Zona catastrófica en El Bosque y 22 familias en vilo: "Hay grietas brutales"

Los corrimientos de tierra en una ladera repleta de aguas subterráneas y un saneamiento reventado amenazan con sepultar más de una veintena de viviendas. La alcaldesa y los afectados piden auxilio a otras administraciones

La alcaldesa de El Bosque, en primer término, junto a una de sus ediles y dos de las vecinas afectadas por los corrimientos de tierra en el municipio. FOTO: MANU GARCÍA
La alcaldesa de El Bosque, en primer término, junto a una de sus ediles y dos de las vecinas afectadas por los corrimientos de tierra en el municipio. FOTO: MANU GARCÍA

En apenas un mes, Ana ha visto cómo las grietas que recorren la fachada de su vivienda se han ido colando por el salón de entrada. Desde esa pared, puede verse por la enorme fisura del muro la luz de la habitación contigua. "Todo ha sido en apenas un mes, esto hay ido muy rápido", dice esta vecina de la barriada de la Feria, en El Bosque. Este apacible pueblo de la Sierra de Cádiz, con unos 2.100 habitantes, tiene a 22 de sus familias en vilo desde hace dos años y medio, pero especialmente desde el agravamiento del problema en lo que va de año.

"Esto va volado, llevo cinco años de alcaldesa, pero a estas cosas no se acostumbra una, estoy muy preocupada", confiesa Pilar García, regidora socialista de la localidad serrana. A su lado, María Guerrero (58 años) y María Navarro (55), son dos de las vecinas que representan a la plataforma de afectados por unos corrimientos de tierra que "van a más". Entre los afectados, sobre todo muchas personas mayores que autoconstruyeron sus casas a mediados del siglo pasado y que "nunca hemos tenido aquí ningún problema", han trazado un calendario de movilizaciones para lograr que las administraciones públicas declaren esta parte de El Bosque como zona catastrófica y pueda derivarse fondos públicos que actúen sobre el terreno.

En la ladera que baja hasta la referida barriada de la Feria, desde lo alto de la calle Sevilla, la tierra es empujada cada vez con mayor velocidad por las aguas subterráneas, que ha perdido su encauzamiento, que busca salida a marchas forzadas, haciendo que los destrozos ya sean muy visibles en la vía pública, pero también las casas. "Esto va tremendamente rápido, hemos tenido que cortar árboles porque los arrastra", asegura la alcaldesa.

Josefa muestra las rajas de la pared de su dormitorio. FOTO: MANU GARCÍA

El desnivel entre la calzada y los antiguos acerados es ya cercano al metro y medio. Hay muros de contención al final de la ladera cada vez más forzados. Y en las casas, grietas y filtraciones de agua que amenazan a los vecinos en días de lluvia. María Guerrero, cuya madre de 83 años es una de las vecinas afectadas, aún tiene muy presente cómo "con apenas 25 litros que cayeron hace poco, era imposible achicar el agua. Ponía toallas, camisetas, las retorcía... y para nada. Y no vemos el agua que corre diariamente por debajo de la casa, quién dice que no se hunde esto cualquier día. Es peor una gotera que un chaparrón".

Desde la carretera, el acerado empezó a moverse hacia abajo. Se ha provocado un enorme escalón y grietas brutales que, en algunos casos, los afectados cubren como pueden porque "tampoco es plan de dejar las cosas así". Quien no las oculta es el matrimonio formado por Vicente Casillas (74 años) e Josefa Gómez (73), que llegaron a su casa de la barriada bosqueña hace casi 40 años y "nunca hemos tenido ningún problema de este tipo". En el salón familiar, las rajas en la pared se suceden. En el dormitorio, ya hay ladrillo visto por los movimientos de tierra que están produciéndose. "Estamos muy preocupados, es que hay dos muros partidos, a ver qué pasa porque no sabemos hasta cuánto puede aguantar esto. Yo creo que esto es más profundo que simplemente lo de las aguas subterráneas", insiste Vicente.

Grieta en el salón de la casa de Ana, en la barriada de la Feria de El Bosque. FOTO: MANU GARCÍA

Sin embargo, Diputación de Cádiz, la única administración pública que hasta ahora ha socorrido en parte a la localidad, encargó un estudio geotécnico que se prolongó durante seis meses y fue entregado junto al proyecto de obras en enero pasado. Los técnicos son concluyentes: sobre una zona que antaño estuvo repleta de arroyos —hay una fuente incrustada en un muro en la barriada de la Feria que está fechada en el año 63, cuando la madre de María Guerrero entró en su casa por primera vez— hay gran cantidad de aguas subterráneas.

Con los sucesivos corrimientos de tierras, el sistema de saneamiento, "que ya estaba de por sí en mal estado", se ha roto. Eso ha acelerado todo lo que ha venido en unos meses en los que el pueblo no ha lamentado positivos en coronavirus, pero sí un corrimiento de tierra que cada vez quita más el sueño entre muchos de sus residentes.

Una grieta en la fachada de una vivienda. FOTO: MANU GARCÍA

¿Cuál es la solución? Ni es sencilla y ni mucho menos es barata. Al menos para un ayuntamiento tan modesto como el de El Bosque, con 1,9 millones de presupuesto anual. De hecho, el estudio y el proyecto de obra presupuestan la intervención en un millón y medio de euros, "algo inviable para nosotros", reconoce la alcaldesa. Ella misma explica cómo sería la obra para la que demandan ayuda de las administraciones supramunicipales: "Habría que hacer dos pantallas de pilotes que retendrían todo el terreno en gran parte de la calle Sevilla, y en la parte de abajo, en la trasera de la barriada de la Feria, otras dos pantallas de pilotes. Habría que hacer, además, ocho pozos drenantes interconectados con el sistema de saneamiento, que recogerían y canalizarían las aguas, y una última fase para reurbanizar estos destrozos. Con eso acabaríamos con el problema"

El problema es encontrar, en tiempos de covid, fondos públicos que eliminen el riesgo presente con el que viven estos vecinos. "Los técnicos ya nos han advertido que, como esto siga a esta velocidad, antes de final de año habrá que realojar a algunos vecinos", dice Ana Melgar, concejala delegada de Servicios Sociales. Pero la alcaldesa tiene claro que "eso sería mucho más costoso, porque si pasa algo aún más grave, tampoco sería fácil realojar a 22 familias, se multiplicaría el presupuesto". Para María Navarro, residente en las casas agrietadas, esa idea ni se le pasa por la cabeza: "La solución de sacarnos de las casas no es solución porque si nos desalojan ya no entramos más. En el momento que vean que estamos a salvo, se relajan, y ya no entramos más".

Pilar García asegura que ya han hecho gestiones para que el Consejo de Ministros declare esta parte de El Bosque como zona catastrófica, pero al parecer la declaración solo se produce, y con ella las partidas de intervención, cuando la catástrofe se ha producido. "Pero es que va a pasar, no podemos esperar a que llegue eso, ya nos dicen técnicos que a final de año habría que plantearse el realojo de vecinos porque aquí ha volado el terreno", insiste la munícipe. "Nos tenemos que movilizar y el dinero nos lo tienen que juntar, tienen que hacer algo porque nos vamos a quedar como ratón bajo loza", lamenta una de las vecinas afectadas.

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