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Martín Lucía publica su tercer poemario.

Estamos ante un sevillano radical. O, quizás, ante un máximo exponente del neocasticismo local. Licenciado en Geografía, su verdadera vocación es la poesía y la edición. Fundó Ediciones En Huida y tiene tres libros de poesía en el mercado. Así comienza la entrevista que Félix Machuca le hizo a Martín Lucía para ABC el pasado mes de agosto. Geógrafo de titulación, poeta de vocación y editor de profesión (Ediciones en Huida), feriante en exceso, le gustan las sevillanas clásicas y el flamenco. También el pop-rock español, la Semana Santa y los guisos de cuchara. Antonio Jesús Luna Reche (Martín Lucía) acaba de publicar El desamor es solo el principio (2017), después de que ya hubiese puesto en los escaparates Los desperfectos o AQTC (Ahora que todo comienza). 

Este emprendedor sorprende, no defrauda y al parecer, no se lleva nada bien con su editor. Cambió su nombre por Martín Lucía, le gustaban los dos nombres y no quería publicar con el de pila. Con el paso de los años resulta que tiene dos sobrinos que se llaman Martín y Lucía. Las cosas de la vida... Sobre su libro Los desperfectos Mikel Robles dijo que uno de los elementos más importantes del libro eran la evocación de la infancia y de la pubertad (el fútbol es un anclaje relevante en esa línea). Y que su "yo poético" se acogía a la nostalgia con actitud de ser irremediable, y por ello denotaba una perspectiva desencantada ("Ya no hay camaradas / sólo su recuerdo nítido resta"). 

"Porque vivir es vaciarse de sangre y comenzar desde cero, una vez tras otra"

Efectivamente, el mismo dolor existencial que el hombre ha cantado durante siglos, las ruinas del ubi sunt de Manrique, de los poetas barrocos o del siglo XX ahora son los desperfectos de Martín Lucía, porque su tiempo es otro y otra luz al margen de los clásicos mantiene sus palabras. Pandora magazine analiza AQTC y su primer verso: El desamor es solo el principio, casualmente o causalmente el título de su tercera entrega poética. 

No cabe duda de que la obra de Martín Lucía responde a los cánones de una poética contemporánea en el amplio sentido de la palabra. Estamos ante una poesía incomprendida, certera, segura en las que las reflexiones entre el tú y el yo poético, el nosotros se suceden para terminar con la creación y recreación de un personaje, Enrico, protagonista de El desamor es solo el principio, que consigue enganchar al lector en el discurso del escritor. Una obra trascendental en innovadora, una trilogía que se convierte en poesía directa apoyándose en la metáfora y en la imagen y que persigue constantemente la reflexión. Lucía utiliza el tiempo y su paso como elementos vertebradores y como excusa para abordar todo lo que acontece al poeta.

Según el mismo autor, el amor comienza donde termina el desamor, porque el desamor es el principio. Porque la vida es un ejercicio de vaciarse de sangre, pero un ejercicio que requiere de optimismo, de luz. De ver el mar donde hay un río, de ver la flor donde arrecia la lluvia. El amor comienza donde termina el desamor, porque el amor es por y para lo prodigioso. El prodigio de encontrar el aire, donde dejaron el vacío, de encontrar el agua, donde se aprecia la sed. El desamor es sólo el principio es un canto desde una garganta árida, el canto de quien quiere vivir aunque la vida a la muerte le lleve. Un grito contra lo establecido, de lucha, de cambio, de saber que hay que volver a empezar. Porque vivir es vaciarse de sangre y comenzar desde cero, una vez tras otra. Porque el amor es comenzar, por el desamor siempre será sólo el principio.

Está usted ante la obra de un gran lector, creador, editor y poeta e inevitablemente está ante un poemario de la modernidad estructurado en cinco dedos, con continuas referencias a autores de literatura (Mariscal, Sánchez Menéndez, Benítez Ariza o Pedro Sevilla) y a músicos (Diego Vasayo, Los Planetas, Quique González, Bunbury o Sabina) de los que se sirve el poeta para llevarnos a sus reflexiones, para situarnos en el espejo en el que él mismo se refleja después de contemplar un cuadro de Kokoschka, La novia del viento. Resulta curioso que se trate de un retrato de su amante Alma, la viuda de Mahler. Una locura, la fuerza del amor y la perduración a pesar de las adversidades. Un tema universal que trasciende para habitar en cada uno de los lectores que se atrevan con la nueva entrega de Martín Lucía. 

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