La felicidad para Nando y Fran era volver a usar sus patines

Cristina, madre de dos niños de siete y nueve años, relata cómo fue la vuelta a la calle tras 40 días de confinamiento. "Al principio no querían salir por miedo a ponerse malitos"

Una madre vigila a sus hijos durante un paseo. FOTO: CANDELA NÚÑEZ
Una madre vigila a sus hijos durante un paseo. FOTO: CANDELA NÚÑEZ

Nando y Fran “no son niños nerviosos”, cuenta su madre, Cristina, aunque echan de menos salir a la calle, sobre todo para jugar al pádel. Este domingo lo hicieron después de 40 días de confinamiento, con sus patines, aunque con mucha cautela. “Al principio estaban reacios, no querían salir por miedo a ponerse malitos, decían”, cuenta ella. “No sabían qué tocar, si el ascensor, la puerta…”. Pero salieron y disfrutaron de un paseo de 20 minutos que les supo a gloria.

La falta de costumbre hizo mella en los pequeños, de siete y nueve años, que acabaron muy cansados tras jugar con sus patines durante unos minutos, cerca de su casa, por el complejo deportivo Chapín de Jerez. “Intentamos darle la vuelta entera pero fue imposible”, dice Cristina entre risas. Este lunes han aguantado una hora completa, el tiempo máximo permitido diariamente por el Gobierno para que los menores de catorce años paseen, como primera medida de flexibilización del confinamiento impuesto por el coronavirus.

Cada mañana, Nando y Fran se levantan y hacen las tareas escolares que les hayan asignado. “Intentamos que tengan el mismo horario que cuando iban al colegio, para no descontrolarlos”, dice Cristina, que los ayuda con los deberes. “Ellos lo llevan bien, yo no tanto”, señala entre risas. Cuando llega la tarde, los hermanos juegan a lo que les echen. En su terraza practican pádel, su deporte favorito —el padre es entrenador—, y también han resucitado una pequeña canasta que les regalaron hace años y que estaba criando polvo en una caja. “No lo habían tocado y ahora juegan partidos de baloncesto todos los días”, apostilla la madre.

Nando y Fran, patinando por el entorno de Chapín. FOTO: CANDELA NÚÑEZ

Aunque los hermanos “no tenían muchas ganas de calle”, agradecen las salidas al aire libre, siempre ataviados con mascarilla y, por supuesto, sus patines. Hoy han cambiado la ruta, y han paseado por la Avenida Álvaro Domecq, por donde apenas se han encontrado a dos familias, dice Cristina, quien ve a sus hijos más unidos que nunca, como parte positiva del confinamiento. “Ahora mismo están los dos tirados en el sofá viendo la tele, uno se ha lastimado la mano y el otro le está haciendo un masaje, eso no lo he visto nunca, están más cariñosos”, relata cuando atiende por teléfono a lavozdelsur.es.

Cuando se anunció que se permitía la salida de los niños y niñas a la calle, Cristina confiesa que tuvo miedo de que la medida sirviera para retroceder en la lucha contra el virus, pero ahora la ve necesaria. Sus hijos, entre el pádel, el baloncesto, los juegos de mesa —el de la oca es su favorito— y el Tik Tok —“se mandan vídeos con las primas”— pasan las horas. Nando y Fran, durante estas semanas, “han aprendido a jugar juntos y a compartir”, relata su madre. “Juegan mucho juntos, cosa que antes no, así que gusta por eso”, añade Cristina, quien cuenta que lo que más echan de menos los pequeños es a sus amigos y el colegio, “sobre todo el pequeño”.

Cristina trabaja en una clínica sanitaria y en estos momentos está incluida en un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), por lo que tiene todo el día para dedicarle a sus hijos. Su marido, empleado municipal y profesor de pádel por las tardes, está teletrabajando y acude a su puesto de trabajo algunos días. “Esto nos va a venir bien”, comenta Cristina, “a mí me ha servido para descansar un poco del trabajo y ahora estoy cocinando más que nunca”. El horno no para de dar salida a empanadas. “Me estoy hartando de hacer pan”, dice. Es otra de las cosas positivas del confinamiento.

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