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Salir del Villamarta con dolor de barriga de reír. Eso es Lutherapia. Un espectáculo de dos horas en el que el tiempo pasa volando y en el que los argentinos de Les Luthiers no dan tregua al público y encandenan un golpe tras otro entre sketches y actuaciones musicales. El hilo conductor del espectáculo lo protagonizan el licenciado Murena (Marcos Mundstock) y el paciente Ramírez (Daniel Rabinovich), quien tumbado en un diván cuenta sus problemas al psicoanalista. A Ramírez le han encargado una monografía filosófica sobre el músico Johann Sebastian Mastropiero (un personaje habitual de sus funciones) y no sabe por dónde empezar. Se ríen hasta de ellos mismos. Del estereotipo del psicoanalista argentino. "¿Me va a cobrar? ¿Y nuestros años de amistad?", pregunta Rabinovich antes de empezar la consulta. "No... Esos no se los cobraré", le responde Mundstock.

Ahí empieza todo. Después de cada sesión se intercala un número musical en el que todos, o algunos de los integrantes del grupo, intervienen. Siempre con brillantez. Empiezan con una opereta medieval en la que dan muestra de su magistral uso del doble sentido y del humor inteligente que llevan por bandera. No tiene desperdicio el vals geriátrico que protagonizan Jorge Maronna y Carlos Núñez, la versión de El flautista de Hamelín, pero sobre todo el Rhapsody in balls, una parodia en la que Nuñez interpreta un blues con el piano y un habilidoso Maronna lo imita con un curioso instrumento, el bolarmonio, que hace sonar tocando pelotas de goma, como se puede observar en la foto.

Aunque quizá el momento cumbre de la actuación lo protagonizan los cinco integrantes de Les Luthiers al interpretar la cumbia epistemológica Dilema de amor, en la que Carlos Núñez cuenta cómo intenta ligar con una joven en una discoteca y la conversación sobre filosofía que tuvieron hablando de Kant o Santo Tomás.

Así contado suena bastante aburrido, pero no se dejen engañar, hay que escucharlo para comprobar la genialidad de la que les hablo. Imaginen lo difícil que es hacer reír a todo un auditorio tratando temas filosóficos. Pues ellos lo consiguen. A través de los sueños e inquietudes del paciente Ramírez llegamos a la escena final, en la que los integrantes de Les Luthiers intentan evitar por todos los medios que nazca el anticristo del vientre de una mujer que se llama Lucía Fernández y a la que llaman Luci (Lucifer-nández para los amigos), signo inequívoco de que es ella la que traerá al mundo a ese ser maldito.

Para evitarlo utilizan la exorcítara, un enorme arpa que en lugar de cuerdas tiene luces de neón (que se toca con el teatro a oscuras) y por la que asoman la cabeza Carlos López Puccio, Jorge Maronna y Carlos Núñez, que son los encargados de tocarla. En esta pieza tocan un tema tan delicado como el del aborto, y aunque impregnada de humor, dejan clara su opinión al respecto. Con estos ingredientes, era difícil que no salieran ovacionados del Villamarta. Por bulerías por supuesto. Hasta Rabinovich se atrevió a pegarse una breve patatíta para agradecer al público el cariño recibido.

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