"Lo que más me enorgullece es que todo lo he conseguido por mérito propio"

La catedrática e investigadora isleña Marina Murillo, premio nacional al mejor expediente académico en Matemáticas y de todas las licenciaturas en 2010, es galardonada en los Premios de Investigación Matemática Vicent Caselles 2017

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A pesar de que Marina Murillo (San Fernando, 1987) roza la excelencia académica con un 10 de media en Secundaria y Bachillerato, un 9,8 en Selectividad y un 9,93 en la licenciatura de Matemáticas en la Universidad de Cádiz, sigue teniendo que demostrar que la inteligencia no está reñida con ser mujer o una apariencia esteriotipada. Cuando Marina recibió el premio nacional al mejor expediente académico en Matemáticas y de todas las licenciaturas en 2011, a su puerta llamaron todos los medios de comunicación. "No paré de recibir llamadas durante una semana: La SER, Buenafuente, Antena 3...". Y ahora vuelve a ser protagonista de titulares gracias a ser galardonada, junto a otros seis jóvenes matemáticos, en los Premios de Investigación Matemática Vicent Caselles, por su investigación Caos en modelos matemáticos que describen el tráfico. 

En 2011 La Razón publicó una escueta entrevista a la isleña en la que destacaban preguntas del tipo: "¿Cambiaría su intelecto por un cuerpo diez?", "¿Un 9,9 de media es compatible con un novio?" o "Se enamora, tiene hijos. ¿Lo deja todo y se queda en casa?". Seis años después, Marina señala que "si no fuera mujer, creo no me hubieran hecho esas preguntas. Esos tópicos siguen existiendo". Marina también batalla día a día contra el perfil de la catedrática de Matemáticas. "Ay, me ha sorprendido físicamente cómo eres", le comentan inocentemente en incontables ocasiones. Sin embargo, Marina resalta que "la mujer cada vez está tomando más presencia en las ciencias". Y que por otro lado, en esta sociedad repleta de amiguismos y enchufismos, nadie la ha apadrinado nunca: "Lo que más me enorgullece es que todo lo he conseguido por mérito propio".

"La mujer cada vez está tomando más presencia en las ciencias"
Esta joven catedrática e investigadora de 30 años de edad, se crio en el callejón Santo Entierro, en San Fernando; estudió Secundaria en el IES La Bahía; cursó Matemáticas en la UCA, en Puerto Real; y se doctoró en la Universidad Politécnica de Valencia. A día de hoy da gracias a aquellos profesores que la animaron a encarrilar sus estudios en las Ciencias Matemáticas. "Siempre se me dieron bien y de pequeña me gustaban, pero tuve ciertas dudas a la hora de entrar en la carrera. Mis profesores de Matemáticas siempre me recomendaron que me metiera en la carrera, y es que el problema de esta disciplina, en verdad, es que tengas un buen profesor, y yo en eso tuve mucha suerte", comparte y agrega: "Creo que es fundamental el profesor, sobre todo en la etapa del instituto". A sus padres, esta decisión, no les pilló por sorpresa. Sin embargo, su entorno más cercano la tomaban por loca: "Que cómo se me ocurría hacer Matemáticas, que no iba a poder sacarme la carrera, me decía la gente". Marina Murillo en una imagen de archivo.

Por ello, Marina entró un poco asustada a la licenciatura, "pensando que iba a suspender" y salió con 37 Matrículas de Honor y tres sobresalientes bajo el brazo. "Cuando entré en el primer cuatrimestre y vi que tenía todo matrículas, no me lo esperaba… Jamás pensé que pudiera evolucionar así en la carrera". Niega tener altas capacidades, pero admite que tampoco se ha sometido a un diagnóstico. "Yo tuve suerte con los profesores, me prepararon bastante bien", insiste. Y es que ahora que es profesora de su especialidad en la Universidad Jaume I, en Castellón, Marina intenta tratar a sus alumnos "como me gustaba que me trataran a mí cuando yo era alumna, e intento no repetir los fallos que tuvieron conmigo otros profesores". Rechaza el término 'empollona' por su carácter peyorativo y prefiere el concepto de 'buena estudiante': "Yo era de las que iba a clase, que participaba, que preguntaba cada cosa... Siempre atenta. Vamos, de las que me gusta a mí tener ahora de alumnas. Pagaría porque todas fueran así", ríe.

Si bien Marina hace especial hincapié en el importante papel que tienen los profesores de Matemática en Secundaria, confiesa que se ve incapaz de dar clases en la ESO. "Yo sería una infeliz, para mí los profesores de Secundaria son unos auténticos héroes", apunta después de dar varias charlas de divulgación científica para despertar el interés matemático entre los estudiantes de la ESO. Narra que cuando terminó su carrera, le dieron una beca de La Caixa —gracias a su expediente académico— y cursó un master en Investigación en la Politécnica de Valencia, donde más tarde se quedó para realizar el doctorado de Matemáticas. Una vez concluido, le dieron un contrato postdoctoral en un centro de investigación de Matemática aplicada, en Bilbao. Allí estuvo durante un año, hasta que cambió su plaza por la Universidad Jaume I, en Castellón, donde hoy se encuentra. "Lo hice por cariño a la comunidad valenciana y porque veo muy complicado volver a Cádiz".

Desde entonces, Marina combina enseñanza e investigación, dos profesiones que le permiten desarrollarse como persona, además de seguir cosechando premios, potenciar las Matemáticas en las nuevas generaciones y mantener contacto con otras universidades punteras en este área. "Mi idea es seguir estudiando y combinarlo con la docencia, seguir en la universidad... Cuando entras es difícil irte". Por último, destaca que de lo que se siente más orgullosa es que en todos los sitios en los que ha estado, "no me conocía nadie, no he ido apadrinada por nadie, los premios me lo han dado distintas instituciones, y fundaciones… Eso es de lo que más orgullosa me siento", concluye con una sonrisa a través del teléfono.

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