Trebujena ya exhuma a represaliados: "Mi madre buscó durante 80 años a su hermano y ha muerto sin ver esto"

Un equipo de arqueólogos, gracias a una subvención de la FEMP conseguida por el Ayuntamiento, busca restos de víctimas del franquismo en el cementerio municipal. Hay contabilizadas unas 110, aunque no todas están en este enclave, en el que se han iniciado unos trabajos que durarán varios meses

Un vecino de Trebujena, iniciando la exhumación de represaliados, de forma simbólica, en el cementerio municipal.
Un vecino de Trebujena, iniciando la exhumación de represaliados, de forma simbólica, en el cementerio municipal. MANU GARCÍA

Al abuelo de María Dolores Rodríguez le raparon la cabeza, le dieron aceite de ricino y lo pasearon por Trebujena. Una noche, a las tres de la mañana, lo sacaron de la cama a la fuerza. “Adiós, Aurelia”, le dijo a su mujer, a la que no volvió a ver, dejándola viuda con cuatro hijos pequeños —la madre de María Dolores se quedó huérfana con seis años—.

La mañana de este lunes, 5 de julio, ella ha sido una de las personas que, azadón en mano, ha iniciado de forma simbólica la exhumación de restos de represaliados por el franquismo en el cementerio municipal de la localidad. “Y porque el alcalde me ha quitado, si no ahí sigo”, dice Rodríguez, que forma parte de la Mesa de la Memoria de Trebujena, una entidad que empezó hace 17 años a recabar información sobre el centenar de víctimas del municipio, entre ellas, su abuelo.

“Mi abuelo dijo viva el comunismo delante de tres falangistas que estaban matando a una persona en la tapia, lo persiguieron y fue la matanza más vil que hubo en Trebujena”, relata María Dolores. “Él logró escapar con un tiro en la pierna, pero más adelante lo remataron con un tiro por la espalda”, cuenta de forma cruda, como su abuela le había relatado desde pequeña.

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María Dolores Rodríguez busca los restos de su abuelo. MANU GARCÍA

“Ella me lo contó todo con pelos y señales”, recuerda esta vecina de Trebujena, quien asegura que el inicio de los trabajos de exhumación, y su posterior entrega de los restos a las familias, “es lo más digno que podemos hacer con estas personas que dieron su vida por la libertad”. “Me comprometí a seguir la lucha que empezó mi madre y a recuperar los restos de mi abuelo”, recalca.

En una tapia del cementerio municipal de Trebujena, el antiguo cementerio civil, están tallados en mármol los nombres del centenar de vecinos que fueron represaliados por el franquismo. Muchos de ellos, previsiblemente, se encuentran en el terreno donde este lunes se ha iniciado la exhumación, donde se estima que hay varias fosas. Andrés Fernández, arqueólogo y antropólogo forense, coordinador del equipo encargado de los trabajos, explica que primero realizarán varias catas para luego “localizar restos óseos que nos van a confirmar que son las personas que estamos buscando”.

Una de esas personas es el tío de Pedro Jerez, llegado desde Málaga. Su madre, fallecida hace apenas un mes a los 95 años, estuvo 80 buscando a su hermano, José Moreno Sánchez. Después de más de un cuarto de siglo de investigaciones determinaron que se encontraba en la fosa de Trebujena. Él era de Sanlúcar, y fue a la localidad para ayudar a su padre a construir una choza, cuando se inició la Guerra Civil. “Mi madre pensó que su hermano se podía haber escapado, incluso con 70 años fue a Rusia a buscarlo”, relata Pedro.

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Familiares de represaliados, en la lápida donde están sus nombres. MANU GARCÍA

José Moreno estaba durmiendo la siesta en la finca familiar cuando fueron a buscarlo para “hacerle una pregunta”. “Mi abuelo le dio una moneda de plata para que cogiera un taxi”, relata Pedro Jerez. En ese momento, José le dijo a su padre: “Adiós papaíto, ya no me vas a ver más. Cuida de mis hijos”. Y así fue. Tras su “desaparición”, la familia empezó a buscarlo, primero en Sevilla, luego le contaron que estaba en una cárcel flotante que había en Coria del Río, después en El Puerto… Hasta que le dijeron: “No busques más porque te vas a buscar un problema”. Ya había sido asesinado.

La madre de Pedro, mientras Franco estuvo vivo, no hablaba de su hermano porque “era señalarse”. Una vez fallecido el dictador, comenzaron una búsqueda que duró 25 años. “Solo queremos un entierro digno”, sostiene Pedro. “Mi madre estuvo buscando 80 años a su hermano hasta que lo encontró y al final ha muerto sin saber que iban a abrir aquí…”, dice, sin poder evitar emocionarse. “El día que vino a Trebujena y supo que estaba aquí, sufrió como si hubiera muerto ese día”, recuerda.

“Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para recuperar hasta el último cuerpo”, asegura el alcalde de Trebujena, Jorge Rodríguez. El Ayuntamiento, que ha iniciado la exhumación gracias a una subvención de 18.000 euros de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), asegura que complementará este importe, si es necesario, para completar el proceso y devolver todos los restos hallados a las familias, que durará varios meses.

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Un familiar deja flores cerca de la fosa común del cementerio de Trebujena. MANU GARCÍA

“Estas personas fueron asesinadas por defender la democracia”, señala Rodríguez. “Hoy es un día de emociones”, agrega Ana Luisa Robredo, delegada de Memoria Histórica de Trebujena. “Merece la pena todo el trabajo realizado”, ya que “los familiares están muy contentos y emocionados, muchos creían que este momento nunca iba a llegar”, aporta.

“Empezamos a ver luz al final del túnel”, apunta Luis Caro Romero, historiador, miembro de la Mesa de la Memoria de Trebujena y autor del libro Trebujena 1936. Historias de una represión, una investigación iniciada en 2004 en la que “lo fundamental era recabar datos de todas las víctimas, conocer sus historias y contactar con los familiares”, señala. “El objetivo último era éste que hoy comenzamos”, dice Caro, para quien “es increíble que haya llegado este momento”.

El historiador es quien cifra en torno a 110 el número de represaliados de la localidad. “No todos están aquí”, avisa, ya que en las fosas del cementerio es previsible que haya restos de vecinos de localidades cercanas. “Documentos por escrito no hay, nos basamos en la transmisión oral, porque trataban de borrarlos no sólo físicamente, sino de la memoria de los vecinos, eliminarlos como si no hubieran existido”, explica.

El arqueólogo Andrés Fernández detalla que los trabajos son “complicados”, porque es previsible que se encuentren varias fosas, abiertas hace más de 80 años, y porque hay muchos represaliados que no tienen descendientes directos. “Los nietos tenemos un 25% de nuestros abuelos, lo que dificulta la probabilidad de identificación”, reseña. “La medida estándar que utilizan los genetistas para considerar positiva una prueba es el 97%”, dice. Eso deberá determinarlo la Universidad de Granada, donde terminarán los restos hallados y las muestras de ADN tomadas a las familias.

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