Se enamoró de unos paneles, un espacio, y se le antojó un capricho. “Me acerqué un poco temeroso a la Casa de la Juventud, ya con cierta edad..., a ver qué cara me ponían… Pero Valentina, que fue la que me recibió, puso muy buena cara ante la idea. No todo el mundo reacciona igual ante una propuesta de este tipo”. Para Manuel del Valle esta instalación posee un significado especial: “Esta exposición me sirve de aniversario. Hace ya más de treinta años que me presenté por primera vez a un concurso de pintura, en la Casa de la Juventud, cuando estaba en la calle Rosario. Y tuve la suerte de que me lo concedieron”. Manuel agradeció la colaboración a Ramón y Paloma, de la Galería Belén, que le han ayudado en el montaje. También mencionó a Rafa Amaya, que le ha proporcionado el rosario del Papa Juan Pablo II, a la Escuela de Hostelería por realizar el tríptico y a Bernardo Palomo por escribir el texto. Valentina recordó que la Casa de la Juventud está abierta para todos aquellos que quieran mostrar su trabajo artístico, su creatividad.

La instalación de Manuel del Valle es inquietante. Entras en la Sala Paúl y te topas con una gran caja negra, un espacio sumido en la oscuridad, con un rosario de fondo como banda sonora. Entras en el estrecho recinto, a oscuras, y empiezas a sentir calor. Manolo ha marcado la distancia de observación. Las máscaras y las lápidas cubren las paredes. Escritura de la vida y de la muerte. Rostros transformados por la degradación y el sufrimiento. Caras que se acercan a ti, porque no tienes escapatoria. Entonces te cruzas con otro visitante, sientes su calor, su olor, pero no lo reconoces. Unos nos estorbamos a otros. Fuera de la cuadrícula no somos nada. Fuera de los nichos no sabemos qué hay que hacer. La muerte nos sitúa cara a cara. En las cajas, quizás de zapatos, están las máscaras, tus máscaras, la muerte, tu muerte. Son las huellas de una existencia efímera. Son las huellas de una vida cuadriculada. ¿Seremos sólo cerebros en cajas de zapatos?

¿Cómo surgió esta idea de cajas y nichos?

Parece que tengo una tendencia a los nichos, porque, de cinco instalaciones que llevo, tres han sido sobre este tema de los difuntos, de los esqueletos, las lápidas… Va a ser una tendencia que me sale de forma natural…

Las máscaras en las cajas, edificios… ¿La identidad personal está abocada a la cuadrícula? ¿Hay una crítica a la sociedad en tu instalación?

Las cajas no sólo se refieren a las cajas de los difuntos. Aparecen también cajas de viviendas en el vídeo, buzones: son los sitios donde nos encasillan. Y eso es lo peor, no sólo por el sistema de retícula romano o de planificación, de organización, de cuadrícula, sino porque mentalmente se nos mete ese sistema de organizar y clasificar a la gente en un fichero, en una caja. Y difícilmente luego la podemos sacar de allí. Cuando te clasifican y te ponen una etiqueta, en parte te están matando, porque te están quitando de otras cajas posibles.

De todas las imágenes que hay en la instalación, para mí la más terrible es la de los edificios… Vidas encerradas… Refleja con frialdad el modo de vida que llevamos.

Son los bloques de viviendas donde yo nací, la zona sur de Jerez. Viendo ese travelling de los bloques, aunque están sacados actualmente, te da la sensación de que, habiendo visto antes un plano general de nichos, la semejanza es patente.

En las máscaras está la identidad personal, la que tenemos y la que perdemos, porque no sólo son muertos…

De las pocas cosas en las que estoy de acuerdo con Cristo es con aquello que dijo: “Dentro de nosotros hay cientos”. Creo, efectivamente, que no somos uno, sino que somos legión. Dentro de ti tienes un asesino, un amante, un adulador, una persona trabajadora… En fin, todos los tipos se encuentran dentro de nosotros. Y vamos eligiendo el personaje que nos va definiendo a través de la vida. Según las circunstancias, vamos saltando de una caja a otra, de un personaje a otro.

"No somos uno, sino que somos legión. Dentro de ti tienes un asesino, un amante, un adulador, una persona trabajadora…"

Obligas al visitante a entrar en un nicho grande, un espacio cerrado, le obligas a realizar una reflexión claustrofóbica…

Esa fue la condición que me llevó a realizar la exposición aquí, el poder contar con estos paneles móviles para crear una gran caja. Para que diera la impresión de un habitáculo hubo que envolverla  con tela y crear una iluminación adecuada que te hiciera sentir dentro de un ambiente opresivo. Y además hacerla estrecha para que si te cruzas con otro visitante te sientas un poco incómodo porque invaden tu espacio. Es un espacio artificial. No te pertenece. Nos ocurre a diario.

Has realizado las máscaras una por una…

La mayoría están hechas con papel maché, con papel de periódico y cola blanca. Para otras he utilizado moldes de barro de escayola. Y he sacado moldes de las piezas con vendas de escayola. Para otras he mezclado escayola y fotocopias en blanco y negro. Algunas las he dejado sin pintar, otras en tonos grises, otras en tonos carne. Unas van con los ojos abiertos, otras parecen dormidas, en éxtasis, en orgasmo…¿Y las fotografías de muertos? ¿Qué son realmente?

Están sacadas de conocidos con los ojos cerrados, de revistas, de modelos que estuvieran con los ojos cerrados. Las he proyectado sobre máscaras hechas con papeles de periódico. Y para la forma de la cara, he acercado el proyector hasta que se adaptase al tamaño de la máscara. Eso y que estaban metidas dentro de la caja de zapatos, provocaba una sombra muy tenebrista. Y probando me gustó mucho el resultado. Estaba en el estudio a solas, sacando las fotos de lo que se proyectaba, todo a oscuras. Y veía cómo alguna de las imágenes de una modelo bellísima que estaba con los ojos cerrados, poniéndose una crema hidratante, al proyectarla sobre una máscara impersonal de papel de periódico, de repente, se convertía en una cara siniestra, parecía una difunta. Y me llamó mucho la atención. Era sobrecogedor, allí dentro del estudio. Me ha gustado mucho el resultado.

Y las lápidas son reales…

Son reales. Son de cementerios de París, de Berlín, de Ámsterdam y de Praga.

Hay alguna lápida judía…

Es del cementerio de Praga, pero no del que se visita normalmente, sino del que está al lado del pirulí de la televisión. Allí hay un cementerio muy pequeñito. Casualmente lo descubrimos. No hay que sacar entradas ni nada de eso. De doscientos metros cuadrados, con las lápidas medio hundidas en la tierra, inclinadas unas sobre otras, y con una organización muy diferente a la que utilizamos en los nuestros. Era un cementerio muy anárquico, fragmentario…

¿Qué proyectos tienes?

Como llevo unos meses que he dejado la pintura de lado, ahora tengo ganas de retomarla. Algún proyecto tengo ya en la cabeza…

'Boxes-Cajas' se podrá visitar hasta el 2 de diciembre en Sala Paúl.

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