Rosa Moneo y su marido Paco González, junto a toda su familia, una vez visto el fotomural. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
Rosa Moneo y su marido Paco González, junto a toda su familia, una vez visto el fotomural. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Rosa quiere salir de casa, ya sea para ir a por el pan o para tirar la basura. Pero su hija Rosi, la menor, no la deja. No puede. No debe, y es que no sabe lo que le espera. Son las nueve de la manaña. Hace una media hora que su nieto Pablo se despertó y se tomó el Colacao para marcharse a sus clases de Interpretación. Rosa se levantó con él, preparó el desayuno de su marido Paco, que duerme hasta las diez, y arrancó a hacer las faenas de la casa, a la espera de que sus hijas Carmen y Rosi aparezcan por la casapuerta. A la misma hora, a unos 20 pasos del número 1 de La Plazuela, donde reside Rosa desde hace más de 40 años, un equipo de El Hormiguero empapela un fotomural del retrato de esta veterana vecina de 79 años en la fachada de la parroquia de Madre de Dios.

Entre la calle Puerta del Sol y Ronda de San Telmo, muchos son los viandantes que se detienen, ante el precintado del programa de Antena 3, y preguntan qué es lo que se cuece. "Sorpresa", es lo máximo que llega a pronunciar Jordi Moltó, guionista y director de un gran número de vídeos virales emitidos en el talk show presentado por Pablo Motos. Con él, dos realizadores, Juan G. Rodríguez y José Manuel Núñez, dos atrezzistas, Toño Corral y Cosmín Sirvú, un productor, Raúl Pereira, y el fotoperiodista jerezano, y responsable gráfico de lavozdelsur.es, Juan Carlos Toro —pieza clave en toda esta historia—. Mientras el equipo, con la ayuda de dos grandes grúas, empieza a colocar el retrato de 12 metros de altura de Rosa, por la misma cuesta de San Telmo llegan sus hijas. Al ver la que hay montada, se llevan las manos a la cara y niegan, incrédulas.

Dos semanas antes, cuando Toro, artífice de numerosos murales desplegados por diferentes ciudades de España (Jerez, Córdoba y Madrid), puso al corriente a la familia de lo que iba a pasar, no se lo creyeron. "¿Por qué a mi madre?", se preguntaron sus hijos, al tiempo en que a sus diez nietos se le iluminaron los ojos. "Ella se merece esto, y más", murmuró uno de ellos. Todos pensaron que a Rosa no le hacía falta un homenaje televisivo porque ya tiene el cariño diario de su familia. Pero la idea de que ella se despidiese del barrio en que creció con tal sorpresa, arropada por sus seres queridos, hizo que todos se involucraran de lleno para que Rosa jamás olvidase el 5 de abril de 2018.

Rosa Moneo posando frente al fotomural de Juan Carlos Toro. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Rosa Moneo Vargas nació a las puertas del fin de la Guerra Civil, el 3 de febrero de 1939, en la calle Álamos, en el barrio San Miguel. Es la cuarta de seis hermanos (los tres primeros ya fallecidos) y al ser mujer cuenta que no tuvo derecho a ir al colegio, como sí lo tuvieron sus hermanos varones. Con 10 años ya guisaba, lavaba e hizo de segunda madre para el resto de su familia.

Conoció a su marido Paco en la posguerra, con tan solo 14 años. Y ambos se casaron una década después. Tuvieron cinco hijos, Paco, Luisa, Carmen y Rosa, y un segundo antes que Luisa, que nació muerto. Y durante toda su vida se ha dedicado a la casa, a los suyos. “Muchas guayaberas que le planché a mi hermano José”, incide mientras rememora viejos tiempos. Si bien se volcó en las tareas de la casa, confiesa que si hubiese podido aprender a leer y a escribir, le hubiese encantado dedicarse a la medicina. “Ese era mi delirio”, se sinceró en un documental que le realizó su primera nieta.

Hace cuestión de dos años, Rosa sufrió una profunda depresión. Los nervios la carcomían. Pero con mucho mimo de su familia, pudo salir adelante. Todos los veranos sacaba las sillitas al portal de su casa, en mitad de La Plazuela, para pasar las noches junto a las vecinas, a la fresquita. Hasta que en abril de 2017 a su marido le diagnosticaron una insuficiencia respiratoria grave. Desde entonces, Paco está conectado a una máquina de oxígeno las 24 horas, lo que supuso que Rosa se quedase a su vera, cuidando de él y sin salir apenas de su casa. Eso sí, la familia se lió la manta a la cabeza y entre todos hacen turnos para que ambos no pasen solos ningún día ni ninguna noche.

Rosa Moneo y su marido Paco González, junto a toda su familia, una vez visto el fotomural. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Tras estas últimas Navidades, el derrumbe del techo de la casapuerta, junto con las humedades y los continuos cortes de luz en su deteriorada casa de vecinos, provocó que este matrimonio se viera obligado a abandonar su casa, tras más de 40 años de vivencias. Y por suerte o por desgracia, Rosa y Paco terminaron la mudanza en la tarde del día en que El Hormiguero la sorprendió.

"Os doy las gracias porque me voy, pero me voy a gusto. Esto yo no lo puedo yo olvidar en la vida, mientras viva"

En cuanto el equipo del programa da vía libre para que la vecina pueda salir, su nieta le pide que vaya a por el pan. Ella, que estaba deseosa de que le diera el sol, se apresura hacia la casapuerta y arranca su paseo. Cuando consigue alzar la mirada y se topa con un espejo de 12 metros, se lleva las manos a la cabeza. "Por favor... ¡qué barbaridad!", susurra.

Lo que tampoco se esperaba Rosa es que su familia y amigos estuviesen escondidos, esperando la señal del equipo, para salir a comérsela a besos y a aplausos. Esta vecina de 79 años no pudo reprimir sus lágrimas, y es que, aunque no entendía por qué tanto alboroto, sintió cómo sus seres queridos la homenajeaban por abrir siempre su puerta a los demás, por tantos años de altruismo y generosidad.... "¡La más guapa de La Plazuela!", vocifera un nieto. "Os doy las gracias porque me voy, pero me voy a gusto. Esto yo no lo puedo yo olvidar en la vida, mientras viva", concluye Rosa en el vídeo, dando las gracias por acordarse de ella.

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