La Plaza de Mayo se alzó como símbolo de protesta: desde 1977 las madres de muchos desaparecidos se reunieron y lograron hacer visible esta macabra realidad.

En 1981, Julio Cortázar optó por la nacionalidad francesa como protesta contra la dictadura militar argentina. El poeta Juan Gelman, Premio Cervantes 2007, tuvo que exiliarse al posicionarse como portavoz del movimiento Montonero. Hay dos obras disimiles que tratan de sintetizar el retrato de aquella Argentina lejana y macabra. La primera es una canción: Los dinosaurios. La segunda, una película: La historia oficial.

En 1983, el músico argentino Charly García publicaba Clics modernos, un álbum de vanguardia grabado en New York con el mítico productor norteamericano Joe Blaney. La séptima pista del disco se titulaba Los dinosaurios, considerada por crítica y público como una de las más hermosas gemas de la música en castellano. Esta estremecedora canción describía a través de metáforas precisas e imágenes poderosas cómo hicieron desaparecer a tanta y tantísimas personas durante la dictadura de Videla (autodenominada Proceso de Reorganización Nacional). En diciembre de aquel año la democracia volvería a la Argentina dando comienzo a la presidencia de Raúl Alfonsín. El disco saldría el 5 noviembre. Tras su publicación ya nada volvería a ser igual en García ni en la Argentina. "En aquella época la música fue para mí una forma de seguir viviendo un sueño en medio de la pesadilla que era la realidad. [...] Milagrosamente no me llevaron preso, ni me torturaron. Me pasó lo que le pasó a cualquier tipo que tenía el pelo largo: que me llevaran frecuentemente a comisarías, por ejemplo para pedirme explicaciones sobre las letras de las canciones". Alrededor de 30.000 desaparecidos. Esa tristeza embargaba al pueblo argentino. Por entonces, la Plaza de Mayo se alzó como símbolo de protesta: desde 1977 las madres de muchos desaparecidos se reunieron y lograron hacer visible esta macabra realidad.

En 1985, La historia oficial testimonió el tema del robo de niños durante la dictadura, por entonces un tema tabú. Dirigida por Luis Puenzo, a través de Alicia (Norma Aleandro), una profesora de historia de clase alta, el espectador irá descubriendo a través de ella la compleja realidad de los desaparecidos y los niños secuestrados durante Proceso de Reorganización Nacional. Estremecedora.

Por todo ello, si le hablas a algún argentino, como en el tango, sobre el destino, lo más probable es que te cambie de conversación.

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