El Alcázar acoge 'La noche europea de los investigadores' con la intención de acercar y fomentar la indagación científica, ya sea social o matemática. 

Se visten con unos batines blancos de gasa y se colocan unas pequeñas gafas. Solo con esos toques, se preparan entusiasmados para los experimentos científicos que les esperan. Desde las vallas, un padre llama a su hijo, quiere hacerle una foto para inmortalizar el momento. Y no es para menos, la estampa es encantadora y es lo que se busca en La noche europea de los investigadores, acercar y fomentar la investigación científica.

Este encuentro no comprende únicamente a las ciencias puras. Todas ellas tienen cabida. Víctor Manuel Martín se encuentra inmerso en un doctorado relacionado con enfermedades neurológicas del lenguaje. “Localizo las zonas del lenguaje en el cerebro y cómo se lesionan, como por ejemplo la afasia, dislexia…”, señala este filólogo hispánico. Cerca de su mesa se encuentra la oca inglesa donde los niños se deslizan y juegan creativamente con el idioma. Todo es posible en la noche científica. Un recipiente de leche es alterado cuando el colorante cae en ella y forma manchas de pintura. Hasta ahí todo muy normal. Pero luego, con un poco de lavavajillas en el extremo de un bastoncillo, se esparce, el color desaparece y vuelve a quedar todo blanco. “¡Buah!”, grita sorprendido uno de los niños que miran atentamente el procedimiento. “¿Quién quiere probar?”, pregunta uno de los estudiantes de la UCA, a lo que se alzan 15 manitas: “¡Yo!, ¡yo!”.

Los niños quieren participar en todo. Escuchan, abren los ojos sorprendidos, corren, buscan, comentan, toquetean todo lo que pueden. Dos hermanas vienen juntas con sus hijos para que disfruten de una noche mágica. No, no. Nada de magia. Intentan explicar todo de la manera más simple posible para que el concepto se asimile mínimamente. A algunos doctorandos les cuesta expresarse de una forma básica. Hablan de la columna winogradsky, que representa un pequeño ecosistema para exponer distintos tipos de organismos. Complicado. Miguel Lara y Juan Luis Jiménez llevan entre ocho y diez años investigando. Su tesis doctoral está relacionada con los sedimentos, el eje central  de su taller. Su “padre académico” es Sokratis Papapyrou, quien regenta sus pesquisas. “Queremos incitar a que la gente investigue desde nuestros campos”, comparte uno de ellos.

Curiosidad es la primera cualidad que debe tener un investigador; que los niños –y los no tan niños– se sorprendan y pregunten es esencial para que el evento sea efectivo. Hay una zona donde utilizan la matemática lógica para “descubrir al asesino”; otra en la que –como si estuvieran en las cocinas de MasterChef– enseñan a hacer esferificaciones con colores y sabores diferentes: piña, pera…; o una en la que se realiza una experiencia con el frío extremo. Félix Ruiz, profesor de biomedicina de la UCA, es el encargado de este último espacio. Mete unos globos inflados en nitrógeno o a un caramelo sugus para demostrar qué le ocurre a cada material si se congelan. “¿Qué le ocurre al caramelo?”, pregunta. “¡Que se congela!”, contestan los niños. Se hace más duro, por lo que es más frágil, y Ruiz lo demuestra partiéndolo con un martillo. “Queremos mostrar el lado más personal de los investigadores. No somos señores de bata blanca”, apostilla el docente.

“Queremos incitar a que la gente investigue desde nuestros campos”

“¡Que lo haga de nuevo!”, grita uno de los niños después de que los estudiantes de ingeniería realicen una reacción química entre agua oxigenada y yodo. Todo ocurre tan rápido que los pequeños se quedan fascinados y quieren verlo de nuevo. La sonrisa que reproducen en un instante contagia a los presentes. Todos ríen y se divierten. “En breve comenzará el microencuentro: drones y ciencia”, anuncian tres señores vestidos con ropa de época. La gente ríe y presta atención. Dan vueltas por todo el patio del Alcázar. Catas, actuaciones, puestos de comida y refrigerio a precios populares… La ciencia atrae a personas de todas las edades, pero sobre todo, a aquellos que se dejan sorprender y que son esponjitas en un lugar repleto de conocimientos.

Sobre el autor:

Claudia González Romero

Periodista.

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