Augurios de vanguardia: manifiestos del rock (I)

La portada de 'Go 2' de XTC (1978) es todo un manifiesto.
La portada de 'Go 2' de XTC (1978) es todo un manifiesto.
"Mi nombre es Derek pero eso es lo que me llamó mi madre así que no es gran cosa, excepto que es mi nombre y me gustaría decir que se me pidió escribir las notas para Yellow Submarine. Ahora bien, Derek Taylor solía ser el agente de prensa de los Beatles y luego en América se volvió el anterior agente de prensa de los Beatles (habiéndolos dejado) y ahora Derek Taylor es el agente de prensa de los Beatles de nuevo así que cuando se le pidió que escribiera las notas de Yellow Submarine decidió que no sólo no tenía nada nuevo que decir sobre los Beatles a los que adora demasiado como para aplicar cualquier razonamiento crítico, y por los que es pagado demasiado como para sentirse completamente libre, y tampoco podría sentirse irritado, y también quería que la gente que compró el álbum de Yellow Submarine comprase y disfrutara el realmente maravilloso álbum "The Beatles" en el mes de noviembre del '68 así que aquí y ahora, in-comprada, in-solicitada, inexpurgada, desapegada, pura e inmensurablemente favorable hay una review de "The Beatles" (el nuevo disco de Apple/EMI) del London Observer por Tony Palmer, un periodista y cineasta de cierta distinción especial..."    Era finales de los 60 y hasta las notas del libreto de un disco podían estar colgadas. Derek Taylor, recordado por sus descripciones pedantonas de los álbumes de los Beatles, no era el único que se entusiasmaba tanto... Rellenar las páginas de un disco con algo más que letras de canciones es todo un arte que se ha merecido su particular premio Grammy. Es este el espacio donde los músicos pueden expresarse con sus propias palabras, recordar momentos de la grabación, esbozar directrices sobre la obra o desgajar sus propias virtudes fingiendo que lo hace algún tercero. Desde las extensas cavilaciones de The Anti-Group Communications (TAGC), que se deshacían en citas y notas a pie de página, hasta las ristras de palabras incoherentes de Hafler Trio, hay mucho por descubrir en el fascinante mundo de los libretos y las contraportadas: manifiestos demenciales, declaraciones pomposas, crípticas verdades esotéricas, insolentes burlas hacia el lector... Los vanguardistas de todos los tiempos han sentido la necesidad de expresar en encendidos manifiestos los fundamentos de su visión artística, ante el temor a la pazguata incomprensión de sus contemporáneos. En el rock no iba a ser diferente. Gentle Giant, una de las agrupaciones más extrañas de la época dorada del rock británico, dejó unas memorables declaraciones en las sleeve notes de su seminal Acquire the Taste (1971): “Es nuestro objetivo expandir las fronteras de la música popular contemporánea al riesgo de ser muy impopulares. Hemos grabado cada composición con un solo pensamiento –que debía ser única, intrépida y fascinante. Nos ha costado cada jirón de nuestro conocimiento musical y combinados técnico lograr esto. Desde el principio hemos abandonado todos los pensamientos preconcebidos de descarada comercialidad. En lugar de eso esperamos darle algo mucho más sustancial y gratificante. Todo lo que tiene que hacer es sentarse y pillarle el gusto”. 

Hacían falta declaraciones de tal enjundia para facturar un progresivo como el de estos Gigantes. Diferente era la situación de un país como España, donde el mero hecho de hacer rock sinfónico nos nominaba, como mucho, a tres o cuatro interrogatorios policiales. Recordemos cómo se expresaba Alfredo Carrión sobre sus audaces Andares del Alquimista (1976): “Mi preocupación en este disco ha sido dirigirme a una mayoría pero sin concesiones baratas. He aceptado por principio los elementos retóricos propios del "pop", pero he tratado de expresarme yo a través de ellos con toda sinceridad. La dosis de originalidad que pueda haber en este disco no ha sido buscada en sí misma, sino como el único medio que he encontrado para expresarme con autenticidad. En el "pop" la música suele ser a menudo un mero pretexto para ambientar o acompañar el texto, pues bien, las canciones de este disco han sido estructuradas primero musicalmente, sin texto alguno de soporte, una vez terminadas completamente he buscado quien las pusiera letras. Estas, que una vez seleccionadas y adaptadas me han parecido hermosísimas, han sido una preocupación secundaria... No he querido con este disco hacer una obra culta ni pedante. En rigor desconozco fundamentalmente el alcance de lo hecho, sólo sé que tenía necesidad de hacerlo. De su incidencia en el medio espero aprender para una buena empresa".

Empresa que no llegó a ver la luz, desgraciadamente, porque lo de Carrión en España era más raro que el black metal en Japón. De hecho, la banda japonesa Sigh, en su álbum estrella, el sinfónico y experimental Hail Horror Hail (1997), se atrevió a hacerlo raro de cojines y además presumir de ello: “Este álbum está mucho más allá de la idea preconcebida sobre cómo el metal, o la música, deberían ser. En esencia es una película sin imágenes; una fantasmagoría de celuloide. En consonancia, el film salta, y otra escena, aparentemente inconexa con el contexto previo, es insertada repentinamente entre fotogramas.   Todo sonido en este álbum es deliberado, y si encuentra que algunas partes de este álbum son extrañas; no es porque la música en sí misma sea extraña, sino porque su yo consciente está pobremente equipado para comprender los sonidos producidos en esta grabación”.  

Pero nadie gana en rareza a los tejanos The Red Krayola, que acompañaron su debut Parable of Arable Land (1967) de unas notas que no le iban a la zaga a una música de otro planeta. Seleccionamos algunas frases: "El silencio es la ideología conceptual en el que el sonido es publicado. La música tiene que ver con la publicación de elecciones relevantes para la producción. Este LP prueba una serie de elecciones tomadas por un grupo durante los pasados ocho meses". "Las definiciones definen el límite y uno sólo puede ir hasta allí". "En vez de ver las perforaciones de un rollo de pianola como áreas declaradas que permiten la producción del sonido, contempla el rollo en sí como un proceso que acepta las determinaciones que atienden a la audición, y aun así contiene incluso éstas que, así como el silencio, pueden ocurrir. No hay, pues, agentes no participantes. La libertad del sentimiento, distinta del propósito, afirma el proceso musical" . ¡Ay, la sofisticación! Fieles a este espíritu, los Red Krayola llenaron su segunda placa (1967) de pruebas de sonido con nombres de instrumentos y casi cuarenta temas de un segundo. Coconut Hotel fue condenado por sus excesos y sólo vio la luz del día tres décadas más tarde. Disfruten con el que puede ser el disco más alucinado de los años sesenta. Porque hubo un tiempo, y no es este, en el que las palabras más bombásticas estaban cien por cien justificadas.

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