Martín está "limpio": ya no tiene leucemia

Los padres de un pequeño de cinco años de Sevilla relatan cómo ha sido un proceso que ha durado dos años y que ha tenido un feliz diagnóstico en pleno confinamiento

Martín, con el cartel que le hizo su madre para celebrar su curación.
Martín, con el cartel que le hizo su madre para celebrar su curación.

“Médula limpia”, se puede leer, en letras de colores, en el cartel que sujeta el pequeño Martín, de cinco años, al que hace dos le diagnosticaron leucemia. Después de innumerables horas de hospital, sesiones de quimioterapia y tratamientos intravenosos, sus padres recibieron la mejor de las noticias hace unas semanas: está curado. “Está aprendiendo a leer y cuando leyó el cartel me preguntó: ¿Y por qué no pone entonces Martín campeón?”, cuenta su padre, Francisco José Santos, quien relata que su hijo, por fin, “ha vuelto a ser él”.

Martín siempre ha sido un niño muy activo. De los que ni siquiera duermen siesta y no paran en todo el día. Pero, cuando tenía apenas tres años, empezó a llegar muy cansado de clase. “Le empezamos a ver moretones en las piernas y en los brazos. Y tenía mala cara. Muchas ojeras”, cuenta su padre, que creía que era cuestión de genética. “La madre suele tener ojeras, y es que es clavado a la madre, por eso yo no le di importancia al principio”, dice. Pero lo llevaron al pediatra, que tras unos primeros análisis, no encontró nada anómalo. Fue en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, ciudad donde reside la familia, donde le dieron el diagnóstico.

“Esa misma tarde estábamos con él jugando en el parque y por la noche en la Unidad de Oncología”, recuerda Francisco, quien espera que la leucemia de su hijo sea pronto “un mal recuerdo”. Pero también ha supuesto una lección de vida. “Te recuerda qué es lo importante. Te da un bofetón de realidad”, señala. “Se te cae el mundo encima, no se puede explicar con palabras lo que se siente”, confiesa Francisco, quien es partidario de afrontar estas situaciones “paso a paso, a día a día”. Martín era muy pequeño cuando se le diagnosticó la leucemia, “y lo ha llevado bien”, dice su padre.

“El último aspirado de médula confirma que está bien, por lo que no podemos estar más contentos”, relata Francisco Santos, que aún así es cauto. “Es otro pasito más, porque durante toda la vida vamos a estar con miedo a que recaiga, pero no te vas a poner a pensar en eso todo el día”, agrega. Es lo que ha hecho durante los últimos dos años, cuando se ha acogido a una reducción de jornada para atender a su primogénito. Es trabajador de Tussam, la empresa pública de transporte urbano de Sevilla. “No me han puesto problemas. Yo tenía claro que tenia que estar con mi hijo y ya vería qué pasaba con el trabajo”, dice. La madre de Martín, Cristina, es agente de Policía Nacional, y lo tuvo más complicado para lograr la reducción de jornada.

Martín es un niño nervioso, pero introvertido. “Tiene que estar un rato con alguien para coger confianza, y no es porque los padres no seamos sociables, pero él es así”, dice Santos. Su estancia en el hospital le ha hecho madurar a pasos agigantados. “Cada día allí son seis meses en la calle”, señala su padre. El hospital ha sido su casa y su lugar de juegos, hasta el punto de que, cuando salió y lo llevaron al parque “estaba como fuera de lugar”. No estaba acostumbrado a tanta libertad.

Ahora, de vuelta en casa y con la “médula limpia”, Martín pasa las horas jugando con su hermana pequeña. “Menos mal que los dos son bastante caseros”, dice su padre. La menor, que ahora tiene tres años, “no se ha enterado prácticamente de la enfermedad”. El propio Martín ha sobrellevado un poco mejor la situación gracias a su corta edad. Sus padres se lo plantearon como un juego. “Si fuera más grande lo hubiera pasado peor”, asegura Francisco.

Cuando se le cayó el pelo por la quimioterapia, de hecho, le dijeron que le crecería uno nuevo más fuerte. Y lo aceptó con normalidad. Martín, su hermana, y sus padres Francisco y Cristina tenían pensado viajar en crucero este mes de junio, con su abuela paterna y sus tíos y primos. Pero tendrá que esperar. Es lo que más ganas tienen de hacer: reunirse toda la familia para celebrar la curación del pequeño, que esperan que sea cuanto antes.

El de Martín es uno de los 400 casos de leucemia infantil que se diagnostican cada año en España. Este tipo de dolencia supone el 30% de los casos de cáncer infantil. En las últimas cuatro décadas, la detección precoz y el avance de la medicina han permitido que la tasa de supervivencia de los menores de catorce años pase del 45% —del 55% entre menores de cinco años— al 80% actual, según datos del Registro Español de Tumores Infantiles (RETI-SEHOP).

Desde 2007, en España se trabaja en 42 proyectos de investigación del cáncer infantil, con un presupuesto de nueve millones de euros, según confirma Laura Ruiz de Galarreta, presidenta de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), pero el reto es mejorar esas cifras: “Somos una voz autorizada para demandar un apoyo de los ministerios, en una estrategia nacional que debería incluir el apoyo de los investigadores jóvenes y duplicar el presupuesto que actualmente es de 1.500 millones de euros al año 2030”.

Una investigación para reducir la radiación a pequeños con cáncer

El Hospital Universitario Virgen del Rocío ha iniciado una investigación para facilitar el diagnóstico y el seguimiento de los tumores en edad infantil a través de una analítica de sangre, lo que podría minimizar las dosis de radiación a las que se someten los pequeños, porque el seguimiento, normalmente, se realiza mediante pruebas de imagen.

Los profesionales de la Unidad de Oncohematología Pediátrica del hospital sevillano asisten cada año más de 2.750 consultas y 750 ingresos en la planta motivados por el cáncer infantil, atienden más de 600 sesiones de quimioterapia oncológica, 300 sesiones de tratamiento citostático hematológico, 185 biopsias o aspirados de médula y 150 terapias intratecales.

La Unidad de Oncología Pediátrica del Virgen del Rocío ha logrado el distintivo Centro contra el dolor, dirigido a las unidades y a los profesionales comprometidos en mejorar el abordaje del dolor que sienten los pacientes, en este caso, del Hospital Infantil. “El equipo médico es espectacular”, dice el padre de Martín. No es para menos.

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