madre, y me dice: “Pues que veníamos a verte, y la pobre se ha roto una rodilla, pero he conseguido que le dieran una habitación con ventanas a La Caleta, para verte”».

Tras este paréntesis, el tito me cuenta que tras su rajada se baja a la playa a darse un bañito; pero que hay unos tipos vestidos de blanco que ahora en vez de dedicarse a vender latas de cerveza, patatas fritas o camarones; "lo que hacen es dar por culo, y tienen complejo de policía". Que si no dejan jugar a las palas a una parejita en la orilla, que si te obligan a ponerte la mascarilla para subir y bajar por los accesos, que no se puede fumar uno un trocoló, que tampoco puede arrimarse a las cuarentonas... Total, que como más tópico no lo hay, se marcha a lo del Tío de la Tiza a engullir una caballa con su piriñaca correspondiente.

El Levante y el Poniente

"Cádiz es mujer con dos novios prendaos de su talle".

La comparsa Los Buscavidas de Antonio Martín puso voz al combate ventoso/amoroso descrito por Antonio Burgos. El escritor sevillano, no sin razón, personificó esos dos vientos en él mismo y en su inseparable Carlos Cano: «Carlos y yo éramos como ese levante y ese poniente que siempre están peleándose en Cádiz por la misma novia, que es esta ciudad. Si saltaba el levante de Granada, ahí estaba el poniente de Sevilla». Una deliciosa pelea que quedó en tablas, y de la que sin embargo salieron ganando los gaditanos.

En 1984, no pronosticó Orwell que ambos autores se retirarían al otoño de Matalascañas para componer el himno de dos ciudades, Cádiz y La Habana, que las dejó tan juntitas que desde entonces el Océano Atlántico es un estrecho canal que se cruza por el puente de Las Habaneras. En palabras de Antonio Burgos: "Carlos Cano había venido diciendo de Cuba que quien tenía razón era Lola [Flores]. Cuando fue a cantar a La Habana y le preguntaron qué le parecía aquello dijo: “Esto es como Cádiz pero con negros, y con más palmeras que las que hay en el Parque Genovés”.

En el Carnaval de 1988, la dispar pareja le regaló a la ciudad el mejor pregón que se recuerda: uno vestido de Corto Maltés y el otro, de indiano. Cuenta Burgos que lo pasaron tan bien, que cuando acabó Carlos le preguntó al entonces concejal de Fiestas: "Usted dirá lo que se debe aquí".

Y hoy, ambos tienen su calle en Cádiz y la consideración de hijos adoptivos. Aunque hay sectores en la ciudad que no quieren verse relacionados con el escritor sevillano, como así pudo comprobarlo el tío Porrillas charlando con unos jóvenes en el mostrador de un bache. Él les dejó, para que juzgasen con criterio y no sólo por un tuit, un ejemplar que tenía en la mochila de ‘Andalucía, ¿tercer mundo?’. Precisamente, mi tito termina conversando con Quiñones, otra vez, sobre el candente tema del revisionismo en calles y, sobre todo, en estatuas, ya que está hablando con una.

‒¿Tú como ves el asunto, Fernando?

‒... ‒Yo igual, ¡es que no leen nada!

‒... ‒¿Tú crees que acabarán cortándote la cabeza incluso a ti?

‒¡...!

‒ Sí, tienes razón, ¡como se enteren que la Legionaria era una puta! ¿Tú qué dices, Paco?

(...)

Que se prepare Sevilla, / que ahí va el tío Porrillas.

*Bibliografía:

Ramos Espejo, A., Téllez, J.J. (2004) Carlos Cano: una vida de coplas. Sevilla: Andalucía Abierta.

Téllez, J.J. (1999) Carlos Cano: una historia musical andaluza. Madrid: Iberautor.

Sobre el autor:

Manuel López Sampalo

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