Decía Luis Eduardo Aute que lo malo de las verdades como templos es que, con el tiempo, se convierten en verdades como puños y pistolas. La libertad no es un derecho, es una conquista. Desdichado el hombre temeroso. La única manera de librarse de una tentación es ceder a ella. Bella es la desdicha para el más desdichado de los fanfarrones. Te entristecerá estar lejos del mar mientras en Cádiz capital hacen tirabuzones entre noche y noche de carnaval.

En los bolsillos no hay más que hilos y monedas de un céntimo. Tu ánimo no se rebajará un ápice. La certeza se ve siempre mellada por el brillo de la moneda lanzada al aire en nuestro universo porque el mundo está lleno de soluciones que no podemos o no queremos ver. Circular en la clandestinidad siempre otorga doble grado de secretismo y pasión. Alejarse de los focos, es una sabia decisión. Ofrecer tu mejor sonrisa cínica y llegar vivos y bien vestidos a una cita es una gran carta de presentación.

Cierta melancolía genética nos azoga. El escritor siempre es el tonto de la familia. Todos los potajes conducen al mismo lugar. Una erección siempre es atea. El seductor y el provocador tienen ideas convergentes sobre el arte de vivir. La ambigüedad supera cualquier perjuicio. Sobre el precipicio del abismo vital más tangencial se proyectará siempre el espejismo del vicio animal. Conviene degustar la salud que nos quede como fruta madura. La vida cura. La muerte avisa. Por las prisas perderemos el último tren. Con desdén observaremos despedirse a nuestro viejo amor una y otra vez de la forma más cruda. Hemos elegido volver al lugar exacto de la última vez por las dudas. Permanecemos los domingos por amor y pedagogía. Buen día.

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