Las auxiliares de Santa María del Mar, desesperadas: "Muchos jóvenes no nos hacen caso y nos insultan"

Dos empleadas contratadas por la Junta de Andalucía para controlar el aforo y que se respeten las medidas de seguridad en la playa gaditana relatan los sinsabores que sufren y piden más protección

Jóvenes juegan a la pelota mientras auxiliares de playa pasan a su lado en Santa María del Mar. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Jóvenes juegan a la pelota mientras auxiliares de playa pasan a su lado en Santa María del Mar. FOTO: JUAN CARLOS TORO

La playa de Santa María del Mar de Cádiz fue noticia hace unos días cuando, en plena Noche de San Juan, cerca de un millar de jóvenes se agolparon en ella para hacer botellón, con altavoces y sin guardar las debidas distancias de seguridad. A principios de junio hasta se cerró por completarse el aforo, establecido en 3.648 personas según el Plan de Contingencia de Playas elaborado por el Ayuntamiento de Cádiz, y ha estado a punto de volver a decretarse el cierre los fines de semana siguientes, aunque no ha hecho falta finalmente. Eso sí, su singularidad hace que sea de las más concurridas de la ciudad.

“A cada playa va un público, y no es lo mismo la mañana que la tarde”, explica a lavozdelsur.es una auxiliar de playa contratada por la Junta de Andalucía, que prefiere no dar su nombre. Ella, junto a sus compañeros destinados en la zona, llevan días sufriendo las impertinencias y faltas de respeto de algunos de los bañistas de Santa María del Mar. “Por las tardes viene otro público, gente mucho más joven y entonces empiezan los conflictos y los problemas”, relata. “Juegan a la pelota en grupo, algo que no se puede, no respetan la distancia de seguridad…”, agrega. La auxiliar cuenta que hasta algún balonazo se ha llevado alguna vez. “Nuestra labor es meramente informativa, pero no nos hacen caso, y encima nos increpan e insultan”.

La Policía Local ha tenido que levantar acta a varios jóvenes, semanas atrás, por intentar trepar por la muralla de la playa cuando se decretó su cierre, para así volver a entrar. Los problemas no son nuevos, por eso las auxiliares de playa piden ayuda para controlar a los incaicos. “Hay gente que obedece, pero otros muchos no”, se queja una de ellas. “Los jóvenes no guardan la distancia de seguridad, van en grupo, se ponen en la muralla y tienen su propia fiesta montada, con altavoces y todo, a veces hasta hacen botellón. Están como si la playa fuera suya”, relata.

Otra compañera, que tampoco revela su identidad, cuenta a lavozdelsur.es que “es bastante duro” trabajar en estas condiciones, “sobre todo por las tardes”. “Hay quien no tiene conciencia ni interés de aceptar las normas para evitar rebrotes. Es frustrante”, dice. La auxiliar de playa incluso añade que “hay quien insinúa que tu trabajo no sirve para nada, pero no es así. Te estoy diciendo qué se debe hacer por tu bien y el de los que te rodean”. La empleada pide más ayuda por parte de las instituciones, de los cuerpos de seguridad y de la ciudadanía. “Es desesperante la situación porque no tenemos ningún tipo de amparo. Nos sentimos desprotegidas”.

La auxiliar asegura que tienen que lidiar con “gente que no atiende a razones, que no tiene educación y que te falta al respeto”, por lo que teme que si con el paso de las semanas la situación se recrudece lleguen incluso a sufrir una agresión. “Ya nos han dado pelotazos en la orilla”, recuerda. “Hay que saber tratar con la gente, y nosotras somos amables e informamos bien, pero estamos desprotegidas”, recalca. “Hay a quien parece que todo lo que hemos sufrido con el coronavirus no les ha supuesto mucho”, dice.

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