Las maestras que 'levantaron' el colegio de Estella

Angélica Gutiérrez, Pilar Chamorro y Mari Ángeles Montemayor son tres de las docentes homenajeadas por el ayuntamiento de la ELA por la labor desarrollada durante más de 30 años

Pilar Chamorro, Angélica Gutiérrez y Mari Ángeles Montemayor, profesoras jubiladas de Estella, junto al centro escolar. FOTO: MANU GARCÍA
Pilar Chamorro, Angélica Gutiérrez y Mari Ángeles Montemayor, profesoras jubiladas de Estella, junto al centro escolar. FOTO: MANU GARCÍA

Pilar fue de las primeras en llegar. Cuando lo hizo, en 1971, el colegio público Pablo Picasso de Estella del Marqués apenas tenía cuatro clases, dos para niños, y dos para niñas, ya que en los estertores del franquismo todos los centros estaban segregadas por sexo. “Muchos vecinos vivían entonces en barracones y la primera clase también fue un barracón”, recuerda Pilar Chamorro, una docente jubilada en 2007, que desarrolló su carrera en la Entidad Local Autónoma jerezana.

Pilar nació en Zotes del Páramo, un pueblo de 450 habitantes de la provincia de León, de donde salió con once años para estudiar, primero el bachiller, y luego Magisterio. Con 18 años terminó la carrera y pronto empezó a dar clase, primero en Torrecera durante dos cursos, y luego en Estella del Marqués, de donde no se movió hasta su jubilación. Junto a Aurora, Angélica, Mari Ángeles, Carmina, Luis, José, Mari Ángeles y Rufi recibió un sentido homenaje de los vecinos de Estella, organizado por el Ayuntamiento, el pasado Día de Andalucía. Estos primeros nueve docentes de la ELA, que fue declarada como tal en 1971, recuerdan sus inicios en unas condiciones precarias y cuando estaba todo por hacer.

“Cuando llegué había 728 habitantes y 400 eran niños”, recuerda Angélica Gutiérrez, quien fuera directora del colegio público de Estella, al que llegó a mediados de los años 70 del siglo pasado. Angélica, natural de Santander, acabó Magisterio con apenas 17 años, por lo que tuvo que trabajar en un colegio privado hasta cumplir los 21 —la mayoría de edad por aquel entonces— para poder opositar y aspirar una plaza. Aprobó a la primera y la destinaron a Cádiz, luego a San Fernando —“tenía el mayor índice de mortalidad de España, cuando volvías de vacaciones podían faltar alumnos”— y posteriormente a Estella.

Angélica Gutiérrez, antigua directora del CEIP Pablo Picasso de Estella. FOTO: MANU GARCÍA

El primer contrato que firmó Angélica para impartir clase en la ELA, a instancias del Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda), le ofrecía vivienda en Estella a cambio de que impartiera clases de alfabetización a los colonos. “Acababa las clases a las cinco y luego de seis a ocho les daba Lengua”, recuerda. “Dábamos clases con el abrigo puesto de la humedad que hacía y con una bombilla y cuando llovía se iba la luz”. Después de estar yendo y viniendo desde Cádiz —en autobús empleaba hasta seis horas diarias entre ida y vuelta— durante unos años, se instaló en Estella. “Sentí un remanso de paz y una tranquilidad tal… que no echaba de menos Cádiz”, dice.

Cuando Angélica llegó al CEIP Pablo Picasso había cinco cursos, y algunas clases se impartían en distintas dependencias de la localidad. Unas en el actual hogar del pensionista, otras en un almacén… hasta que consiguieron que en unos terrenos colindantes se construyera un centro acorde a las necesidades de la Entidad Local. Hasta 15 días de huelga protagonizaron los profesores, con el apoyo de los padres y madres, para lograr el objetivo. Pero se encontraron con una desagradable sorpresa: “Cuando lo entregaron las escaleras no eran de mármol, como recogía el proyecto, no había lavabos…”, dice a modo de ejemplo. “El constructor puso lo que le dio la gana”, pero tras revisar los desperfectos, lograron que se repusiera todo.

Pilar Chamorro, durante la conversación con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

Angélica cuenta que su objetivo, cuando se hizo con la dirección del colegio, fue que los niños de Estella “vieran que existían otras cosas”, por eso organizaba viajes culturales todos los meses, a localidades de la provincia. “Veían otros ambientes y se relacionaban con otras personas”, expone orgullosa. “No teníamos horario”, dice, y recuerda excursiones a Málaga en las que salieron a las seis y media de la mañana y volvieron casi de madrugada. Además, había talleres de costura, dibujo, macramé o cerámica.

María de los Ángeles Montemayor es otra de las profesoras homenajeadas. O, mejor dicho, maestra, como ella misma se denomina. Mari Ángeles, maestra de Primaria, nació en Cáceres, vivió en Madrid y eligió la provincia de Cádiz para opositar y acceder al sistema educativo. “Me decían que había menos gente y era más fácil entrar”. Su carrera la empezó en un centro de Jerez, pasó por Majarromaque y se instaló en Estella hasta su merecido retiro. “Solo estuve tres de mis 35 años de vida laboral fuera de Estella”, cuenta.

Mari Ángeles Montemayor, al fondo, junto a Pilar y Angélica. FOTO: MANU GARCÍA

“Siempre estuve muy a gusto”, señala Montemayor, a quien la docencia le corre por las venas. “Mis padres eran maestros, aunque ejercieron antes de yo nacer, cuando estaban solteros. Es mi madre quien me lo transmitió, su espíritu de maestra lo inundaba todo, nos ayudaba con los deberes, se implicaba mucho”. relata. “He tenido una vida laboral en la que me he dedicado a lo que me gustado, algo que es muy difícil”, agrega. Mari Ángeles recuerda haber dado clase en la sala de profesores, porque había goteras en otras aulas. “Hubo que luchar para mejorar”, señala.

Pilar, Angélica y Mari Ángeles pusieron los cimientos educativos en una Entidad Local que no las olvida. “Estos docentes ya jubilados han estado muy presentes en la vida de muchísimas personas en Estella, todo el mundo los recuerda no sólo por su labor en el colegio sino por su implicación en muchos otros aspectos”, aseguró Ricardo Sánchez, alcalde de la ELA, durante el homenaje que se les brindó. “Nos parecía que era idóneo que coincidiera con los 40 años de democracia y los valores que promueve, como la educación, y los logros que hemos conseguido”, añadió.

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