Los perros le daban verdadero pánico. Esa era la razón primordial por la que Nélida no le daba el gusto a sus tres hijos que desde pequeños querían tener uno en casa. Quién lo diría. Una de las amigas de su hijo mayor, voluntaria de No Me Abandones, conectó a la familia con la protectora y a partir de ahí conocieron la historia de Lito, un labrador de seis años. “Me conmovió tanto su historia que sin verlo siquiera quise que se viniera a vivir con nosotros”, cuenta la propia Nélida.

Lito llegó a la protectora en muy malas condiciones. Le fue diagnosticado filania y microfilania, tiene que medicarse. Debió estar en reposo dos meses porque las inyecciones le podían provocar una embolia. “La familia que le había adoptado anteriormente lo amarraba, y cuando realizábamos supervisiones el perro estaba asustado, pero hay que estar muy seguros para quitárselo y meterlo en una jaula”, cuenta la presidenta de la protectora No me abandones, Fátima González. Tampoco fue necesario, los propios adoptantes lo llevaron de vuelta.

El día que Lito llegó a su nuevo hogar “me conquistó”, asegura Nélida con una amplia sonrisa de oreja a oreja mientras la mascota no se separa de sus pies y recibe carantoñas. Ambas, la responsable de la protectora y la adoptante coinciden en que “normalmente es el perro el que elige la familia”. A la hora de que todos lleguen a casa él les espera en la ventana para darles la bienvenida. Asegura que su nobleza y extrema docilidad, ha aportado paz y tranquilidad al hogar, especialmente a ella, que trabaja fuera, llevaba una vida muy acelerada y reconoce que es algo maniática del orden y la limpieza. “Empecé con mucho cuidado, pero ya míralo se sube en el sofá…”. Es uno más.

El último miembro llegado recientemente a la casa, fue algo completamente inesperado. A través de Facebook conocieron y siguieron la historia de Lorenzo, perro de tamaño mediano, que no es de raza. En este caso fue el padre de familia el que decidió que se quedaba con ellos. Lorenzo, tiene 10 años y muchos achaques, ni siquiera puede subir las escaleras. “Anda regular de las patas traseras, toma muchos medicamentos”. Ahora tiene todos los cuidados que requiere. Los primeros días, Lito le tuvo un poco de “pelusilla”, por lo demás todo sobre ruedas. Eso sí, tienen claro que con la adopción de los dos, ya se plantan.

A Nélida no le avergüenza decir que no son una familia perfecta, pero el hecho de tener a Lito y a Lorenzo en casa le ha servido para darse cuenta de lo responsables que son sus hijos. “Pueden pelearse por tirar la basura, pero no por sacarlos a pasear, recoger las caquitas o hacerse cargo de cualquier cosa que tenga que ver con ellos”.

Ahora, son siete miembros en la familia, en lugar de cinco con todo lo que eso supone. “Vamos a tomarnos algo y nos los llevamos, si no es como dejar en casa a un hermano”, explica Alberto el hijo menor de Nélida. “El mayor, que tiene 21 años, llegó a insinuar que cuando se emancipara se llevaría con él a Lito y el padre le respondió que no se le ocurriera decir eso nunca más”, cuenta la matriarca de la familia, responsable de tres hijos y de las dos mascotas entre risas.

El lazo con No me abandones es muy estrecho. La protectora supervisa a las familias que adoptan para cerciorarse de que las condiciones de los perros son las adecuadas. Para ellos, el caso de Nélida es muy especial, dado su miedo. Les están muy agradecidos porque saben del terror que sentía que a ella le generaban los perros. Comprueba lo perfectamente integrados que se encuentran Lorenzo y Lito, dos de las más de 137.000 mascotas abandonadas al año, según estudio realizado por la Fundación Affinity. En las instalaciones de la protectora dan cobijo a 110 perros, pese a que tienen capacidad solo para 90. Unos 25 voluntarios destinan gran parte de su tiempo libre —unas doce horas semanales— a limpiar las jaulas, asearlos, pasearlos y jugar con ellos. Todo perfectamente coordinado, sin excepciones y sin vacaciones, si no sería imposible porque muchos de los animales están medicados o necesitan cuidados determinados y cualquier error puede tener consecuencias irreparables.

Fátima González, es consciente de que mantener a un perro supone “un dineral”, y a diario reciben una veintena de llamadas de personas con la intención de desprenderse de sus mascotas, tantas que no las pueden recibir a todas. “Tenemos la responsabilidad de los que ya viven allí”. La labor que realizan es encomiable, no reciben con ayudas ni subvenciones, todos los gastos son sufragados con los abonos de los socios y las donaciones. Afortunadamente, dice González, en el 2016 se han reactivado las adopciones.

Para la presidenta de No me abandones, familias como la de Nélida son una verdadera bendición. Conmovida, les reitera una y otra vez su agradecimiento y recuerda que, además de la adopción, existe la posibilidad de la acogida, que implica cuidar y dar techo a uno de los inquilinos de la protectora, mientras ésta corre con todos los gastos, y pide una casa para la perra de 14 años a la que cuidan, la más veterana: “Por favor, que no se muera en la protectora”.

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