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#CrónicasconSolera indaga en los anales de estas fiestas en la ciudad.

Es un hecho que los historiadores que se han acercado a estudiar la ancestral fiesta del Carnaval no sólo se han encontrado con dificultades al hacerlo sino que, en el caso de Jerez, han tomado conciencia de las grandes lagunas documentales que presenta. Puede ser que, por una parte, el carnaval conlleve esta dificultad porque precisamente no suscite tanto interés para las élites o clases dominantes del lugar como otro tipo de fiestas. Esta teoría vendría a corroborar el origen popular de la festividad. Algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta lo que esta representa, especialmente en la tradición cristiana: la satisfacción y liberación de las pasiones del pueblo, justo antes de dar comienzo la cuaresma, periodo que, por contra, se caracteriza por la purificación, iluminación y reflexión del fiel. Aunque esto sea así, también se dice que el carnaval tiene su origen en las clásicas bacanales, especialmente en las Lupercales, fiesta de carácter romano que cronológicamente podemos situar en una fecha similar a la del Carnaval. Una vez dicho esto, convendría resaltar que sí hay referencias generalistas a las fiestas y, concretamente, a las organizadas desde las más altas esferas de la aristocracia y, luego, también de la burguesía.

Siguiendo esta línea, sobre el Carnaval de Jerez se ha dicho mucho y se ha escrito bien poco, no siendo hasta finales del siglo XVI cuando algunos documentos del Cabildo Municipal nombran las fiestas, tradicionalmente vinculadas a una corrida de toros en lo que actualmente es la Plaza del Arenal. Una gota de agua en el desierto documental en el que se encuentra esta fiesta en Jerez. A este respecto, no encontramos una fuente más densa hasta los años en los que el señor Eguiluz fue Corregidor de Jerez, concretamente entre 1787 y 1793, cuando se sucedió un hecho lamentable que hizo que el Carnaval de la ciudad fuera tomado como una fiesta peligrosa. Este suceso tuvo lugar en uno de los almacenes de la ciudad que como también es tradicional en nuestra vecina Cádiz, solía ser propiedad de los montañeses, es decir, de personas de procedencia cántabra, en aquel entonces provincia de Santander. En uno de estos establecimientos, abiertos prácticamente todo el día durante las fiestas, se produjo el martes de carnaval un asesinato. El asesino lo cometió ocultándose en una máscara, hecho que provocó que el propio Corregidor prohibiera las caretas llegando la prohibición incluso a afectar a las procesiones de Semana Santa. No será la última vez que un fenómeno similar haga suspender estas fiestas y Jerez no constituye una excepción, pues se suceden crímenes similares en otras ciudades.

A las máscaras les acompañaba el tradicional y continuo "no me conoces" con un jocoso y divertido cambio de voces, entre coloridas serpentinas

Las referencias al carnaval en Jerez aumentan en el siglo XIX. De esta manera, podemos dar por seguro que una de las zonas protagonistas de las fiestas fue la Calle Larga y aledaños, especialmente hacia la actual Plaza del Arenal. Desde las cuatro de la tarde a las doce de la noche y durante tres días, se celebraba en esta zona el clásico Paseo de las Máscaras. El día grande, como en otros lugares, correspondía a ese primer día, el Domingo de Piñata, el fin de semana justo antes de que empiece la Cuaresma. A las máscaras les acompañaba el tradicional y continuo "no me conoces" con un jocoso y divertido cambio de voces, entre coloridas serpentinas. En este desfile también solía ser habitual la presencia de una banda de música.

Las diferencias en la celebración de estas fiestas entre las clases altas de la ciudad y las clases populares es notoria pues las primeras, por ejemplo, solían organizar en los casinos y sociedades bailes y su particular Piñata, llegando a rivalizar entre ellas. Piñatas que, como imaginamos, eran colocadas en el techo y apaleadas por un asistente con una porra de madera. Por otra parte, las clases bajas eran más propensas a participar en todo tipo de espectáculos callejeros como las agrupaciones musicales que más nos recuerda al carnaval de hoy. Las comparsas amenizaban el ambiente, algunas más satíricas que otras pero todas con un marcado tinte social y de crítica política que, en ocasiones, podía acarrear consecuencias a los integrantes de la agrupación por las autoridades de la época. Es lo que sucedería, por ejemplo, en el carnaval de 1904 cuando la comparsa Los Poetas del Siglo XVIII fueron arrestados por cantar coplas que además de despreciar a las autoridades tenían contenido pornográfico.

Uno de los detalles más interesantes que se repiten durante el devenir histórico de esta fiesta es la preocupación o creencia de que desaparecería o acabaría siendo residual, tal y como se expresa en nuestro diario local El Guadalete en pleno carnaval de 1884. Lo que también se repite, en la línea de lo que dijimos en un primer momento, son las continuas referencias a los conflictos derivados, en mayor parte, de la embriaguez de los asistentes y participantes del carnaval jerezano. Por este motivo, son varios los bandos que se proclaman en la ciudad llamando al orden durante las fiestas. En 1900, el entonces Alcalde de Jerez, estableció una serie de normas y prohibiciones que tenían como intención evitar nuevas broncas.

Destaca, entre estas, la prohibición de entrar en cafés, tabancos o cualquier establecimiento sin tener la cara descubierta. A estas aparentemente lógicas restricciones se les sumó, algo que no nos extraña, la prohibición de utilizar disfraces que representaran a autoridades civiles, militares o religiosas así como cualquiera que "ofendiera a la moral o la decencia". Un ataque directo a unas fiestas que, como remarcamos, siempre han tenido, al menos en las calles, reticencias por parte de las autoridades. Tanto atracos como navajazos se siguieron sucediendo en décadas posteriores, llegando a haber incluso un ataque terrorista ya en época republicana. Una explosión de bomba que ocurrió el 26 de febrero de 1933 en el Casino Jerezano de la calle Honda y que, afortunadamente, no se saldó con ningún muerto. De la II República precisamente nos llega una de las letras del carnaval de Jerez con mayor sátira política, la que corresponde a la "Murga Saragosana":

“Estamos muy contentos

con la ley de vagos,

con eso no nos cae

el rocío en el campo.

El gremio de albañiles

está la mar de bien

mirando los tabancos

y leyendo el ABC.

Si este paro que tenemos

no encontrara solución

en vuelta de tres meses

de hambre se mueren tos”

“El hambre ha hecho pedazos,

está dentro de Jerez,

en Arcos y en Sanlúcar

no se puede abastecer.

Y en varias capitales

lo están tragando negro

los sabios de nosotros

son los culpables de eso.

Decía el CNT

obrero no votar,

dejar entrar las derechas

que traen la pringá".

Una completa sátira sobre la situación política unos días después de las elecciones generales en las que el Frente Popular obtuvo victoria. Un documento que podemos encontrar en el Archivo Municipal de Jerez (Legajo 905, Exp. 19795) y que nos muestra la viva realidad del momento en el país y, concretamente, en nuestro entorno más cercano. Las noticias vinculadas al último carnaval antes de la larga dictadura franquista vuelven a coincidir en el desánimo y la poca proyección de estas fiestas. Así lo contaba el semanario Claridad el 24 de febrero de 1936: "Poco animado transcurrió el primer día de Carnaval, porque no se puede llamar animación a lo que ayer vimos en la calle Larga, donde hubo una total ausencia de máscaras de buen gusto y hasta faltaron al desfile las mujeres jerezanas que tanto alegran las fiestas. Público sí, hubo alguno, y exceso de vino también [...] Ya en Jerez no tiene atractivo alguno y cada año que pasa va resultando menos animado".

Una cita que no sabemos a ciencia cierta si falta o no a la verdad pero que, desde luego, anticipa un mal augurio al futuro de las fiestas, justo unos meses antes del golpe militar del 18 de julio que acabó con la joven democracia de nuestro país. El régimen cortó de raíz cualquier manifestación jocosa y, para el nacionalcatolicismo que se impuso, el carnaval parecía ser una celebración falta de ética y moral que, además, podía constituir un ejercicio de crítica social y política. Es por este motivo que las fiestas se perdieron en nuestra ciudad hasta bien recuperada ya la libertad de expresión tras la muerte del dictador, si bien con más pena que gloria.

Esta prohibición generalizada del Carnaval afectó especialmente a la capital de esta fiesta, nuestra vecina Cádiz, que durante toda una generación también dejó de celebrarlo a la manera tradicional para ser transformado en una especie de festejos municipales organizados por el propio gobierno franquista para calmar la sed popular. Hay que decir también que en familia y en círculos no tan públicos, el carnaval siguió celebrándose, de una forma u otra, conservando, como bien se podía, una tradición intrínseca al pueblo. Impedir este carácter espontáneo del carnaval no tuvo éxito pues, como es lógico, la gente llana encontró la forma de esquivar las reticencias y seguir celebrando una fiesta que era suya y que nadie le pudo, ni le podrá quitar. Algo que, sin embargo, aunque pueda haber ocurrido también en Jerez, no tuvo repercusión pues los continuos intentos de reavivar estas fiestas en nuestra ciudad, especialmente en los años 80, no cosecharían el éxito que se esperaba.

Bibliografía:

Moreno Alonso, José. (1987). Historias, Leyendas y Fiestas de Xerez de la Frontera. Jerez: Gráficas del Exportador. Colección Alcubilla.

Ramírez López, Manuel; Cirera González, José A.; Gómez Palomeque, José I. (2010). Curiosidades Xerezanas II. Jerez: Editorial AE.

Ramos Santana, Alberto. (2001). El Carnaval Secuestrado o Historia del Carnaval, El Caso de Cádiz. Cádiz: Quorum Editores.

Caro Cacela, Diego. (Coord.) (1999). El Jerez Moderno y Contemporáneo. Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz.

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