"Mi madre murió deshidratada en la residencia, si no llega a haber confinamiento seguiría viva"

Reyes Sánchez denuncia el trato recibido por su madre, Reyes Pérez, en el geriátrico Ferrusola de Sevilla

Reyes Pérez, en una imagen tomada unos meses antes de su fallecimiento.
Reyes Pérez, en una imagen tomada unos meses antes de su fallecimiento.

“Mi madre no necesitaba mucho, solo darle de comer y beber, pero me la han arrebatado, tengo una espina muy grande clavada”, dice Reyes Sánchez al otro lado del teléfono. Su madre, Reyes Pérez, falleció durante el confinamiento en la residencia Ferrusola de Sevilla, siendo así una de las 498 personas mayores que perdieron la vida durante marzo y abril en geriátricos andaluces, aunque en su caso no fue debido al coronavirus. “Sé que murió deshidratada”, expresa Reyes hija, quien estuvo diez años cuidando de su madre, enferma de Alzheimer.

El padre de Reyes falleció a mediados de 2019, momento en el que ella y sus hermanos se plantearon la posibilidad de que su madre ingresara en una residencia, ya que no podían darle los cuidados que necesitaba. La elegida fue Ferrusola, una residencia ubicada en Sevilla Este, a la que iban cada tarde para dar de comer, vestir o ayudar a su madre en lo que necesitara, hasta que llegó el confinamiento. “Durante las dos primeras semanas no dormía porque sabía que a mi madre le iba a pasar esto, si no llega a haber confinamiento mi madre está hoy viva”, asegura Reyes Sánchez. Ella, y toda la familia, sostiene que falleció deshidratada. Reyes Pérez, de 80 años, padecía de insuficiencia renal y necesitaba beber mucha agua.

“Durante el confinamiento llamaba todos los días y decía que le dieran agua, que necesitaba beber. Me decían que le daban, pero en la primera videollamada que hicimos le noté la boca seca y me preocupé. Me decían que era porque estaba nerviosa, pero en la siguiente estaba muy rara, y con los labios agrietados. Yo se lo detecto porque he estado diez años cuidándola”, relata Reyes. Su madre falleció el 8 de abril. Un día antes, la doctora la llamó para pedirle permiso y solicitar su traslado a un hospital. “Fue un shock, me dijo que tenía infección de orina. ¿Le dais agua suficiente?, pregunté, y contestaron que tenía puesto suero, pero desde el día anterior. Ese día lo pasé llorando de la impotencia”, expresa.

“El miércoles —8 de abril— me llamaron a las nueve de la mañana porque iban a pedir una ambulancia para mi madre porque estaba muy mala, pero poco después me volvieron a llamar diciendo que había empeorado y que no la llamaban”, relata Reyes, que se trasladó a la residencia —sin casos de coronavirus— para darle el último adiós. En la habitación de su madre, Reyes pasó las últimas horas de vida junto a ella. “Cuando entré y la vi tan pálida no me fui detrás de ella de milagro”, apunta. “Estaba pálida y con una legaña enorme en el ojo derecho. No sé cuánto hacía que no la lavaban. La abracé llorando y estuve 20 horas allí, desde que llegué hasta que se la llevaron los servicios funerarios”, señala.

El doctor que atendió a la madre de Reyes le comunicó que falleció debido a una infección de orina, pero ella está convencido de que se debió a la falta de agua. “Estuve muchos años yendo con ella a la nefróloga y la conocía muy bien”, expresa. De hecho, unos meses antes, en agosto del año pasado, estuvo ingresada unos días en el hospital. “El único tratamiento que tuvo fue el suero”, dice. “A pesar de su Alzheimer estaba estupenda, comía bien, bebía, y era una persona muy alegre”, recuerda, por eso le sorprende tanto su rápido empeoramiento en menos de un mes desde el inicio del confinamiento.

“Queremos que, al menos, se sepa la historia, ya que no hemos podido denunciar porque no tenemos su informe médico. El único que nos han dado dice que falleció a causa de una infección de orina, pero eso no se lo cree nadie”, sostiene Reyes. “Estuve esperando en la habitación con ella hasta que falleció, eso hay que pasarlo. Tengo una espina clavada. Esto no es justo. Allí no vino ni la directora de la residencia”, con la que ha contactado lavozdelsur.es para conocer su versión de los hechos, sin éxito, de momento.

Reyes asegura que un año antes del fallecimiento de su madre, otra residente murió “en las mismas condiciones”. “En su caso el informe médico fue severo: estaba deshidratada y desnutrida. Mi madre ha estado bien porque hemos estado allí todos los días”, dice. “Yo sé cómo ha muerto mi madre y de qué, solo había que verla”, añade, “no hay derecho a que la hayan tratado así cuando pagábamos casi 1.400 euros todos los meses”. “Necesito un poco de justicia ante tanta dejadez”, proclama Reyes.

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