El violinista jerezano que perdió la audición tras una vida entregada a la música

Enrique Orellana, miembro fundador de la Orquesta de RTVE, ha vendido su 'bagatella' del siglo XVIII por Facebook: “Me críe en el barrio de Santiago. Todos cantaban flamenco, yo zarzuela”

Enrique Orellana posa para lavozdelsur.es en el despacho donde guarda los recuerdos de casi 70 años dedicados a la música
Enrique Orellana posa para lavozdelsur.es en el despacho donde guarda los recuerdos de casi 70 años dedicados a la música MANU GARCÍA

La historia comenzó cuando era un niño. Criado en el barrio de Santiago en el seno de una familia de gran influencia musical, Enrique Orellana tuvo sus primeros contactos con la música a los 8 años. Su padre, el tenor lírico José Orellana, guardaba un violín en la casa familiar desde hacía años. Un día, el pequeño Enrique le pidió que se lo arreglara ya que su hermano, también músico, no le dejaba tocar el piano.

"Mi padre estudió violín pero se partió el brazo y no podía tocarlo", explica mientras abre las puertas de su domicilio a lavozdelsur.es. Residente en Madre de Dios, volvió a su Jerez natal tras su jubilación y haber vivido durante más de 40 años en Madrid. Ahora comparte pistas de audio, fotografías y vídeos de sus actuaciones con sus familiares y amigos sin poder apenas escucharse. Junto a él nos recibe su esposa, con la que siendo un adolescente hizo las maletas para ir a la capital. 

El músico jerezano, miembro de número de la Real Academia de San Dionisio, no es capaz de apreciar la música
El músico jerezano, miembro de número de la Real Academia de San Dionisio, no es capaz de escuchar música.    MANU GARCÍA

"Creo que si ya no puedes tocar, sufres más teniéndolo ahí", dice Loly sobre el violín de su marido: un bagatella de Padua del siglo XVIII que compró en 1970 por medio millón de pesetas, y que ha conseguido vender a través de un grupo de Facebook. "He visto su proceso, cómo crecía. Nos hicimos novios cuando éramos niños aquí en Jerez, luego se fue a estudiar, nos casamos, nos fuimos y nos volvimos", cuenta en el recibidor de la vivienda familiar, acompañada de una de sus hijas.

El problema de audición de Enrique, repentino y "de un día para otro", hizo que su vida cambiara por completo el pasado año. "Los médicos le dijeron: usted es uno entre miles, pero le ha tocado. De ahí para abajo…", explica mientras su marido le observa. Gracias a un dispositivo auditivo, el intérprete aun con dificultades puede entablar una conversación pero reconoce que no es capaz de apreciar la música. "Echo mucho de menos escuchar un concierto", lamenta.

Emigrar a Madrid con 16 años en 1959

Con tan solo doce años, Enrique participó como alumno de la recién creada Escuela Municipal de Música de Jerez. Bajo la dirección de Moisés Davia y con el profesor Martinez Carmén, se inició en lo que considera su vida profesional pero también personal. "Como hijo de cantante, me gustaba mucho cantar. Recuerdo que hicieron un concurso de canto en la Tintorería Azul, muy cerca de casa. El premio eran 500 pesetas. Me presenté. Allí todos cantaban flamenco y yo zarzuela", ríe.

Las manos del violinista.
Las manos del violinista.   MANU GARCÍA

El músico, que cree que en Jerez siempre ha habido un importante ambiente musical, recuerda aquellos años con nostalgia y alegría. "En el barrio de Santiago hay de todo. Don Germán —Álvarez Beigbeder, compositor y padre de Manuel Alejandro— nació en la calle de la Merced, y el Maestro Navarro, que era un buen organista, en la calle Ancha. Mi padre y yo en frente", dice.

Tras unos años, Enrique se traslada a Madrid con objeto de continuar sus estudios en el Real Conservatorio de Música. A Madrid llegó de la mano de su padre, y a través de un amigo que conoció en la Guerra Civil, Fernando Espinar. “Mi padre me llevó para que me viera el amigo suyo, Antonio Arias, que hacía una antología de estudios del violín. Al final la técnica la aprendí yo”, ríe.

Enrique Orellana interpreta junto a su hermano José Manuel el Ave María de Schubert en Sanlúcar

Allí, ilusionado y ensimismado ante la capital, se empapa de conciertos de solistas, de la Orquesta Nacional, del Cuarteto Nacional o del Cuarteto Clásico, grupo del que su profesor de violín era miembro. "Di clases con los catedráticos Luis Antón y Carlos Sedano, pero las clases de violín con Antonio Arias sobrepasaban la relación de profesor y alumno. Me sentía como en mi propia casa", explica.

Sobre su maestro, destaca una anécdota que le dijo en aquellos primeros años: "La técnica está muy bien pero has dejado en casa la música. Hay que hacer música y dejar en casa la técnica", dice. Tras terminar la carrera de violín, el joven Enrique obtiene el Premio Saraste, un galardón de fin de carrera en el Real Conservatorio Superior de Música. Un año después, se presentó a las oposiciones de la Orquesta de RTVE, de la que ha formado parte durante 36 años.

Enrique Orellana en el ordenador de su pequeño estudio.
Enrique Orellana en el ordenador de su pequeño estudio.   MANU GARCÍA

"Cuando mi hermano hizo el examen de música de cámara yo le acompañé. Tocamos la sonata de violín de piano de Don Germán. En Madrid, él hizo lo mismo y vino conmigo", recuerda. Tras conseguir la plaza y pasar a formar parte del grupo como miembro fundador, vivió los mejores años de su carrera profesional.

Así, con la Orquesta de RTVE ha realizado más de 2.000 conciertos públicos, actuando en giras por Estados Unidos, Japón, México o Suiza, y ha grabado más de dos mil horas en TVE y tres mil horas en Radio Nacional. En las paredes de su pequeño estudio de Jerez, varios marcos y cuadros guardan las fotografías y los premios de su dilatada trayectoria. Sin embargo, no encontramos ninguno de los violines que le acompañó.

Pese a su éxito, no sabemos si es una historia con final feliz. "Ahora me dedico a jugar al solitario en el ordenador", comenta con sentido del humor. Enrique, que disfruta del cariño familiar, le quita hierro al asunto con una sonrisa: "Hay personas que están peor que yo. Estoy bien de salud. Es así".

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