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El periodista Jesús F. Úbeda debuta, siguiendo la más pura tradición poética española, probando sus armas con el soneto.

Corren buenos tiempos para la lírica. Con Aterrizaje forzoso (Cultiva Libros, 2018), el periodista Jesús F. Úbeda (Ciudad Real, 1989) debuta, siguiendo la más pura tradición poética española, probando sus armas con el soneto. Hoy día un libro de sonetos debe ser recibido como maná en mitad del desierto. Para un público sediento de poesía inteligente e innovadora que respete la perspectiva literaria y atesore una vasta cultura. Úbeda, en los días que corren donde la gente sabe el precio de todo y el valor de nada, hace una apuesta por la poesía adulta para un lector culto.

Aterrizaje forzoso  quizá sea el poemario que más me ha entusiasmado desde Dadá demodé de Rafael Sarmentero. Es decir, casi diez años para que me lleguen noticias de un poeta. La poesía de Úbeda es deslumbrante. Los poemas se leen con entusiasmo. Tiene algo de neoclasicismo feroz. Los préstamos lingüísticos y los neologismos airean un género tan vetusto como el soneto. Úbeda escribe al pie de la calle. Sus sonetos no son un remedo. Tienen ventanas al hombre del 2018. Ayuda la irrespetuosa precocidad de este poeta de 29 años. Asomarse a las páginas de Aterrizaje forzoso  puede ser un ejercicio ideal para introducirse en la obra de Francisco de Quevedo o Luis Alberto de Cuenca. Úbeda es el perfecto puente para el lector más perspicaz.

Benjamín Prado sostiene que todo el mundo sabe lo que es un poema pero nadie sabe qué es exactamente la poesía, ni de qué está hecha, ni dónde puede aparecer, ni cuáles son sus fronteras. Tal vez se logre tomándose muy en serio el material poético y distanciándose de la persona, el personaje y, sobre todo, de esa tiránica entelequia sobornable llamada público. En 1965, el futuro nobel de literatura Bob Dylan comentaba al sesgo: "¿Poesía? No necesariamente tienes que escribir para ser un poeta. Algunas personas trabajan en gasolineras y son poetas. No me llamo poeta porque no me gusta la palabra. Soy un artista del trapecio". Aprendimos con la película Origen que ninguna idea es simple cuando se necesita implantarla en la mente de otro. Aterrizaje forzoso  llega en un tiempo donde la poesía patria está copada por intelectuales de la talla de Marwan o Defreds. Lo que se lleva es el poeta tuitero y la petisa poetisa de Instagram.

Se trata de un poemario compuesto por 38 sonetos. A lo largo del mismo se muestra a un joven de 29 años felizmente cansado, desengañado del futuro que no fue y satisfecho de haber sobrevivido intacto a un pasado cargado de electricidad y noches sin futuro. Sus giros impredecibles y las vueltas son en sí mismo muy recomendables. Tan valiosos como los sonetos lucen los dos prólogos firmados por el Raúl del Pozo y el músico Igor Paskual y el epílogo del periodista Julio Valdeón. Maravillosas cartas de presentación, padrinos inmejorables y merecidísimas semblanzas.

Os invito a leer un poemario ameno donde el uso de la rima se agradece. Es una invitación a la provocación de un superviviente de la memez del botellón. Tal vez estemos ante el más aventado poeta de su generación. Bienvenido sea este libro. Y bienvenido el aterrizaje de un poeta.

 

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