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Últimas horas para que prescriba tras 25 años la desaparición de la joven profesora Ana Eva Guasch: errores policiales y un presunto sospechoso

La mujer no acudió el lunes a su trabajo y se sitúa la última pista en ese fin de semana de octubre de 2001. Fue declarada muerta y nunca se llegó a abrir ni siquiera un juicio contra nadie

  • Un retrato de Ana Eva Guasch.

El 21 de octubre de 2001 desapareció en Palma de Mallorca Ana Eva Guasch Melis, una profesora de 27 años cuyo paradero continúa siendo un misterio un cuarto de siglo después. Su caso se convirtió en uno de los mayores enigmas de la crónica negra balear, marcado por una investigación policial que acumuló errores en sus primeras fases, numerosas búsquedas infructuosas y un principal sospechoso que fue detenido hasta en cuatro ocasiones, pero contra el que nunca se encontraron pruebas suficientes para lograr una condena. Ahora, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, el periódico local Última Hora recogía cómo está punto de prescribir el supuesto delito.

Ana Eva era licenciada en Filología Hispánica y trabajaba como profesora en el colegio Santa Mónica de Palma, además de impartir clases de español a extranjeros en un programa municipal. Quienes la conocían la describían como una joven alegre, extrovertida, responsable y muy comprometida con sus alumnos. Había comenzado una nueva etapa personal viviendo de manera independiente en un piso alquilado.

La última vez que sus amigos la vieron fue durante la madrugada del 20 al 21 de octubre de 2001, después de celebrar un cumpleaños y salir por la zona del Paseo Marítimo. Sobre las 5.30 horas, Ana Eva decidió regresar a casa, aunque antes acompañó en su coche a varios amigos hasta sus respectivos domicilios. Después se dirigió a su vivienda. A partir de ese momento, nadie volvió a verla.

La preocupación comenzó cuando la profesora no acudió a sus compromisos y, especialmente, cuando el lunes 22 de octubre faltó al colegio sin avisar, algo completamente impropio de ella. Sus familiares y amigos acudieron al piso y descubrieron una serie de circunstancias extrañas. Su coche permanecía correctamente aparcado y dentro de la vivienda estaban su documentación, sus llaves y otras pertenencias personales. Sin embargo, faltaban una lámpara de mesilla, una colcha y su ordenador portátil.

También llamaron la atención otros detalles: las persianas estaban bajadas, algo que Ana Eva no acostumbraba a hacer; había ropa preparada en la lavadora, pero el electrodoméstico no se había puesto en funcionamiento; el cubo de basura estaba vacío y la disposición de algunos objetos había cambiado. Sus amigas sospecharon, además, que alguien había limpiado minuciosamente la vivienda. La puerta no presentaba señales de haber sido forzada, lo que llevó a los investigadores a considerar la posibilidad de que la joven hubiera permitido entrar a una persona conocida.

Uno de los aspectos más controvertidos del caso fue la actuación policial durante los primeros días. Los investigadores inicialmente contemplaron que Ana Eva pudiera haberse marchado voluntariamente o encontrarse con alguna pareja, por lo que no se activó con la rapidez necesaria una investigación exhaustiva. La familia y los amigos denunciaron posteriormente que sus advertencias no se tomaron suficientemente en serio.

Entre los errores más graves estuvo la pérdida de las grabaciones de varias cámaras de seguridad de establecimientos cercanos a la vivienda. La Policía no las solicitó a tiempo y, cuando intentó recuperarlas, ya habían sido borradas. Aquellas imágenes podrían haber resultado fundamentales para reconstruir lo ocurrido durante la madrugada de la desaparición.

También hubo deficiencias en las inspecciones del inmueble. Inicialmente se buscaron principalmente huellas dactilares y no se aplicaron técnicas más avanzadas de análisis biológico hasta años después. Incluso se tardó alrededor de dos años en inspeccionar un antiguo depósito de agua situado en la finca. Las búsquedas no permitieron localizar restos de la profesora.

Con el avance de las pesquisas, la investigación se concentró en un joven, pero siempre quedó en libertad por falta de pruebas. No se estableció judicialmente su responsabilidad. Mientras la investigación avanzaba sin resultados concluyentes, familiares y amigos impulsaron numerosas movilizaciones para mantener vivo el caso. Organizaron campañas de recogida de firmas, crearon una asociación y mantuvieron reuniones institucionales.

La causa fue archivada provisionalmente en 2002 y Ana Eva fue declarada oficialmente fallecida en 2013, aunque su cuerpo nunca apareció. El antiguo edificio en el que vivía fue demolido y sustituido por otro inmueble, de manera que también desapareció físicamente uno de los principales escenarios de la investigación. La hipótesis que terminó imponiéndose entre los investigadores fue que Ana Eva había sido víctima de un homicidio cometido por una persona conocida que acudió a su vivienda durante la madrugada o la mañana del 21 de octubre de 2001. Sin embargo, nunca se pudo reconstruir lo sucedido ni determinar dónde fueron ocultados sus restos.

El 21 de octubre de 2001 desapareció en Palma de Mallorca Ana Eva Guasch Melis, una profesora de 27 años cuyo paradero continúa siendo un misterio un cuarto de siglo después. Su caso se convirtió en uno de los mayores enigmas de la crónica negra balear, marcado por una investigación policial que acumuló errores en sus primeras fases, numerosas búsquedas infructuosas y un principal sospechoso que fue detenido hasta en cuatro ocasiones, pero contra el que nunca se encontraron pruebas suficientes para lograr una condena. Ahora, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, el periódico local Última Hora recogía cómo está punto de prescribir el supuesto delito.

Ana Eva era licenciada en Filología Hispánica y trabajaba como profesora en el colegio Santa Mónica de Palma, además de impartir clases de español a extranjeros en un programa municipal. Quienes la conocían la describían como una joven alegre, extrovertida, responsable y muy comprometida con sus alumnos. Había comenzado una nueva etapa personal viviendo de manera independiente en un piso alquilado.

La última vez que sus amigos la vieron fue durante la madrugada del 20 al 21 de octubre de 2001, después de celebrar un cumpleaños y salir por la zona del Paseo Marítimo. Sobre las 5.30 horas, Ana Eva decidió regresar a casa, aunque antes acompañó en su coche a varios amigos hasta sus respectivos domicilios. Después se dirigió a su vivienda. A partir de ese momento, nadie volvió a verla.

La preocupación comenzó cuando la profesora no acudió a sus compromisos y, especialmente, cuando el lunes 22 de octubre faltó al colegio sin avisar, algo completamente impropio de ella. Sus familiares y amigos acudieron al piso y descubrieron una serie de circunstancias extrañas. Su coche permanecía correctamente aparcado y dentro de la vivienda estaban su documentación, sus llaves y otras pertenencias personales. Sin embargo, faltaban una lámpara de mesilla, una colcha y su ordenador portátil.

También llamaron la atención otros detalles: las persianas estaban bajadas, algo que Ana Eva no acostumbraba a hacer; había ropa preparada en la lavadora, pero el electrodoméstico no se había puesto en funcionamiento; el cubo de basura estaba vacío y la disposición de algunos objetos había cambiado. Sus amigas sospecharon, además, que alguien había limpiado minuciosamente la vivienda. La puerta no presentaba señales de haber sido forzada, lo que llevó a los investigadores a considerar la posibilidad de que la joven hubiera permitido entrar a una persona conocida.

Uno de los aspectos más controvertidos del caso fue la actuación policial durante los primeros días. Los investigadores inicialmente contemplaron que Ana Eva pudiera haberse marchado voluntariamente o encontrarse con alguna pareja, por lo que no se activó con la rapidez necesaria una investigación exhaustiva. La familia y los amigos denunciaron posteriormente que sus advertencias no se tomaron suficientemente en serio.

Entre los errores más graves estuvo la pérdida de las grabaciones de varias cámaras de seguridad de establecimientos cercanos a la vivienda. La Policía no las solicitó a tiempo y, cuando intentó recuperarlas, ya habían sido borradas. Aquellas imágenes podrían haber resultado fundamentales para reconstruir lo ocurrido durante la madrugada de la desaparición.

También hubo deficiencias en las inspecciones del inmueble. Inicialmente se buscaron principalmente huellas dactilares y no se aplicaron técnicas más avanzadas de análisis biológico hasta años después. Incluso se tardó alrededor de dos años en inspeccionar un antiguo depósito de agua situado en la finca. Las búsquedas no permitieron localizar restos de la profesora.

Con el avance de las pesquisas, la investigación se concentró en un joven, pero siempre quedó en libertad por falta de pruebas. No se estableció judicialmente su responsabilidad. Mientras la investigación avanzaba sin resultados concluyentes, familiares y amigos impulsaron numerosas movilizaciones para mantener vivo el caso. Organizaron campañas de recogida de firmas, crearon una asociación y mantuvieron reuniones institucionales.

La causa fue archivada provisionalmente en 2002 y Ana Eva fue declarada oficialmente fallecida en 2013, aunque su cuerpo nunca apareció. El antiguo edificio en el que vivía fue demolido y sustituido por otro inmueble, de manera que también desapareció físicamente uno de los principales escenarios de la investigación. La hipótesis que terminó imponiéndose entre los investigadores fue que Ana Eva había sido víctima de un homicidio cometido por una persona conocida que acudió a su vivienda durante la madrugada o la mañana del 21 de octubre de 2001. Sin embargo, nunca se pudo reconstruir lo sucedido ni determinar dónde fueron ocultados sus restos.

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