"Soy feliz escribiendo, no puedo dejar de hacerlo"

Ana Vega Burgos presenta la novela juvenil 'Rosas para Amelia' en la Feria del Libro de Jerez

Ana Vega Burgos, con su novela, en los Claustros de Santo Domingo. FOTO: MANU GARCÍA.
Ana Vega Burgos, con su novela, en los Claustros de Santo Domingo. FOTO: MANU GARCÍA.

Teniendo seis años recuerda estar en el salón de su casa, sentada en la mesa camilla, y ver a sus padres pasar las tardes escribiendo. Y empezó a hacerlo ella también por imitación. Con diez años ya escribía aventuras de circo y poesías a la localidad onubense donde se crió. “Fui la escribidora más joven de España”, dice Ana Vega Burgos (Niebla, 1965), quien dejó de hacerlo con 17 años, para dedicarse luego a la venta ambulante y retomar su afición cuando su hija tenía siete años. Su mirada azul escondía un misterio es el nombre de la novela que su padre presentó, sin que ella lo supiera, al II Certamen de Novela Fuente Agria. Lo ganó. Y desde entonces no ha dejado de crear relatos y novelas. “Me di cuenta de lo feliz que era escribiendo, no puedo dejar de hacerlo”, cuenta antes de la presentación de su novela juvenil Rosas para Amelia en la Feria del Libro de Jerez, donde viene invitada por CNT.

Fue un día viajando en el Adriano III, más conocido como el Vaporcito, cuando se le ocurrió la idea que dio vida a la novela que trae a la ciudad. “Escuché a una gente hablar de un hombre que alquilaba su barco para cenas y me gustó la idea”, señala. “De ahí fue saliendo la historia”, que escribió en pocos días, aunque luego la fue puliendo. Los protagonistas son dos hermanastros, una chica blanca y un chico negro, que encuentran un cofre con doce cartas de amor y empiezan a investigar quién podría ser el autor y la destinataria de estas misivas.

“Hay un poco de suspense y también se tratan temas como la discriminación racial, la situación por la que pasan los hijos con padres separados… Va surgiendo todo porque son cosas que vas viendo día a día”, señala la autora. Ella misma se separó cuando su hija tenía 15 años, “son cosas normales porque las ves en todas partes”, señala. La protagonista de la novela mira a su hermano “como si fuera un niño tonto cursi que no tiene cerebro y se va dando cuenta de que hay cerebros en todo el mundo”, relata Vega Burgos, quien añade que llega a descubrir que “su hermano es un luchador por la igualdad, cosa que no sospechaba”.

Ana Vega, con Francisco Cuevas, de CNT, durante la presentación. FOTO: MANU GARCÍA.

La autora hasta incluye un personaje que representa a su padre, el histórico anarquista jerezano Cristóbal Vega Álvarez, del que dice que “nació poeta y murió poeta”. “Escribir era el estímulo que le impulsaba, la campana que repicaba sobre su corazón para hacerlo latir”, escribe en un blog que le dedica, para que no se pierda su obra después de su muerte. Vega Álvarez estuvo preso en el penal de El Puerto durante 21 años, aunque fue condenado a 40 por delito de opinión.

“Escribir lo salvó de la locura de más de 20 años en prisión, de la desesperanza de perder a su amada, mi madre, Antonia Burgos Béjar, la escritora campesina de Villafranca de Córdoba”, relata su propia hija, que sigue la estela de su padre. “Otros de desahogaban a tortas en el patio del Penal y se pasaban la vida en la celda de castigo, yo escribía, solía pasar las noches sin dormir construyendo en mi mente estrofas que volcaba en el papel en cuanto encendían las luces”, recoge Ana Vega en su novela, unas palabras que pronunció su padre.

“Me contaba que cuando estaba en la celda de castigo se iba pensando un poema y se lo iba aprendiendo verso a verso, lo repetía, se corregía, y cuando salía se ponía a escribir”, relata ella. “Escribió mucha novela western para pagar el abogado porque estaba siempre pidiendo indultos que no le daban”, relata. Ella sigue el legado de su padre, escribiendo relatos y novelas que, en ocasiones, son premiados, como Rosas para Amelia, con el que se hizo con el V Premio de Narrativa Infantil y Juvenil de la Diputación de Córdoba.

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