El humorista Manu Sánchez ha vuelto a TVE para relatar en el programa Directo al grano el impacto que supuso para él conocer que padecía cáncer testicular con metástasis en los ganglios, un diagnóstico que recibió apenas 48 horas antes del nacimiento de su hija Leonor. El anuncio fue un "mazazo" y marcó el inicio de una etapa especialmente compleja tanto en el plano personal como en el sanitario.
El sevillano optó por mantener en secreto la enfermedad durante los primeros días, motivado por la llegada de su hija. "No era oportuno, no era mi momento. Era el momento de mi hija. Yo no quería la Casa de Bernalda Alba, con mi familia pensando que mi hija se iba a quedar huérfana. Quería evitar eso", explicó durante la entrevista.
💉Manu Sánchez (@_ManuSanchez_): "Yo tenía claro que tenía que ser en la sanidad pública, yo no estaría tranquilo ni siquiera clínicamente ante la duda de que las decisiones se estén tomando desde una gerencia de una empresa privada", afirma en #DirectoAlGrano17M sobre la… pic.twitter.com/6ef8wAOg1H
— directoalgrano.rtve (@algrano_rtve) March 17, 2026
Fiel a su estilo, el humorista ha afrontado la situación recurriendo al humor, aunque reconoce las dificultades inherentes a un diagnóstico de esta magnitud. "Una noticia así de gorda siempre viene mal", señaló. A partir de ese momento, su rutina diaria se transformó radicalmente, con intervenciones quirúrgicas, tratamientos de quimioterapia y momentos especialmente duros.
En ese proceso, Sánchez ha destacado la importancia de su actitud ante la enfermedad. "El humor son las gafas que no me puedo quitar", afirmó. No obstante, también ha reconocido que el camino ha implicado una necesaria aceptación de los cambios físicos y personales derivados del tratamiento. "Para que yo hable de mi cuerpo de esta manera he tenido que aceptar nuevas condiciones físicas. Me he dado cuenta de que el físico no nos define. Nos condiciona, por supuesto, pero no nos define", apuntó.
Las operaciones a vida o muerte
Uno de los episodios más críticos fue una operación de 16 horas, en la que los pronósticos iniciales no eran favorables. "Lo normal es que no salga bien", le advirtieron los médicos, planteando posibles secuelas graves como parálisis, necesidad de diálisis o la amputación de un brazo. Pese a ello, Sánchez recuerda especialmente la dimensión humana de aquel momento: "Reímos, lloramos y nos abrazamos el médico y yo".
Durante su intervención, el humorista también hizo una firme defensa de la sanidad pública, en particular la andaluza, a la que atribuye su confianza durante todo el proceso. "Yo tenía claro que tenía que ser en la sanidad pública, yo no estaría tranquilo ni siquiera clínicamente ante la duda de que las decisiones se estén tomando desde una gerencia de una empresa privada", sostuvo.
En esa línea, reforzó su postura con una reflexión dirigida a sus hijos, a quienes considera destinatarios de su mensaje tras haber afrontado una situación límite. "Les hablo a ellos, por si a papá no le da tiempo a explicarles qué opina de la sanidad pública y la privada [...] Yo no quiero que nadie decida mi tratamiento en función de si es rentable o no", afirmó, concluyendo que se trata de "una cuestión de honestidad" que ha querido expresar públicamente.



