Purificación Pérez García (Córdoba, 1933).
Purificación Pérez García (Córdoba, 1933).

“BOTAFUEGOS. MODULO 10 – 21-12-18 ¡¡HÓLA PURA!! …

“…DIÓS A MÍ PARÉCE QUE NÓ MÉ ESCÚCHA, TE PIDO POR FAVÓR QUE TÚ HÁBLES CON DIÓS Y QUE ÉL TE AYUDE Á AYUDAR A MÍ PADRE… [PORQUE TIENE CÁNCER DE ESTÓMAGO. PERO ÉL NÓ LO SABE…] YO SÉ QUE A TÍ DIÓS TE ESCUCHA…”

–Sigue leyendo, sigue leyendo…, mira; y esta otra carta también la conservo… 

“…Pero hoy me ha dado mucha pena, el verla llorar cuando el malagueño le estaba diciendo lo de la fe y porque la perdió […] Pues yo creo, después de hoy con más firmeza, que nunca que está claro que hay un buen Dios. Porque si hay personas tan buenas como usted, es porque Dios está ahí…” 

“…SIGUE REZANDO POR MÍ A TÚ DIOS, PORQUE YÓ CUANDO REZO, SOLO REZO Á PURA. Y ME AYUDA MUCHO…”

–Tengo muchas…, tengo muchas cartas, pero ya no las puedo leer. Ya no veo. A ti te veo borroso. Tengo una lupa y la ONCE me dio un método, pero hace mucho que no practico… ¡No vayas a decir los nombres, por favor! Sigue leyendo, esta no entendía la letra...

“…y ayer, Pura, que tomé droga y creía en el chabolo que me moría, y era las 3 de la mañana y digo; “ojalá esté Pura (pues sólo así me aferro a Dios) …” “Dormí tranquilo, pensando que ya no me pasaba nada y yo creo que no me morí de milagro. Porque tomé metadona y heroína y aparte dos porros y pastillas, y aparte estoy solo en la celda. Pues seguro que si usted a esa hora no estaba despierta, Dios me ayudó porque se lo pedí de parte de usted y hoy ha venido…” “…yo creo que usted hermana Pura para mí es mi madre, no biológica…” 

–Pero, ¿tú qué vas a escribir de mí? Tú habla de todos los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria. No hables sólo de mí. Me muero de vergüenza. Bueno, sigue leyendo. ¿Cuál es la carta que estás leyendo? ¡Ah, sí!…, ¿Qué pone? 

“…YO ESTABA REZÁNDOLE Á DIÓS. YÓ ESTABA PESANDO EN TI Y PENSANDO EN TI COMO SÍ TU FUERAS MÁ GRANDE QUE DIÓS, Y MÉ LLAMARON LOS FUCIONÁRIOS…” 

–Este es…; la madre sufrió mucho con ese niño. ¡Para!…, para, para de grabar. Esto no lo cuentes: ella quería un hijo… 

“PURA…LO MÁS IMPORTÁNTE DE ESTA CARTA ES DECÍRTE QUE TE ECHO DE MENOS PERO YÁ ME QUEDA POCO PARA VERTE Y DECIRTE QUE TE QUIERO MUCHÍSIMO. UN PEAZO DE BESO…”

Cuando el obispo vio a todos aquellos presos levantarse para ir hacia él a comulgar se retuvo. Aferrado a su patena, el hombre preguntó en voz alta si todos ellos habían confesado previamente. El silencio duró poco en aquel salón de actos de la cárcel de Puerto II (El Puerto de Santa María. Cádiz). Presente en el cenáculo, la “Hermana Puri” le respondió: “¿Y usted en la catedral, cuando celebra, pregunta si han confesado todos los que se levantan para recibir el cuerpo de Cristo?” Dicen que aquel sucesor de los apóstoles se quedó sin palabras y que a todos los pecadores asistentes al banquete se les rizó el pelo cuando escucharon la voz suave y humilde de Pura. Sólo la conciencia interpelada pudo escuchar en ese momento el relinchar de palabras como: juzgar, viga, paja ajena… 

Los ojos de Purificación Pérez García (Córdoba, 1933) se van cansando poco a poco pero su mente sigue lúcida con el paso del tiempo. Ella, la mayor de ocho hermanos, quería ser rejoneadora como su admirada, Conchita Cintrón Verrill. Quizá por eso un día decidió montarse en el caballo más terco que su padre tenía en el cortijo. Sin llegar todavía a los estribos, aquel mal bicho le avisó de sus intenciones: primero con cabeceos y finalmente galopando hasta la puerta más baja y estrecha de la cuadra, con la niña abrazada al cuello. –“Si no hubiese sido por un burro que se atravesó y paró al caballo, no lo cuento”. Con su blusa azul y lunares tan blancos como las dos bolitas de pendientes que lleva puestos, aquella niña hoy anciana ríe al tiempo que brilla fugazmente el crucifijo que luce en su pecho. 

Pura dice sonriendo que siempre se ha sentido “muy gitana”. Le gustan los colores, los lunares, y contar chistes. Por los conventos donde ha pasado esta Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, las superioras siempre le han pedido que amenizara las noches de verano con algunos de sus chistes, obediente y meticulosamente apuntados en una libreta como sólo sabría hacerlo una maestra de Lengua, Literatura, Sociales y Dibujo de la década de los setenta del siglo pasado. A ella le han bastado siete folios para plasmar de manera alegórica: “A bordo con Cristo”, sus ochenta años de amistad con el Hijo de Dios.

Todo empezó aquella tarde del 10 de febrero de 1950. Con 17 años y acompañada de su hermana Antoñita, salió de su casa rumbo al convento sin avisar a sus padres para evitar la emoción de la despedida. Atrás dejaba otros sentimientos: su pasión por el rejoneo; unas medias de cristal traídas desde Gibraltar y, también las naturales pretensiones de un joven guapo e insistente cuya nieta conocerá Pura con el paso de los años en Sevilla. Ligera de equipaje entró en la calleja a despedirse de Nicolasa, que se estaba muriendo, y corriendo por la calle Barroso arriba entró en la clausura. 

Jesús dirigiendo el timón, ilustración en 'El Mensajero'.

En octubre de 1958 la revista El Mensajero publicó una estampa de Jesucristo llevando la rueda de timón detrás de un chaval inexperto. La joven monja se hizo con una de ella y, tijera en mano, cambió el rostro de aquella alegoría ¡con su propia foto de carné! Ya tenía con qué ilustrar sus siete folios de vida consagrada al gobierno de un buque bien pertrechado para recibir a náufragos de toda condición. 

Premonición o no, lo cierto es que anexos al currículo de esta religiosa están plasmados ya incontables rostros transformados de quienes alguna vez escucharon, con voz firme: “Yo te quiero. Pero, quillo…, ¡hay alguien que te quiere más que yo! Esta noche en tu chabolo rézale; rézale que Él te escucha”.

“…TÉ PIDO Y TÉ DÓY LAS GRÁCIAS PÓR REZÁR POR MÍ. PORQUE ÉL DÍA QUE TE ESCRIBÍ, FUE EL DÍA QUE ME TRAJÉRON Á ESTE MODULO Y AHÓRA TENGO GANAS DE VIVÍR MUCHO MÁS QUE ANTES, ESTOY DEJANDO HASTA EL TABACO Y TODO ESTO FUE ESCRIBIÉNDOTE A TI UNA CARTA PIDIÉNDOTE QUE ME AYUDES A VIVÍR…”

Las mejores lenguas dicen de Purificación Pérez García que es toda una Institución en las cárceles de El Puerto de Santa María. Otras algo resecas retintinean –“aquí están los amigos de Pura…” Son los presos, los invisibles que viajan en las oscuras bodegas del barco donde ella ha descubierto, a pesar de sus ojos ya casi ciegos, que es allí donde el mismísimo patrón de la embarcación se acomoda para hacer el viaje de su vida. 

–¿Por qué estás triste, Pura?

– Estoy triste porque no me dejan ir a Puerto III. Dicen que soy muy mayor, que con esto del coronavirus que no puedo entrar en prisión. Mi deseo es no dejar de ir nunca, pero no puede ser…

–Pero entiendes que es por tu salud…

–¡Si a mí no me importa morirme! Ya me queda poco (sonríe). 

–¿Para qué sirve la cárcel?

–No lo sé. No lo sé, hijo... Para algunos sí, según sea el ambiente de familia que han tenido. Si han tenido una familia en condiciones, pues puede que sí haya servido. Pero ir al mismo sitio y al mismo ambiente y con el paro que hay… Los tendrían que reinsertar como hacía Alfonso en El Madrugador. Hizo el bien toda su vida. Yo me encuentro con el Señor en la cárcel. Voy, entro y salgo contenta siempre. Tengo claro que voy a hablarles de Jesús. ¡Pero no vayas a hablar sólo de mí! Habla de Concha Ruiz, de Federico Linares, mete a todos los voluntarios de la Pastoral… Habla de Alfonso Castro y…

El sacerdote jerezano, Alfonso Castro Pérez, fallecido en abril de 2020. Alfonso fue conocido como el padre de los curas obreros gaditanos. Rector del Seminario Diocesano de Cádiz, fundó el Centro Juvenil de Trille y el de Tartessos, donde organizó diversas empresas y cooperativas para ofrecer trabajo a los jóvenes en paro. Abrió varios pisos de acogida. En El Puerto de Santa María creó el Nuevo Madrugador, espacio privilegiado para la reinserción dotado de programas reglados de Formación Profesional Obrera como: carpintería, albañilería o cursos de jardinería, entre otros. Incluso enfermo, dicen que seguía pendiente de las actividades. Durante veinte años, Alfonso Castro ejerció su ministerio sacerdotal en la Prisión de Puerto II.

La religiosa con muchas de las cartas que recibe.

–Pura, habrá días que hayas ido sin ganas a la prisión, ¿no?

–Un día vas aburrida, desganada, con ganas de mandar a freír monos a todo el mundo, empezando por tu comunidad, vas así: triste, cansada…, y cuando sales, después de estar con ellos, que incluso te han contado penas, te das cuenta que sales optimista, contenta y con ganas de llevarte el mundo por delante. 

–¿Pura, has visto algún milagro en la cárcel?

–¿Milagros? milagros así…No. He visto a gente. Un día vino uno –¿Digo el nombre? 

–No, no lo digas.

–No, no digo el nombre. Estaba agobiado y le di unos caramelos. –“Quillo, ¿qué te pasa, hombre? Que no, que no…, coge los caramelos y los tira por la ventana. Bueno, se va. ¡Total!… Lo busqué a la semana siguiente. En Enfermería no estaba. Bajo al módulo uno y le digo: Fulano, ¿qué te pasa? ¡Quillo, esto no puede ser! Sois cinco o seis metidos aquí, lunes, martes, miércoles…sin salir. Se puso a llorar y llorar. Me siento a su lado, le cojo la mano. Vacío el bolso pero no tengo pañuelo y le digo: ¡anda límpiate con el bolso! Esto no puede ser, tú vas a salir pronto. Que Dios te quiere mucho. Habla esta noche con Él; dile que no crees en Él, que estás desesperado y que Pura dice que hable contigo. Que te vas a ir a Sevilla. A los quince días estaba arriba y voy con una trabajadora social a verle. Sale él y era otro, más gordo, arreglado, sonriente. Me coge las manos, me apretaba. Y cuando se va le voy a dar un beso. Me dice que le ha escrito a Alfonso y me enseña la carta. En ella decía que se había encontrado con Dios. Que había dejado los porros y que todos los días leía la Biblia. También decía que quería hacerse misionero. Estaba mal de la cabeza… Al final salió de prisión y no he vuelto a saber de él.

–Experiencias que marcan…

–No se puede ir a la cárcel por moda, por morbo, a ver qué pasa allí, ni porque me dan lástima. Es una llamada que se siente. Sí. Te vas metiendo en la vida de los que sufren y la tuya va cambiando. Hay que experimentarlo porque es que te encuentras con Dios hasta físicamente. (¿Qué hora es? ¡Ah, sí! ¿Tenemos tiempo, Pura? Sí, es que a las doce…) 

–¿Entonces?

–¡Hay que experimentarlo! Yo creo en la cárcel, igual que en la oración. Por supuesto que hay que rezar, y cada día me llena más rezar, pero en sólo rezar puede haber engaño: “LA REALIDAD”, que decía el Padre Chércoles: –“baja a la realidad porque Dios está allí”– Se refiere Pura al jesuita, nacido en Carmona (Sevilla) Adolfo Chércoles Medina quien con 31 años comenzó su sacerdocio viviendo con los gitanos. Un año más tarde se integró en la llamada “Misión Obrera” donde inició su vida profesional como albañil, actividad que mantuvo hasta su jubilación tras pasar algunos años en Paraguay y Argentina, intentando convivir con los guaraníes.

La Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Asidonia-Jerez, de la que forma parte Purificación Pérez García, apenas cuenta con medio centenar de voluntarios que dicen haber descubierto su misión en la vida: visitando y ayudando a los presos. La mayoría sobrepasa los sesenta años de edad. Hay jubilados, matrimonios, divorciados, divorciados y vueltos a casar, religiosas, sacerdotes, solteras… Todos buscan lograr la bienaventuranza de la que se habla en el Nuevo Testamento. Cuando las puertas de prisión se les cierra, ellos siguen trabajando. Así ocurrió durante el primer confinamiento por la CoVid-19. Entonces confeccionaron más de tres mil mascarillas que entregaron a internos y funcionarios de las tres cárceles existentes en el Puerto de Santa María. 

Purificación, Pura, la Hermana Puri, se encarga de recordar a todo el que quiera escucharla que a la cárcel se ha de ir con este mensaje: “Hay alguien que te quiere más que tu padre y que tu madre. Ese es Jesús”. Aquel que eligió a un burro, según cuentan las Escrituras, para entrar en Jerusalén y transformar la historia de la humanidad.

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