No es la calle Sierpes, pero casi: crónica desde la Chipiona que se viste poco a poco de Sevilla

La crisis del coronavirus permite que establecimientos como la Peña Bética vayan recuperando algo de clientela, aunque no se ha producido una llegada masiva en el puente del Corpus. "Esto se va a llenar en dos semanas", dice un visitante

José Manuel Zaldúa, en la Peña Bética, ubicada en pleno centro, en la 'Sierpes chipionera'. FOTO: MANU GARCÍA
José Manuel Zaldúa, en la Peña Bética, ubicada en pleno centro, en la 'Sierpes chipionera'. FOTO: MANU GARCÍA

El lunes 8 de junio traía a Chipiona los primeros coletazos de normalidad. Algunos de esos bloques de urbanizaciones de costa son en su mayoría de visitantes de larga temporada. O sea, de chipioneros de Sevilla. O sevillanos de Chipiona. Habitantes cíclicos, recurrentes, de los que tienen anécdotas de playa desde hace 30 años o más, pisos de abuelos que ahora disfrutan sus nietos... Es un trozo de Sevilla que, poco a poco, se adapta a la nueva normalidad. Desde el lunes ya están permitidos los viajes interprovinciales en Andalucía. Apenas 48 horas antes los permitió la Junta. Este jueves 11 de junio se esperaba que aquel aumento de principios de semana sufriera un brusco aumento, pero no ha sido tanto. "No están todos para ser el día que es", cuenta un hostelero.

La primera señal de que los sevillanos han llegado es que se ven camisetas y gorras de Betis y Sevilla, quienes horas después jugarán el derby. La primera señal de que no son tantos como se esperaba es que no cuesta aparcar cerca del centro. Aún quedan bares por abrir en el paseo marítimo. Y esa calle Siperes de Chipiona, en referencia a la céntrica calle sevillana que en realidad aquí se llama Isaac Peral, tiene ambiente, pero nada del chancleteo por las aceras. En este junio atípico corre brisa directa del mar que cala a los que van en bañador.

José Manuel Zaldúa es propietario de la Peña Bética de Chipiona, del negocio concretamente, aunque reconoce que no es muy futbolero. Nacida en el año 72, se hizo con el negocio a mediados de los 90. Aquí comen sevillistas, béticos y cualquiera. "El fútbol no me apasiona". Él es chipionero. Fundó el local un ojeador del Betis para la zona. Han ido ampliando con los años. "El año pasado trabajábamos casi 30 personas. Nos iba muy bien, incluso este carnaval. Abrimos el 11 de mayo otra vez, pero estamos la mitad". El 8 de junio mejoró la situación. La clientela, de aquí y de allí, responde.

Una familia sevillana, al sol mientras los operarios parcelan la playa. FOTO MANU GARCÍA

En estas mesas han comido Joaquín, Lopera e incluso se ha celebrado algún almuerzo de plantilla cuando han jugado por la zona. De Lopera, aquel presidente de tanta personalidad, recuerda que fue muy amable. El partido, salvo cambio de ultima hora, no se retransmite. "No está todavía el Canal Plus, lo pone lo que es la peña, yo llevo el negocio". A los de cada equipo se les convence con pescaíto. "Te enseñan hasta el tatuaje del Sevilla y te dicen que van a seguir viniendo".

El hermano de José Manuel es camarero, y él sí es de los de autobús a Sevilla para ir al Villamarín.  "Chipiona tiene muchos béticos. Cuando juega con los grandes, en vez de un autobús, se llenan dos. Hoy gaanmos seguro. El cliente es el cliente, me da igual de qué equipo sea. Aunque si lo conozco, le pego una carga antes de que me la pegue el a mí".

En la puerta del local, una camiseta roja, la del equipo de Nervión. José es trabajado esencial, transportista y sevillano. "Yo veo un 5-0", dice. Los béticos son menos optimistas, quizás un 1-2 para los suyos. Carmen, su pareja, lo es, una de esas herederas del derecho a acudir al piso en la playa, donde ha pasado los veranos. Vienen para el puente, como la mayoría de visitantes. "Hoy gana mi Betis. Gol de mi Joaquín". "El que no venga a la Peña Bética aquí en Chipiona...", dice José. Ella sí tiene la mascarilla apostada sobre la garganta mientras almuerzan. Él no la tiene a mano, tiene más confianza. "Cuanto más te obsesiones, yo creo que peor. Yo no tengo miedo para el coronavirus". "La gente no creo que esté viniendo por ahora, hay mucho miedo a venir", señala Carmen.

A pocos metros, Pepi González regenta una juguetería que cerro durante la crisis sanitaria. A las puertas, el reclamo son gorros de playa, flotadores y sombrillas de colores. Dentro, muñecos hiperrealistas. Todos los negocios se adaptan a vivir del verano, ese momento en el que la localidad multiplican almas.  "Hoy se veía algo más, desde el lunes, pero muy por debajo. Vendemos muchos caprichos de los niños. No quiero perder la esperanza para el verano". Ella lo ve claro. "Aquí pueden estar tranquilamente, no hay virus. Creo que el turismo va a venir". Es agua de mayo ese turismo nacional, con algo de Madrid, pero sobre todo de esa Sevilla que está llegando pero aún no se atreve como lo ha hecho otros puentes festivos. Ella es bética de tanta influencia historica.. "Para este jueves, un empate. Que tengo muchos compromisos".

Un cliente de la Peña Bética, a las puertas con una camiseta del Sevilla. FOTO: MANU GARCÍA

En la playa, una familia de tres generaciones, del abuelo a la nieta. Detrás, un grupo de operarios parcela la playa. Aún no están aquellos vigilantes prometidos por la Junta. El tiempo no acompaña. Han llenado el coche entre los cuatro para echar el jueves, y el viernes a trabajar.  "Este año a ver cómo va, de aquí a dos semanas se va a poner a tope", dice Antonio, el abuelo. Toman el sol de espaldas a la orilla, lo que demuestra experiencia y saber veraniego. "Si hay gente, no nos quitamos la mascarilla", cuenta Mario. "Esperábamos más gente", pero mucha gente no va a haber. Falta confianza. Son béticos, y hablan de 2 a 0. Si les coge un nuevo confinamiento, prefieren que les coja en Sevilla. El negocio familiar es poner aires acondicionados. Valeria, la nieta, que juega con la arena, remata: "Mientras gane el Betis...".

María Eugenia, Inmaculada y Jordi vienen de Los Palacios, a echar el día. Ellos no tienen segunda residencia. Querían premiar a los dos críos que juegan en la arena después de un confinamiento estricto. "Estaban deseando venir a la playa". Otros años han veraneado con algún alquiler. Este año, nada. No se sienten seguros. Trabajan en Sevilla y han aprovechado el festivo. "Yo creo que es la única vez que vamos a venir en todo el año, que ya playa nada hasta el año que viene, mi pensamiento es ese". Este jueves aprovechaban que no habría aún demasiada gente. No han conocido a nadie con coronavirus, pero cuentan que le tienen mucho respeto. "Yo creo que la gente no está concienciada como nosotros", dice Inmaculada. "Aquí se hace mucha vida social. Demasiado", remacha María Eugenia.

 

 

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