Paco y Juan José, dos descendientes de los 99 colonos de El Palmar: "No nos dejan prosperar"

Los primos Gomar, hijos de familias que recibieron los terrenos durante la II República, relatan cómo ha cambiado una zona donde hay más de 1.500 edificaciones que buscan la regularización

Juan José y Paco Gomar, rodeados de palmitos, en El Palmar. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Juan José y Paco Gomar, rodeados de palmitos, en El Palmar. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Durante la II República, un grupo de colonos recibió 99 propiedades a cambio de instalarse en lo que eran unos terrenos baldíos, a cambio de que trabajaran la tierra. De aquellos pobladores iniciales de El Palmar, la pedanía de Vejer que hoy se ha convertido en una de las playas de moda del país, apenas quedan supervivientes. Francisco y Juan José Gomar son primos, e hijos de dos de los colonos fundacionales. Ambos nacieron en la década de los 40 del siglo pasado y, desde entonces, no se han movido de El Palmar.

“Yo sigo viviendo en los terrenos que le dieron a mi padre”, expresa Francisco Gomar, Paco para los amigos, de 77 años. La vivienda donde residieron sus padres se construyó en 1936. La suya, en la década de los 70. Ahora sus hijos lo acompañan. “Llevo empadronado aquí toda la vida, aquí nací”, expresa uno de los pocos que puede decirlo. Solo unos 700 vecinos están inscritos en el padrón, aunque la Plataforma de Afectados por Viviendas Irregulares de El Palmar (Pavip) calcula que residen en la zona más de 1.500 personas durante todo el año, una cifra que se multiplica durante los meses de verano.

Paco critica que “El Palmar tiene el freno echado, pero para pagar no hay problema”, en referencia a los impuestos que abonan al Ayuntamiento de Vejer los vecinos de la pedanía, unos 850.000 euros al año, calculan desde Pavip, aunque sus cuentas no incluyen a los numerosos negocios que proliferan en la zona. “Aquí siempre nos han engañado”, se queja Paco, quien recuerda cómo en los años 70 llegaron a abonar una importante suma de dinero con la promesa de contar con luz eléctrica, que perdieron tras ser estafados.

Juan José y Paco, en una de las escuelas de surf de El Palmar. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Paco Gomar regentó un bar, el bar La Chanca, en la zona conocida por el mismo nombre en El Palmar. El negoció abrió a finales de los años 80, cuando a la playa solo se asomaban los vecinos de la pedanía y alrededores y algunos surfistas que empezaban a descubrir este templo de las olas. “Entonces nadie se acordaba de El Palmar”, dice, en una época en la que las vacas eran las dueñas de la playa y los autóctonos apenas se bañaban en ella. De hecho, cuando hay temporales y el viento levanta la arena, todavía se ven pisadas de vacas, cuenta. “Yo iba poco, desde muy pequeño estuve trabajando, con once años ya estaba en el campo”, recuerda.

Juan José Gomar, de 74 años y primo de Paco, también ha dedicado su vida al campo. Primero a la remolacha, luego a lo que pudo. Trigo o maíz. “Con la remolacha nos montamos un poco, pero me salí antes de que se viniera abajo”, cuenta. “Ya campo no hay. Ahora se compra el trigo a 80 céntimos y te lo pagan a diez o doce céntimos, ¿eso cómo va a ser?”, expresa. Por eso, ahora, no quiere saber nada de agricultura. “No nos dejan prosperar”, agrega su primo Paco. “La gente ha ido vendiendo porque remolacha no hay”. Él mismo ha sido multado por eso mismo. Ambos son partidarios de una regularización que parece lejana.

“Queremos ordenar El Palmar”, expresan desde la Plataforma de Afectados por Viviendas Irregulares de El Palmar, que ha elaborado dos planes especiales para ir implantando paulatinamente alumbrado, alcantarillado y agua potable en la pedanía. La esperanza de la plataforma pasa por acogerse al Decreto Ley de Medidas Urgentes para la Adecuación Ambiental y Territorial de las Edificaciones Irregulares aprobado por la Junta de Andalucía en septiembre de 2019, que pretendía resolver la situación de más de 300.000 familias en toda la comunidad. De momento, apenas ha habido novedades.

Juan José, junto a una foto de la Torre Nueva de El Palmar. FOTO: JUAN CARLOS TORO

El Palmar llegó a estrenar en 2008 una Oficina de Planeamiento, dirigida por la Empresa Pública de Suelo de Andalucía —adscrita a la Junta de Andalucía—, que pretendía regular más de 700 viviendas ilegales —según estimaciones del Gobierno andaluz— y parcelas libres. El Ayuntamiento de Vejer, diez años después, apuntaba en declaraciones a lavozdelsur.es que “el proyecto de urbanización que en su día aprobó la Empresa Pública de Suelo era mastodóntico y carísimo”. El Consistorio apostaba entonces por aplicar el Plan Especial de Reforma Interior (PERI), “pero cuando lo tenemos en exposición pública, vemos que hay que empezar de nuevo porque hay el doble de viviendas previstas que las que hay en ese primer momento”, contaba José Ortiz, ex alcalde de Vejer y ahora senador del PP por la provincia, en una entrevista de hace unos meses en lavozdelsur.es.

Luis, un salmantino afincado en El Palmar desde hace 15 años, da la clave del éxito de esta playa: “La gente se sienta atraída porque es distinta, puedes estar paseando y encontrarte por la zona un rebaño de ovejas o un tractor que ara la finca. Y no soy surfista, pero al parecer es una playa excelente para este deporte”. Él conoció El Palmar en 1985 y se quedó prendado. “Cuando vine por primera vez la playa estaba vacía y solo la conocían algunos famosos, que venían buscando tranquilidad”, dice.

Esa tranquilidad es difícil de encontrar hoy día. “Este verano los alojamientos están completos, la temporada será mejor que el año pasado incluso”, apunta desde Pavip. Da idea del éxito de El Palmar. Antes de 1975 había 120 viviendas en El Palmar. Entre ese año y los doce siguientes, se construyeron una media de quince anuales –unas 180–. Hasta 1993 se hicieron otras 200. Ahora, cada año se construyen unas 40 casas, aunque la cifra exacta es muy difícil conocerla. La plataforma vecinal calcula que ya hay más de 1.500 edificaciones, entre ellas las de Juan José y Paco, dos de los descendientes de colonos que resisten, rodeados de escuelas de surf, chiringuitos y veraneantes, un paisaje muy distinto del que vivieron durante su infancia.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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