La venta solidaria que ha sufrido tres robos en menos de un año

Quique, abriendo el cajón inteligente destrozado por los ladrones. FOTO: MANU GARCÍA
Quique, abriendo el cajón inteligente destrozado por los ladrones. FOTO: MANU GARCÍA

Muchas noches, sobre todo la que va del jueves al viernes, Enrique Ortega, Quique para sus conocidos, no puede dejar de mirar el móvil. En él consulta, a través de una aplicación, las imágenes que están captando las cámaras instaladas en su negocio, la Venta Andrés, situada junto a la salida 17 de la autovía Jerez-Los Barrios, a escasos once kilómetros de Medina Sidonia. Quique tiene motivos de sobra para hacerlo: en apenas un mes le han robado dos veces, tres en menos de un año.

Quique no gana para disgustos. El último robo, el pasado 10 de septiembre, no le supuso una gran pérdida, ya que la alarma saltó al instante y el sistema de gas instalado ahuyentó a los ladrones. El anterior, un mes antes, le supuso un daño irreparable: los rateros se cebaron con el cajón inteligente que compró para prevenir robos, que quedó destrozado. “Las dos últimas veces apenas se llevaron nada, pero tuvimos que reponer el hueco de la ventana por donde entraron, que han tenido que tapiar.

“La Policía se ha llevado imágenes, pero estaban tapados enteros y huellas no había, las están cotejando para pillarlos”, cuenta Quique Ortega, quien espera que más pronto que tarde se arreste a los responsables de los robos. El anterior a estos dos consecutivos, en diciembre de 2019, se saldó con dos máquinas tragaperras y dos máquinas de tabaco desalojadas del local y reventadas en sus inmediaciones para extraer el dinero.

Quique Ortega, dueño de la Venta Andrés, atendiendo a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

“Ahora estoy muchas noches sin dormir, sobre todo las noches de los jueves, porque siempre han robado del jueves al viernes”, cuenta Quique. “Ese día estoy inquieto, mirando las imágenes todo el rato. La alarma está puesta, pero ya no me fío”. “No se llevan comida, solo dinero”, señala. “La última vez me llamaron de la empresa de seguridad a las tres menos veinte y entré para poner la campana y abrir ventanas para que se fuera el gas, no se podía estar. Eso evitó que se llevaran nada”, reseña.

La Venta Andrés, víctima de robos continuados en el último año, se solidarizó con los numerosos camioneros que pasan y paran ven ella tras el levantamiento de las restricciones después del confinamiento. Durante la primera semana estuvo invitando a desayunar a transportistas, como forma de recompensar su esfuerzo durante la alarma. “Durante la pandemia venía a veces a darle una vuelta al negocio y los veía desayunando en el aparcamiento”, cuenta Quique. “No han parado de trabajar y hablaba con ellos, porque a muchos los conocía, son clientes asiduos”, reseña. “Parece que ahora vienen más”, confiesa, en respuesta a su buena acción.

Quique Ortega lleva 17 años al frente de la Venta Andrés, que adquirió junto a su hermano Humberto, que hace unos cuantos años dejó su parte del negocio. “La hemos ido reformando poco a poco, porque el edificio era muy antiguo”, cuenta. Los desayunos son su punto fuerte, aunque ahora también tienen un amplio salón para servir almuerzos e incluyeron una gran cantidad de tapas y hasta una tienda con productos típicos de la provincia. “Esto era un caramelo, un negocio que estaba hecho, porque tenía su clientela”, dice Quique. “Aquí paran cazadores, ciclistas, moteros, camioneros, autobuses que van de paso… está en un sitio estratégico”.

El catastro de Jerez —la venta está en su término municipal— recoge la existencia de un edificio justo donde se encuentra el negocio hace unos 200 años. La venta como tal existe desde hace más de 70 años, dice Quique, quien vio claro que debía hacerse con las riendas cuando el anterior propietario decidió vender. “Vi la oportunidad con mi hermano y no nos lo pensamos”, señala. Él lleva toda su vida dedicado a la hostelería. Con catorce años ya salía del colegio y se iba a la peña que regentaba su tío a echar una mano. Ahora tiene 46 y no ha dejado un sector que le apasiona. “Cuando terminé EGB mi padre me montó un bar”, rememora. “Era albañil y lo reformó y yo trabajaba con mi madre”. El bar La Espiga de Medina fue su primer negocio, luego montó el bar Quique y posteriormente desembarcó en la venta, donde confiesa que “no va mal” en esta nueva normalidad. Siempre que los ladrones lo respeten.

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